Desde aquí, miro montañas,
valles y mares,
desiertos líquidos de tu falda roja, tu ombligo.
Planeo el aterrizaje, el reposado beso. El arribo de mis manos libres. De mis dientes que muerden
flores rojas, labios de tu boca.
Desde aquí, te miro agitando ríos y mares que me bañen y refresquen turbios.
Y aterrizo, y bajo a un Edén
cálido y frío,
de vida y muerte, de alturas que cavan tumbas.
Gabriel Núñez Palencia
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