domingo, 7 de septiembre de 2025

Error 404: Familias en paralelo




Gabriel Núñez Palencia (apócrifo)

En una punta de la ciudad, la familia Mendoza desayunaba con precisión quirúrgica. Todo estaba calibrado: la cafetera inteligente servía exactamente 180 ml de café, las tostadoras hablaban con acento británico y las luces LED cambiaban de tono según la temperatura ambiental y el estado de ánimo de los ocupantes. El hijo adolescente, mitad humano mitad asistente AI personal, ya tenía memorizadas las respuestas correctas para todas las reuniones familiares del mes y los emojis que debía usar en cada chat escolar.

—Papá —dijo la voz robótica del hijo—. Hoy el balance de vitaminas y productividad indica un déficit del 0.01%. Recomiendo consumir aguacate orgánico y meditar mientras el dron hace la limpieza.

Mientras tanto, en el barrio popular, la familia Lumpen híbrida que ya conocíamos desayunaba entre tacos fríos, pitidos de perros biónicos y cables por todos lados. El abuelo perpetuo trataba de enchufarse a la tostadora rota, la cyborg femenina discutía con el niño híbrido por los últimos emojis disponibles, y el cachorro biónico seguía confundiendo enchufes con juguetes.

Ambas familias, separadas por kilómetros y clases sociales, compartían una cosa: tecnología omnipresente, absurda y dictatorial.

Los Mendoza podían permitirse no tropezar nunca gracias a sensores, aplicaciones de productividad y drones personales. Los Lumpen, en cambio, tropezaban, rompían cosas y aún así se reían del desastre diario. Pero al final del día, ambos tipos de familias se enfrentaban a la misma paradoja: la tecnología que prometía control, eficiencia y progreso, homogenizaba a todos. Los Mendoza tenían gadgets sofisticados, los Lumpen, dispositivos improvisados; los unos tenían café perfecto, los otros, tostadas chamuscadas, pero ambos se quedaban sin batería, se saturaban de información y, de una u otra forma, vivían bajo la tiranía de algoritmos invisibles que decidían su humor, su comida e incluso su autoestima.

El niño híbrido Lumpen, viendo un dron limpiando el comedor de los Mendoza en la televisión de la vecindad, suspiró:
—Mirá, tío… ellos tienen todo, pero seguro que no saben reírse de sus propios pitidos.

La inteligencia artificial doméstica, observando ambos mundos, concluyó:
—Error 404: Autenticidad no encontrada. Reinicie humanidad en todas las clases sociales.

Y así, entre el lujo programado de los Mendoza y el caos caótico de la familia del lumpen, quedaba clara la ironía de nuestro tiempo: la tecnología prometía diferenciar, pero al final, igualaba a todos… solo que unos se veían más bonitos mientras se reiniciaban.



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