lunes, 16 de febrero de 2026
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La alcoba incendiada: eros, imaginación y soledad en Tú en la cama de Gabriel Núñez Palencia
Tú, en la cama
Tú, en la cama: encendida. Tú cabello oscuro y suelto como río creciente. Ese vestido rojo tuyo caído, y tus ojos, tus ojos iluminando la noche también desnuda, como tus senos, y la breve cintura: las ventanas, las puertas abiertas, lo mismo que tus piernas, y una prenda única, cubriendo celosa, la joya de mi deseo.
A la ventana, una desbandada de aves y corceles blancos en irrefrenable vuelo y carrera. De nuevo el vestido rojo en el suelo, y tus ojos, tus ojos iluminando mi cuerpo expuesto al frío, a esa hoguera de tu cuerpo, de tus piernas. Cascos de caballos desbocados, a galope a pelo, aves al viento.
Luego tú ahí, prendida, expuesta, sin nada, sólo mordiendo mis labios: una manzana roja y jugosa, dulce como tu boca, blanca como tus dientes que me muerden. Tus labios entreabiertos saboreando mis ansias sin palabras.
Después tu mano, en tu sexo y en el mío lujuriosa, lasciva. Tus movimientos rítmicos, los corceles, las aves blancas aún en vuelo, la carrera irrefrenable. Yo y mi lluvia de besos y caricias y envestidas, galopando a pelo:Tú al vuelo.
El fuego se aviva, nos abraza, nos consume. Tu alcoba se incendia, los caballos siguen en su carrera infinita. Tu cabellera explota, aves salen de tu boca, se desborda el río inundándolo todo. Flotamos en una cama y sobre un mar tranquilo y azul profundo como tus ojos, y vienes a mi oído y dices: te amo -muchas veces lo dices- hasta que se duerme la noche y se cansa tu boca. Despierto sin alcobas encendidas o camas que flotan en aguas tranquilas.
Al suelo, ese vestido rojo tuyo que imagino caído, y tus ojos iluminando la siguiente noche, y la siguiente, y la siguiente; todas las noches desnudas de todos los días y meses y años, como tus senos y tu breve cintura, que ahora palpo en el vacío y bajo las sabanas huérfanas de mi sueño. Las ventanas y puertas cerradas, herméticas y sin llamado alguno, sin te amos a mi oído; la noche a secas y sin corceles ni aves blancas, ni hogueras, ni joyas ocultas, ni viento, ni pieles expuestas, ni ojos azul profundo, ni palabras que se cansan en tu boca: Sólo un silencio frío y sin correspondencia ni remitente ni giro postal alguno.
Solo, sólo es que tengo frío,...sólo es qué: te sueño, solo, que imagino que te amo en una cama encendida, y aún sin conocerte, y sin saber quien eres Tú. Yo soy el iluso que te escribe esto, a lo que algunos y algunas llaman y llamaremos, por los siglos de los siglos: letras.
Gabriel Núñez Palencia
El tío Sebastián
.
Si la tranquilidad y la afabilidad han de
tener un nombre; si la bondad, la sonrisa, la luz y el buen diente han de
poseer algún otro mote; si se trata de
la infalible personalidad de un hombre,
ese era precisamente mi tío Sebastián: abundante en carnes y en veintes de
cobre para el 'volo-padrino', para sus
sobrinas y sobrinos que él tiraba al aire del luengo pantalón.
Era nuestro tío, como el domingo: añorado y
divino; luminoso y mágico; de voz de
trueno y dedos gruesos !Cómo añorábamos aquellas manos gordas que daban a
diestra y siniestra domingos y
sonrisas...¡
De tes clara y cabello cano, lo mismo que el eterno y
abultado bigote: sus abotagadas
patillas, y su encarolado y atusado de plata. Su mirada -la del fraile confesor- y su porte y
cachete, en demasía bonachón; allá, lejos el horizonte, en su terruño querido
-Tepehuastitlán- se le veía en mangas de camisa, muy feliz, con un enorme
sombrero de ala ancha y huaraches de correa cruzada, andando sudoroso por las
serranías y caminos de su tierra caliente; acá, en la Ciudad de México aún
alegre -portentoso de contento- y ya con varios años encima, se le miraba de
paso ceremonioso; tan solemne como la
eternidad que hoy le acuna y le asiste; aquí, muy de cerquita en el alma, en mí
pecho, siempre presente como la evocación de sueños y fábulas infantiles,
porque habrá un latido certero en este corazón; un pensamiento risueño, y una
larga y tendida charla para..., !con el tío Batián...!
Gabriel Núñez Palencia.