domingo, 3 de agosto de 2025

***Los Patos Son Azules (cuento)



Le dije que no estaba bien que se parara en esa esquina. Que fumara uno y luego otro y otro, y que dejara de mascar de esa manera tan obscena su goma de menta. Que no tenía ninguna intención de joder, de joderla esa noche. Estaba demasiado deshidratado y necesitaba primero un frasco de whisky y unas sodas.

Creo que le dije además, que ya la había jodido, tanto tanto, como a la puta que se acercaba entonces a nosotros. Como a ésta le dije. Pero a ella no le importaba ni un ápice lo que salía de mi boca, y menos  la otra se sintió interpelada. Tampoco le importó que estuviera esperando a Borges ni a Cortázar. Y menos aún le importaba que  fuera yo un escritor de ficciones y de líricas pasiones – y fiel tan solo por una noche. “Serán los patos azules o serán mis calzones", aulló lunática mi puta de ojos grandes. Sin embargo me dijo que sí, que sí llegaría la otra amiga suya, una más para mis colegas.

Cuando llegaron ellos sus amigas ya estaban en esa esquina. Mientras ellos fumaban y  se enredaban en filosofías con aquellas, yo fui por unas caguamas bien frías. Julio estaba tan crudo que se empinó media caguama de un buche. Jorge no se incomodó cuando la rubia decidió no soltarlo en ningún momento de la mano.

 Había comprado yo además, whisky y sodas, y le preparé a Jorge una lata, su rubia bebía con él. No quiso Borges que ella preparara una lata propia, quería que bebiera de la suya, y a ella le fascinó  embriagarse así, y la idea  de un laberinto antes del coito que susurraba él a su oído.

La pelirroja estaba anonadada con la humanidad de Julio -sus enormes manos- y se imaginaba el gran aparato de mi amigo entre sus piernas (lo gritaba con ese par de ojos suyos, claros, desorbitados y sonrientes), Julio no dejo la caguama –ni la cintura de ella- y ésta bebía de la misma botella de él a ratos. Hablaban mientas él le acariciaba sin recato. A cada caricia crecían y crecían las manos del él en el cuerpo ebrio de ella.

Mi compañera se puso eufórica, bailaba y cantaba una misma melodía. Jorge nos interpeló entonces.
­­_!Qué se jacten otros por lo que escriben, mientras yo me vanaglorio por lo que me ha sido dado y  grato leer¡
_!Oh, sí, eres excelente lector, no cabe duda¡; pero, ¿Hemos de transmitir mensajes políticos e ideológicos al escribir ficciones?
_Por supuesto, hay que ponerse una casaca (dije yo).
_Esos elementos estorban, es mejor la irrealidad, la fantasía, la fábula.
_”Serán los patos azules o serán mis calzones" (volvió a aullar mi compañera), y bebió whisky directamente de la botella.

La noche era entonces un vino rosado con refresco de cola. La calle estaba transitada por peatones indolentes que ignorábamos y nos ignoraban. Cargamos con todo y con ellas, y decidimos caminar hasta la Alameda. Jorge recibía un beso apasionado de su rubia. A Julio le seguían creciendo las manos en las tetas de aquella.

Me fugué sin más en sus ojos. Era una fuga muy melódica. Luego recordé sus palabras, su voz ebria y lenta. Dulce. Su llanto. Su risa. Su piel. El apareamiento de la noche de un largo y letárgico mes de abril. El lago y los patos.
_No me busques, ya. Vete.
_No sé porque  no eres igual a los otros. Pagan y se van, y no vuelven.
_Bueno, me gustas.
_Los otros dicen lo mismo y no vuelven jamás, ve, vete ya.

La fuga aún melódica tenía un inerte dejo de nostalgia, seguiría viviendo de sus ficciones desnudas. De su risa, de su aullido: “Serán los patos azules...”, “Serán los patos azules o serán mis calzones". Ve, ve, vete, vete…

Estaba demasiado ebrio tomé mis libros del piso (Rayuela y El Aleph). Le dije que no estaba bien que se parara en esa esquina. Que fumara uno y luego otro y otro, y que dejara de mascar de esa manera tan obscena su goma de menta. Que no tenía ninguna intención de joder, de joderla esa noche. “Serán los patos azules o serán mis calzones", aulló lunática mi puta de ojos grandes. Y siguió mascando indiferente su menta y mis pasos que se alejaban ebrios, muy ebrios esa noche.

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