Ponencia académica
Gabriel Núñez Palencia, 2014
Resumen
La presente ponencia analiza el cuento El Chueco de Gabriel Núñez Palencia desde una perspectiva sociocrítica, simbólica y lingüística, proponiendo que la figura del perro callejero opera como una alegoría radical de la condición humana marginal en el contexto urbano contemporáneo. A través del uso del léxico popular, la animalización del sujeto y la configuración de una ciudad devoradora de vidas, el texto construye una poética de la deshumanización que denuncia la violencia estructural del capitalismo periférico. El marco teórico articula aportes de la biopolítica, la sociología del margen y los estudios sobre lenguaje y poder, con el fin de demostrar que El Chueco no solo narra una historia de miseria, sino que formula una ética negativa que interpela críticamente al lector.
Palabras clave: marginalidad, animalización, lenguaje popular, deshumanización, narrativa urbana.
Introducción
La literatura latinoamericana contemporánea ha recurrido de forma insistente a las figuras del margen —el mendigo, la prostituta, el delincuente, el animal— como dispositivos narrativos para pensar las fracturas sociales de la modernidad tardía. En este contexto, el cuento El Chueco de Gabriel Núñez Palencia se inscribe en una tradición crítica que utiliza la animalización no como degradación estética, sino como estrategia de revelación ética.
El protagonista del relato es un perro viejo, torcido y callejero que narra su propia historia y, al hacerlo, expone una genealogía de abandono, violencia y precariedad compartida con los humanos del lumpen urbano. La voz del perro —oral, vulgar, reflexiva— rompe con la frontera antropocéntrica y propone una lectura donde lo humano y lo perruno se confunden hasta volverse indistinguibles.
El objetivo de esta ponencia es analizar cómo El Chueco construye una alegoría de la vida marginal mediante tres ejes fundamentales: la animalización del sujeto, la representación de la ciudad como espacio biopolítico de exclusión y el uso del léxico popular como forma de resistencia simbólica.
Marco teórico
El análisis se sustenta en tres núcleos teóricos complementarios:
1. Biopolítica y vida desnuda
Giorgio Agamben (2006) propone el concepto de vida desnuda para referirse a aquellas existencias reducidas a su dimensión biológica, despojadas de derechos y valor político. En El Chueco, tanto el perro como los humanos marginales encarnan esta condición: cuerpos que sobreviven fuera del pacto social, expuestos a la violencia y al olvido.
2. Sociología del margen y exclusión estructural
Desde la sociología crítica, Loïc Wacquant (2001) analiza el surgimiento de territorios de relegación urbana donde se concentran pobreza, violencia y estigmatización. La avenida José López Portillo funciona en el cuento como un espacio simbólico de esta relegación, una “urbe traga vidas” que produce sujetos descartables.
3. Lenguaje, poder y violencia simbólica
Pierre Bourdieu (1991) concibe el lenguaje como un campo de poder donde se reproducen jerarquías sociales. El uso del léxico popular y vulgar en El Chueco subvierte el discurso dominante y otorga centralidad a una voz históricamente excluida del canon literario.
Desarrollo
I. El cuerpo torcido como metáfora social
El relato se abre con una descripción física que es ya una tesis simbólica:
“El Chueco es un perro descuadrado: la mitad del rostro parriba y la otra mitad pabajo” (Núñez Palencia, 2014).
El cuerpo torcido del perro representa una existencia fracturada, producto de una vida de abandono y violencia. Esta corporalidad deformada no es individual, sino colectiva: es el reflejo de una sociedad igualmente descuadrada, donde el orden social produce sujetos rotos.
La vejez prematura del Chueco —“ya muy, pero exageradamente jodido”— refuerza la idea de desgaste estructural. La vida, como afirma el narrador, “le había dado con tubo”, imagen que remite a la violencia sistemática ejercida sobre los cuerpos marginales.
