Entre la seducción y la alienación: analogía de los personajes femeninos en Travesuras de la niña mala de Mario Vargas Llosa y Solo vine a hablar por teléfono de Gabriel García Márquez
Introducción: mujeres en tránsito entre libertad y condena
La literatura latinoamericana del siglo XX y XXI ha configurado un repertorio de personajes femeninos que desafían, en distintos grados, las convenciones sociales y culturales. En este sentido, el universo narrativo de Mario Vargas Llosa en Travesuras de la niña mala (2006) y el de Gabriel García Márquez en Solo vine a hablar por teléfono —cuento perteneciente a Doce cuentos peregrinos (1992)— constituyen ejemplos privilegiados para analizar cómo la figura femenina oscila entre la autonomía, la transgresión y la condena social.
El presente ensayo propone una analogía entre la “niña mala” de Vargas Llosa y María de la Paz Cervantes, protagonista del cuento garciamarquiano, enfatizando los vínculos entre erotismo, marginalidad y poder en su construcción literaria. La metodología empleada es de corte comparativo-literario, enmarcada en los estudios de género y en la tradición crítica latinoamericana, con apoyo de referencias textuales, análisis contextual y diálogo con autoras como Simone de Beauvoir, Judith Butler y Marcela Lagarde. El objetivo es mostrar cómo estas dos figuras femeninas, aunque construidas en registros distintos —la novela sentimental y la narración fantástica con tintes de realismo mágico—, responden a problemáticas comunes: la libertad femenina frente a estructuras patriarcales y la tensión entre identidad y opresión.
La transgresión de la “niña mala”: poder desde la seducción
Vargas Llosa concibe a la “niña mala” como una mujer camaleónica, capaz de reinventarse y manipular a quienes la rodean, especialmente al protagonista Ricardo Somocurcio. Desde su primera aparición, la joven encarna un arquetipo de seducción y poder que subvierte la pasividad tradicionalmente asignada a los personajes femeninos en la literatura romántica.
Como afirma Vargas Llosa (2006), Ricardo “la quiso siempre, aunque ella nunca se dejó poseer enteramente” (p. 157), lo que revela un juego desigual en el que el deseo masculino es permanentemente insatisfecho. Este desequilibrio puede leerse a la luz de Simone de Beauvoir (1949/2000), quien en El segundo sexo plantea que la mujer ha sido definida como “el otro” en relación al varón, pero que puede invertir esa posición si asume su cuerpo y su deseo como campo de poder. La “niña mala” encarna, de manera ambivalente, esta transgresión: se convierte en sujeto deseante, pero su libertad se funda en la instrumentalización de los demás.
María de la Paz Cervantes: la víctima del encierro
Por su parte, García Márquez retrata a María de la Paz Cervantes como una mujer víctima de un error trágico que desemboca en su encierro en un manicomio. La protagonista es apresada bajo la sospecha de locura, no por pruebas médicas, sino por el simple hecho de no encajar en los parámetros sociales de normalidad: “Nadie le creyó que iba de paso, que solo venía a hablar por teléfono” (García Márquez, 1992, p. 211).
El personaje se convierte, así, en símbolo de la alienación de lo femenino en un sistema que patologiza la diferencia. Aquí cobra vigencia la teoría de Judith Butler (2007), para quien la norma regula qué cuerpos son inteligibles y cuáles quedan relegados a la periferia de lo humano. María encarna esa periferia: una mujer convertida en “ininteligible” por el solo hecho de pronunciar una verdad que nadie escucha.
Si la “niña mala” representa la autonomía llevada al extremo de la manipulación, María encarna la vulnerabilidad de la mujer frente a estructuras represivas. En ambos casos, sin embargo, las protagonistas ponen en evidencia la fragilidad del orden patriarcal: una lo subvierte desde la seducción, la otra lo denuncia desde la exclusión.
Erotismo y sospecha: el cuerpo como territorio en disputa
El cuerpo femenino ocupa un lugar central en ambas narrativas. En Vargas Llosa, el erotismo de la “niña mala” es arma de poder y vehículo de ascenso social; en García Márquez, el cuerpo de María se convierte en signo de sospecha y anormalidad.
Vargas Llosa (2006) plasma un erotismo cosmopolita, ligado a la movilidad y al deseo inalcanzable: la mujer nunca es del todo accesible, siempre se escapa en busca de una nueva identidad. En contraste, García Márquez (1992) muestra cómo el cuerpo femenino puede ser objeto de vigilancia, disciplinamiento y encierro, lo que coincide con los planteamientos de Foucault (2002) sobre las instituciones de control.
La marginalidad, aunque de signo distinto, atraviesa a las dos protagonistas: la “niña mala” se margina voluntariamente del amor estable para privilegiar el poder y la supervivencia; María es marginada involuntariamente por un aparato institucional que interpreta su diferencia como enfermedad. En palabras de Marcela Lagarde (1997), la opresión femenina en contextos latinoamericanos se expresa tanto en la cautividad erótica como en la cautividad institucional. Estas dos modalidades se reflejan, respectivamente, en la novela de Vargas Llosa y en el cuento de García Márquez.
Poder y vulnerabilidad: espejos de lo femenino
La analogía entre ambos personajes revela un eje común: la relación entre poder y vulnerabilidad. La “niña mala” ejerce un poder devastador sobre Ricardo, pero este poder es también una máscara que esconde su propia fragilidad existencial, marcada por la orfandad y la necesidad de afirmarse en sociedades desiguales.
María de la Paz Cervantes, en cambio, pierde todo poder sobre su destino al ser confinada injustamente. Sin embargo, su resistencia simbólica radica en su palabra: el título del cuento, Solo vine a hablar por teléfono, sintetiza la insistencia de su identidad frente a un mundo que la niega.
De este modo, ambas figuras cuestionan la imagen tradicional de la mujer sumisa. La “niña mala” lo hace desde la rebeldía erótica y cosmopolita; María, desde la tragedia de una voz no escuchada. Así, la literatura se convierte en un espacio donde el poder y la vulnerabilidad femeninas se narran como realidades inseparables.
Conclusión: dos caminos hacia la denuncia del patriarcado
En conclusión, la “niña mala” de Mario Vargas Llosa y María de la Paz Cervantes de Gabriel García Márquez son dos personajes que, aunque opuestos en sus trayectorias, dialogan en un mismo horizonte: la tensión entre libertad femenina y opresión patriarcal. Mientras la primera encarna la fascinación del poder a través del deseo, la segunda revela la violencia estructural que condena al silencio lo que no se ajusta a la norma.
Ambas figuras, al ser puestas en analogía, permiten comprender que la literatura latinoamericana contemporánea no solo construye personajes femeninos como objetos de deseo o víctimas, sino como símbolos de una lucha inacabada por la autonomía y la dignidad. En esta tensión se articula la vigencia de sus narrativas y su potencia crítica en el contexto actual.
Palabras clave
Personajes femeninos; Vargas Llosa; Gabriel García Márquez; erotismo; marginalidad; literatura latinoamericana; feminismo.
Referencias
Beauvoir, S. de. (2000). El segundo sexo (Trad. A. Martorell). Cátedra. (Trabajo original publicado en 1949).
Butler, J. (2007). El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad. Paidós.
Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Siglo XXI.
García Márquez, G. (1992). Doce cuentos peregrinos. Editorial Norma.
Lagarde, M. (1997). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. UNAM.
Vargas Llosa, M. (2006). Travesuras de la niña mala. Alfaguara.
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