martes, 14 de octubre de 2025

Entre el azar y el azahar: erotismo, juego y pérdida en “La otra ¡ah!” de Gabriel Núñez Palencia


Introducción: el amor como juego de azar

En el relato poético “La otra ¡ah!”, Gabriel Núñez Palencia propone una escritura cargada de ambigüedades fonéticas y simbólicas, donde el amor, la pérdida y la sensualidad se entrelazan a través de un lenguaje lúdico. La reiteración de palabras homófonas —azar, azahar, asenso, ascenso— crea una atmósfera de equívoco y deseo que remite tanto a la pasión humana como a su condición de fugacidad.
Como en la tradición literaria del barroco o del modernismo, el autor juega con la musicalidad y la polisemia para mostrar que el amor es un juego de cartas marcado por el destino. El tono confesional y el cierre epistolar del texto refuerzan el carácter íntimo del discurso amoroso, pero también lo sitúan en el territorio del desencanto, donde la ironía suaviza la herida del abandono.

“Ha tiempo que el azar me llevó ligero al azahar de tu perfume de naranjo” (Núñez Palencia, 2025)

Con esta frase inicial, el autor no sólo abre un espacio de reminiscencia, sino que instala el símbolo central del texto: el azahar —flor del naranjo, emblema del amor y de la pureza— contrapuesto al azar, metáfora del destino incierto.


I. El azar y el azahar: la homonimia como metáfora del deseo

El texto opera sobre un tejido sonoro que desdobla las palabras, creando un sistema poético donde cada homonimia es una revelación erótica. En la alternancia entre azar y azahar, Núñez Palencia muestra la tensión entre lo fortuito y lo sensual, entre el juego del destino y la materialidad del cuerpo amado.

El azahar representa el amor idealizado, pero también lo efímero: “sólo me quedó el azahar de una flor ya muy marchita y podada” (Núñez Palencia, 2025). La flor marchita es el símbolo del deseo consumido, del eros que ha perdido su perfume. Este motivo recuerda la rosa petrarquista, pero con una torsión irónica que acerca el texto al tono de poetas como Rubén Darío o Ramón López Velarde, donde lo sensorial y lo espiritual conviven en conflicto.

Desde la semántica del erotismo, la homofonía entre as, haz, azahar y azar no es un mero artificio verbal, sino un mecanismo simbólico que enlaza cuerpo, suerte y lenguaje. El amante juega con cartas marcadas, y el amor se vuelve una partida donde el deseo y la pérdida son inevitables.


II. Erotismo y humor: la carta amorosa como exorcismo

El tono epistolar de “La otra ¡ah!” establece un diálogo unilateral: el yo poético escribe a una amada ausente, Guadalupe, que ya pertenece a otro. Sin embargo, la carta no busca recuperar el amor perdido, sino sublimarlo mediante el humor y el doble sentido.

“El asado amoroso quizá lo estés compartiendo con otro y el azahar de tus besos lo ha de degustar tu nuevo amor Guadalupe” (Núñez Palencia, 2025).

Aquí el humor y el erotismo se funden: lo “asado” alude tanto a la cocción culinaria como a la pasión ardiente. Este recurso desdramatiza el duelo amoroso y transforma el dolor en ironía. El texto, más que una elegía, es una sátira sentimental, un ars amandi paródico que recuerda la ligereza burlesca del Siglo de Oro, pero con el registro coloquial y juguetón de la oralidad mexicana.


III. El lenguaje como espejo de la pérdida

La escritura de Núñez Palencia convierte la pérdida amorosa en una ganancia estética. El narrador afirma que su “azada puede trabajar en otra tierra fértil”, metáfora del desplazamiento afectivo y de la posibilidad de regeneración. La azada y el azahar mantienen la raíz fonética aza, que simboliza tanto la siembra como el azar: el amor es, al fin, una siembra en tierra incierta.

Desde la perspectiva literaria, el texto puede leerse como una exploración del lenguaje amoroso en clave lúdica. En lugar de narrar el dolor en términos patéticos, el autor opta por un discurso que se ríe de sí mismo, volviendo a lo que Octavio Paz (1959) llamó “la ironía erótica del lenguaje”.

El desenlace —“Tu último as de ases”— clausura el texto con una autoafirmación: el sujeto poético se reconoce como parte del juego, pero también como quien se retira de la mesa con dignidad. La carta se transforma, así, en un acto de cierre simbólico y de liberación.


Conclusión: el amor como juego de espejos

“La otra ¡ah!” es una pieza breve pero de alta densidad simbólica. Su originalidad radica en el empleo de la homonimia como núcleo poético, en la sensualidad de su lenguaje y en el tono confesional teñido de humor. Gabriel Núñez Palencia convierte el desamor en un juego de palabras que refleja la fragilidad del deseo y la necesidad de reinventarse a través del lenguaje.

El texto nos recuerda que el amor, como el azar, siempre es un juego de espejos: reflejo del deseo, del engaño y de la pérdida. En este juego, la palabra es tanto herida como consuelo.


Apéndice I. Preguntas para mesa de debate

  1. ¿De qué manera el uso de homonimias (azar, azahar, as) contribuye a construir el tono erótico del texto?
  2. ¿Podría leerse este texto como una parodia del discurso amoroso tradicional? ¿Por qué?
  3. ¿Qué papel desempeña el humor en la expresión del desengaño?
  4. ¿El yo poético logra superar el abandono o permanece atrapado en el juego del amor perdido?
  5. ¿Podemos considerar “La otra ¡ah!” un ejemplo de poesía epistolar moderna?

Bibliografía

  • Núñez Palencia, G. (2025, 14 de octubre). La otra ¡ah!. [Texto inédito].
  • Paz, O. (1959). El arco y la lira. Fondo de Cultura Económica.
  • Darío, R. (1995). Prosas profanas y otros poemas. Espasa-Calpe.
  • López Velarde, R. (2018). Obra poética completa. Fondo de Cultura Económica.
  • Barthes, R. (1977). Fragmentos de un discurso amoroso. Siglo XXI Editores.


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