martes, 2 de diciembre de 2025

*La Danza Del Fruto Prohibido* Gabriel Núñez Palencia


 

Bajo los árboles tupidos de misterio, anhelo y deseo Adán intentaba comerla sin prisa y no dejar para luego lo que pudiera comer hoy al pie  de ese viejo árbol silencioso, sabio y muy verde. Ella rodeaba a puntitas el tronco para no romper el encanto, dando pequeños saltos  y sonriendo, riendo esquiva y seduciendo a su paso todo con sus labios entreabiertos al viento fresco.  Él trataba de rodear a su vez el talle al natural, a toda ella en su esplendor florido en perfumes, su  piel y panal en  miel.

 

Ella insistía en su juego, su correr y columpiase con sus manos suaves sobre aquel tronco firme. El viento estaba tibio. La esfinge y sus redondeces hechas frutas: melocotones duros  y dulces. La diva y sus pies, sus hombros breves, sus rodillas y nariz de fino acabado. La diosa y sus juegos y jugos deliciosos que se le escabullían a Adán,  a su boca y a su tacto de escultor, de pintor de óleos coloridos y recargados en rojo.

 

Ella y sus rodeos, sus deseos de furor.  Ella y sus pasiones risueñas de agua dulce y salada. Ella y sus cauces serenos, sinuosos y vacilantes: su río caudaloso, su mar en furia. Ella, su sedante y brillante estrella que ciega. Ese pequeño montículo de luz y vida. Y sus ojos, sí, sus ojos que hablaban  sin palabras en su signo de luz, sombra  y promesas muchas.

 

El aire estaba caliente. El árbol verde verde; verde y demasiado sabihondo y firme, ofrecía su fruto verde verde verde. Ella en su danza de fuego y vino transpiraba cielo; el beso embriagador de las altivas copas.   El día, el atardecer  y la noche nacieron de su piel como días de calendario. Adán desprendería de éste y sin prisa, cada hoja, la  grata vida; sus días plateados, naranjas, y de uvas..

 

Eva dejó de ser ama, doncella y virgen del jardín del Edén sobre ese tronco que rodeó y le abarcó feliz en el juego perenne de vida. Comieron entonces el fruto aún verde y sin más rodeo, sin empacho alguno; danzaron al ritmo de sus corazones y lenguas. Sus miradas se fundieron lo mismo que sus cuerpos. Fueron siglos y siglos de entrega y ríos.

 

Por ello, nosotros  y todas ustedes, hemos de comer  manzanas: verdes, dulces o maduras. ¡Crac!... ¡Morder el fruto aunque prohibido y verde verde  o maduro maduro, pues ha de ser siempre grato y muy dulce!... ¡Crac!...

 

Septiembre, 2015


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