Palabras clave: psicologismo, narrador confeso, crueldad, ambigüedad narrativa, subjetividad, analogía cervantina, literatura policial.
Introducción
Una obra narrativa, cuando es leída por otro escritor o lector crítico, puede transformarse en un nuevo territorio de interpretación. La lectura de El túnel (1948) de Ernesto Sábato, desde la perspectiva de la reescritura o la intertextualidad, revela una estructura que podría haberse potenciado si el relato no hubiera sido condicionado por la confesión inmediata del crimen. Al igual que en la literatura moderna y posmoderna, donde la voz narrativa puede traicionar la verosimilitud, Sábato presenta a Juan Pablo Castel como un “asesino confeso”, pero también como un símbolo de la alienación existencial. Sin embargo, más allá del psicologismo, la novela parece perder tensión narrativa al mostrar desde el inicio el desenlace fatal.
Esta reflexión no busca negar la grandeza del texto, sino repensar su eficacia estructural si se modificaran ciertos elementos narrativos, como la perspectiva del relato o el estatuto moral del narrador. Así, el ensayo examina los límites del psicologismo, el humor involuntario, la previsibilidad del crimen, la crueldad simbólica del protagonista y la posibilidad de versiones alternativas de la historia, incluyendo una relectura desde la voz de María.
I. Más allá del psicologismo: la pérdida de tensión narrativa
El narrador en El túnel se presenta como un asesino confeso: “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne” (Sábato, 1948, p. 7). Desde esa primera línea, la tensión se resuelve. El lector ya no espera el qué, sino el cómo. Esta estrategia, aunque intencionada, resta fuerza a la progresión dramática, pues el crimen no es una incógnita sino una consecuencia.
El “psicologismo” —entendido aquí como la introspección extrema del yo narrador— se convierte en un arma de doble filo. Por un lado, humaniza al asesino al mostrar su paranoia y su soledad; por otro, inhibe el misterio narrativo. Como señala Vargas Llosa (1996), “el exceso de subjetividad puede sofocar la respiración de la trama” (p. 34). En ese sentido, El túnel es más una confesión que una novela de misterio, y esto debilita su poder narrativo frente a su potencial psicológico.
II. Humor e inmediatez: la ironía del delirio
Pese a su dramatismo, ciertos pasajes de la novela logran mantener al lector interesado gracias a un humor sombrío e inesperado. Castel es un personaje que provoca una mezcla de repulsión y simpatía por su torpeza social, su obsesión y su desesperado deseo de ser comprendido.
Sábato, sin proponérselo abiertamente, logra que la inmediatez psicológica del personaje —sus repentinos arrebatos de celos, sus reflexiones contradictorias— genere una especie de humor trágico. Según Piglia (2000), “el humor es la grieta por donde se cuela la verdad del delirio” (p. 56). Así, el lector sigue leyendo, no sólo para ver cómo se consuma el crimen, sino para entender la lógica interna de la mente que lo ejecuta.
III. El crimen anunciado: la inevitabilidad de la violencia
La escena central —“Tengo que matarte, María. Me has dejado solo” (Sábato, 1948, p. 120)— se percibe como una culminación esperada. Desde el inicio sabíamos que Castel asesinaría a María, y las “múltiples cuchilladas” son coherentes con su personalidad paranoide. No obstante, al no haber un verdadero suspenso, el acto resulta más patético que trágico.
El lector, en lugar de sorprenderse, constata lo inevitable. Esto debilita la estructura narrativa, aunque refuerza la coherencia psicológica del personaje. La locura de Castel es previsible, su violencia, programada. Como diría Freud (1920), “lo inconsciente siempre encuentra su vía de realización” (p. 87), y Sábato hace de esa realización el eje de su relato.
IV. Crueldad y mezquindad: la tensión final
Uno de los momentos más crueles ocurre cuando Castel confiesa a Allende, un hombre ciego, la infidelidad de su esposa María. Esta crueldad deliberada añade una tensión dramática, pero también expone la mezquindad moral del narrador. Castel no busca justicia, sino venganza.
Desde una lectura ética, el acto revela la incapacidad del personaje para soportar la ambigüedad del deseo y la autonomía del otro. Como plantea Sartre (1943), “el infierno son los otros” (p. 45), y Castel convierte a María y a Allende en encarnaciones de ese infierno. El lector, entonces, ya no busca empatía, sino comprensión del fracaso humano.
V. Hipótesis narrativa: un relato más sugerido que confesado
Si la novela hubiera mantenido la ambigüedad del crimen —una “muerte” sugerida, no confesada—, el relato habría ganado en misterio y tensión. La narración en primera persona podría conservar su introspección sin sacrificar la expectativa.
El lector habría sido partícipe de la duda, no de la constatación. En términos de técnica narrativa, esto la acercaría más al Crimen y castigo de Dostoievski o a El extranjero de Camus, donde el crimen es una pregunta moral más que un hecho consumado.
VI. María como narradora: inversión de la mirada
Imaginemos, como hipótesis literaria, una versión narrada por María Iribarne. Una mujer con inclinaciones emocionales confusas, víctima y cómplice de su destino. Tal versión permitiría explorar la subjetividad femenina que Sábato apenas esboza.
El relato podría adoptar la ambigüedad de la víctima que no sabe si es amada o poseída, que ignora hasta el final que será asesinada. Desde esta perspectiva, El túnel podría reconfigurarse como una tragedia del malentendido amoroso, más que como una confesión delirio.
Apéndice I: Analogía cervantina — De la literatura policial a la caballeresca
Así como Cervantes, en El Quijote, transforma los códigos de la literatura de caballerías en parodia y reflexión sobre la locura, Sábato hace algo similar con la literatura psicológica moderna. Castel es al detective lo que don Quijote es al caballero andante: un hombre que interpreta la realidad desde su obsesión.
La literatura policial busca la verdad mediante la razón; El túnel busca la verdad mediante la neurosis. En ambos casos, el lector asiste a una búsqueda deformada de sentido. Hunter, personaje del relato Informe sobre ciegos en Sobre héroes y tumbas, prolonga este gesto: es el investigador que se pierde en su propia investigación, una figura análoga al Quijote contemporáneo.
Apéndice II: Preguntas para mesa de debate
- ¿Pierde El túnel su tensión narrativa al revelar el crimen desde la primera línea?
- ¿Qué función cumple el humor involuntario en una obra de carácter existencial?
- ¿Podemos considerar a Castel un personaje trágico o simplemente patológico?
- ¿Cómo cambiaría la recepción de la novela si fuera narrada por María Iribarne?
- ¿En qué medida El túnel puede leerse como una obra policial invertida o como una anti-novela quijotesca?
Bibliografía
Camus, A. (1942). L’étranger. Gallimard.
Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer. Amorrortu.
Piglia, R. (2000). Formas breves. Anagrama.
Sábato, E. (1948). El túnel. Losada.
Sartre, J.-P. (1943). L’être et le néant. Gallimard.
Vargas Llosa, M. (1996). Cartas a un joven novelista. Alfaguara.
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