II. Genealogía de la miseria: herencia y abandono
La historia familiar del Chueco reproduce un ciclo de precariedad heredada. La madre, “corrientita, pero jaladora”, encarna la figura de la sobreviviente forzada, mientras que las crías se dispersan en distintos destinos igualmente marginales. La reproducción biológica no garantiza continuidad humana, sino repetición de la exclusión.
La ciudad aparece como un espacio sin redención, donde los sujetos “se desbalagan” y desaparecen en el anonimato. Esta lógica coincide con lo que Wacquant denomina “marginalidad avanzada”: una exclusión que ya no es transitoria, sino estructural.
III. Animalización e inversión ética
Uno de los núcleos filosóficos del cuento se articula en la afirmación:
“¡Aquí lo humano se confunde con lo perruno!” (Núñez Palencia, 2014).
La animalización no degrada al perro; por el contrario, desnuda la brutalidad de lo humano. Los hombres aparecen como seres más crueles, más desalmados, más irracionales que el animal. El perro, en cambio, conserva memoria, lealtad y capacidad reflexiva.
La convivencia con el pordiosero refuerza esta inversión ética: ambos son “perros” sociales, cuerpos excluidos que comparten calor, juego y miseria. La frontera entre especies se disuelve, dejando al descubierto la arbitrariedad del orden social.
IV. Lenguaje popular como poética de resistencia
El uso del léxico popular —“ojete”, “jodido”, “perra vida”— no responde a un realismo ingenuo, sino a una decisión estética consciente. El lenguaje raspa, incomoda y violenta al lector, obligándolo a confrontar una realidad que suele ser edulcorada o invisibilizada.
Este registro oral-popular cumple una función política: devuelve la palabra a quienes han sido expulsados del discurso legítimo. Como señala Bourdieu (1991), hablar desde el margen es también disputar el poder simbólico.
V. Crítica política y memoria histórica
La mención explícita del expresidente José López Portillo introduce una dimensión histórica que vincula la miseria individual con decisiones políticas estructurales:
“un presidente muy ojete… que como perro, según, iba a resguardar el peso” (Núñez Palencia, 2014).
La avenida que lleva su nombre se convierte en símbolo del fracaso del proyecto modernizador y de la promesa rota del progreso. La miseria no es un accidente: es consecuencia.
Conclusiones
El Chueco es un texto profundamente político que utiliza la animalización, el lenguaje popular y la marginalidad urbana para construir una crítica radical a la deshumanización contemporánea. El perro descuadrado no es una excepción, sino la regla de un sistema que produce vidas torcidas, perras, desechables.
La ponencia sostiene que la potencia del cuento reside en su capacidad para incomodar, para negar cualquier consuelo estético y para obligar al lector a reconocerse en el espejo deformante del Chueco. Allí donde la sociedad ha perdido humanidad, el perro la recuerda.
Bibliografía
Agamben, G. (2006). Lo abierto: El hombre y el animal. Adriana Hidalgo.
Bourdieu, P. (1991). Language and symbolic power. Harvard University Press.
Foucault, M. (1976). Historia de la sexualidad I. Siglo XXI.
Wacquant, L. (2001). Las cárceles de la miseria. Manantial.
Núñez Palencia, G. (2014). El Chueco. Texto literario.
Anexo I. Preguntas para mesa de debate
- ¿La animalización en El Chueco humaniza o deshumaniza al personaje?
- ¿Puede leerse el cuento como una forma de literatura biopolítica?
- ¿Qué papel juega el lenguaje vulgar en la construcción de la ética del texto?
- ¿Hasta qué punto la miseria es presentada como destino o como producto social?
- ¿Quién es más “animal” en el cuento: el perro o la sociedad?
Anexo II. Léxico popular y función literaria
- Perra vida: metáfora existencial de la vida sin dignidad.
- Ojete: juicio moral que condensa desprecio y denuncia.
- Jodido: condición estructural, no solo económica.
- Carnalito: gesto afectivo que rompe jerarquías.
- Traga vidas: imagen poética de la ciudad como ente biopolítico.
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