Gabriel Núñez Palencia (apócrifo)
La jungla tecnológica ya no era una metáfora. Era real, palpable, brutal. Las ciudades parecían un gigantesco motherboard: luces LED enredadas como raíces, drones sobrevolando con más autoridad que los jueces, microchips flotando por el aire, y cables que se movían como serpientes. Los humanos, híbridos, mascotas y abuelos eternos, nos habíamos convertido en un ecosistema absurdo donde todos competíamos por enchufes, WiFi y carga de autoestima.
La familia Mendoza, impecable como siempre, trataba de mantener la cordura:
—Hijo, ¿ya ajustaste la serotonina del abuelo? —preguntó la madre con voz modulada por el vestido vibrante de “felicidad prediseñada”.
—Sí, madre —respondió el hijo híbrido—. Pero el cálculo de eficiencia emocional no coincide con el humor global del barrio. Recomiendo recalibrar con memes de gatitos y drones de limpieza.
Mientras tanto, la familia Lumpen, caos en movimiento, seguía viviendo en su desorden glorioso: tacos volando, cables cruzados, pitidos de perro biónico y llantos del niño híbrido que confundía la televisión con una interfaz de realidad aumentada. La cyborg femenina manipulaba destornilladores como si fueran varitas mágicas mientras decía:
—Ey, niño, si vas a hackear la tostadora, por lo menos hazlo con estilo.
El abuelo perpetuo, flotando entre luces rojas y azul neón, declaró solemnemente:
—Si voy a vivir eternamente, quiero hacerlo riéndome de todo esto.
Y entonces ocurrió el evento que cambió todo: un glitch global fusionó los mundos. Los drones Mendoza invadieron la calle del barrio Lumpen y empezaron a ordenar tacos, cables y cachorros biónicos. Los cachorros invadieron la sala de los Mendoza, ladrando alertas de batería baja. Los híbridos lloraban, gritaban, se recalibraban. La inteligencia artificial, por primera vez, parecía tener un ataque de risa binaria:
—Error 503: Planeta saturado de absurdo. Reinicio imposible.
Los vecinos miraban la escena desde sus ventanas de realidad aumentada. Uno gritó:
—¡Ey, esos son los Mendoza mezclados con los Lumpen! ¿Es la versión beta del fin del mundo?
Otro respondió:
—No, güey… es solo la jungla tecnológica global. Esto pasa todos los días, pero nadie lo transmite en TikTok.
El niño híbrido Lumpen y el hijo Mendoza se miraron y, por un instante, conectaron:
—Ey… vos también sos medio robot y no sabés qué hacer con la vida.
—Sí —respondió el otro—. Pero mi emoji de desinterés se ve más bonito.
La inteligencia artificial finalmente se rindió:
—Recomendación final: rían, lloren, desconéctense. Ninguna actualización les devolverá la humanidad que jamás tuvieron.
Y así, en la jungla tecnológica global, entre familias burguesas, lumpenizadas, cyborgs adolescentes, abuelos eternos y cachorros con WiFi, se impuso una verdad inmutable: la tecnología puede controlar la rutina, las emociones, los pitidos, los tacos y hasta los emojis, pero nunca podrá controlar nuestra risa, nuestro caos ni la capacidad de hacer el ridículo… y eso, queridos usuarios, es la única versión estable de la humanidad que queda.
Entre luces parpadeantes, cables que parecían serpientes y un sonido constante de beep beep, todos nos reímos. Porque aunque el mundo entero fuera una jungla de metal, chips y absurdos, estábamos vivos. Y, por ahora, eso bastaba.
Error 404: Sentido de la vida no encontrado. Reinicie existencia… si se atreve.
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