jueves, 4 de diciembre de 2025

La sombra de la memoria y el cuerpo del rumor: lectura literaria de La otra Beatriz de Gabriel Núñez Palencia



Palabras clave: Beatriz, violencia simbólica, rumor, memoria masculina, dispositivo narrativo.


Introducción: la mujer como fantasma y los hombres como eco

La otra Beatriz, de Gabriel Núñez Palencia, se inscribe en una tradición narrativa donde la figura femenina opera como ausencia, sombra, mito y detonante de una crisis moral masculina. En este breve relato —escrito con economía verbal, tensión dramática y un marcado tono dialogado— la mujer funciona como un espejo oscuro que revela la fragilidad ética de los personajes y de la sociedad que los rodea. Como afirma Barthes (1982), “el texto es un tejido de citas” (p. 39), y en este cuento las voces cruzadas, las interrupciones y los juicios apresurados forman un tapiz donde la verdad nunca aparece desnuda, sino envuelta en rumor y deseo.

Núñez Palencia construye una escena de cantina donde los hombres reconstruyen —o inventan— la historia de Beatriz y su presunto asesinato. La ambigüedad deliberada del relato plantea preguntas esenciales sobre la violencia, la mirada masculina y la fragilidad del testimonio. Lo notable es que Beatriz no es un recuerdo: permanece viva, contradiciendo a los mismos narradores y desestabilizando toda certeza.


I. La estructura dialogada como dispositivo de sospecha

El relato se construye casi íntegramente a partir de diálogos, un gesto que recuerda la estructura polifónica de Bajtín (1986), donde la verdad emerge —o se erosiona— a partir del choque de voces. Cada intervención masculina es imprecisa, contradictoria, especulativa:

Porque lo dice la gente” —afirma Buenrostro, legitimando el rumor como prueba.

Núñez Palencia utiliza la conversación de bar como espacio liminal donde los personajes proyectan sus prejuicios. La falta de narrador omnisciente incrementa la tensión, pues el lector queda a merced de habladurías, confesiones a medias y acusaciones sin fundamento. La frase Eso tampoco es evidencia subraya la fragilidad de todo el discurso, casi como un leitmotiv que intenta, sin éxito, detener la marea de calumnias.

La atmósfera recuerda los cuentos de Rulfo, en especial El llano en llamas, donde las voces masculinas narran desgracias con crudeza, intentando justificar lo injustificable.


II. Beatriz: objeto del deseo, objeto del juicio

Beatriz aparece primero como ausencia, luego como víctima, y finalmente como cuerpo deseado. Los hombres hablan de ella sin saber nada realmente:

Beatriz era una fruta por todos degustada”.

Este enunciado es un acto de violencia simbólica, una cosificación explícita que reproduce lo que Bourdieu (1999) denomina “dominación masculina naturalizada en el lenguaje” (p. 47).

Beatriz no es escuchada; solo es interpretada. Lo que dijo, lo que sintió o temió se filtra a través de voces que nunca verifican, nunca preguntan, nunca dudan de sí mismas. El relato plantea un problema ético: ¿cuántas veces un cuerpo femenino es convertido en relato ajeno, incluso en su propia presencia?


III. Librado: el culpable perfecto

La figura de Librado encarna la construcción social del “culpable”. Los personajes lo acusan por rumores, por su carácter, por ser “lunático”. Arciniega intenta oponer racionalidad al linchamiento simbólico:

Mira, tú todo lo supones… así no opera la justicia ni la vida”.

Sin embargo, la conversación misma desmiente esa afirmación: opera precisamente por suposiciones. La tortura mencionada —“se declaró culpable por la tortura”— revela la violencia institucional que atraviesa la historia. El cuento señala, sin mostrar directamente, un aparato estatal corrupto, violento y profundamente machista.

El crimen de Beatriz funciona más como excusa para exhibir la podredumbre moral de los personajes que como misterio policial.


IV. La irrupción final: Beatriz como espectro que niega la muerte

La aparición final de Beatriz, viva, serena y carnal, irrumpe como un giro fantástico que anula toda certeza narrativa. No es un fantasma: es el testimonio de que todos los hombres estaban equivocados.

Beatriz entraba al Paraíso… Todos quedaron helados al verle”.

La aparición corporal de Beatriz destruye la arquitectura del rumor. Sin embargo, ella no los confronta. Solo besará al licenciado, gesto ambiguo que vuelve a situarla como sujeto deseante, enigmático, inaccesible. El beso es un golpe narrativo: no confirma nada, no explica nada; solo instala un nuevo misterio.

Beatriz no desmiente a nadie: los deja desnudos frente a su propia miseria.


V. Violencia, deseo y masculinidad alcohólica

El bar es un microcosmos donde se cruzan masculinidad herida, alcohol, celos, frustración sexual y poder. La conversación se vuelve violenta: insultos, acusaciones, amenazas veladas. Esta violencia verbal expresa la tensión entre deseo y culpa.

La escena recuerda la frase de Duras (1995): “Los hombres hablan para ocultarse su propio miedo”. En La otra Beatriz, hablan para ocultarse su propia responsabilidad en la fabricación de un asesinato inexistente.


Conclusión: la verdad como acto fallido

El cuento es un ejercicio magistral de ambigüedad. Núñez Palencia construye un universo donde el rumor mata más que los hechos, y donde la mujer, antes convertida en cadáver imaginario, aparece para revelar la precariedad de la palabra masculina.

Beatriz es “la otra” porque desmiente la versión masculina del mundo, porque no pertenece al discurso que fabricaron sobre ella. Su irrupción final es una victoria silenciosa.


Bibliografía

Barthes, R. (1982). El placer del texto. Siglo XXI.
Bajtín, M. (1986). Problemas de la poética de Dostoievski. FCE.
Bourdieu, P. (1999). La dominación masculina. Anagrama.
Duras, M. (1995). Escribir. Tusquets.
Núñez Palencia, G. (s.f.). La otra Beatriz. Manuscrito inédito.


ANEXO I: Preguntas para mesa de debate

  1. ¿Hasta qué punto el rumor funciona como instrumento de violencia de género en el relato?
  2. ¿Es la masculinidad del cuento una construcción sociocultural frágil o agresiva?
  3. ¿La aparición final de Beatriz invalida la narrativa masculina o la complejiza?
  4. ¿Puede considerarse a Librado víctima de una justicia fallida o de un contexto patriarcal?
  5. ¿Qué papel cumple el bar como espacio simbólico de poder y descontrol?
  6. ¿Beatriz es sujeto narrativo o solo un cuerpo en disputa?

ANEXO II: Comparación con escritores contemporáneos

Con Juan Rulfo

  • Coincidencia en el uso de voces cruzadas y rumores.
  • Diferencia: en Núñez Palencia la víctima resucita simbólicamente.

Con Roberto Bolaño

  • La figura femenina como enigma y detonante.
  • El tono de violencia latente y corrupción institucional.

Con Elena Garro

  • La ambigüedad entre vida y muerte; tiempo circular.
  • La mujer como presencia espectral que cuestiona la verdad patriarcal.

Con Julio Cortázar

  • El giro final que destruye la aparente lógica narrativa.
  • El uso del diálogo para crear atmósfera desconcertante.

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