miércoles, 23 de junio de 2021

TRANSMODERNIDAD E INTERCULTURALIDAD

 

    Este texto trata sobre el tópico que denota su título y desde el enfoque que Enrique Dussel da desde una Filosofía de la liberación; esto es, una filosofía que supere los límites del reduccionismo cultural dependiente, postcolonial, postcapítalista;  y, que arribe a una transmodenidad que reconozca el diálogo multicultural o, e intercultural.

Un diálogo intercultural (que) deber ser transversal, es decir, debe partir de otro lugar que el mero diálogo entre los eruditos del mundo académico o institucionalmente dominante. Debe ser un diálogo multicultural que no presupone la ilusión de la simetría inexistente entre las culturas. (Un) diálogo crítico intercultural con intención de trans-modernidad (Dussel, 2005:18)

    Hay que tener en cuenta que, para llegar a este punto Dussel hace una revisión amplia de cultura desde sus orígenes primarios hasta la invasión de América por occidente; y todo ello sin dejar de lado la proto-historia; y la intención  -de entrada- es buscar una identidad que rompa con el eurocentrismo y el enfoque colonial desarrollista.

     Además, con preguntas específicas que buscan responder a: ¿Quiénes somos culturalmente? ¿Cuál es nuestra identidad histórica?; y para responder a estas cuestiones hace un recorrido sobre los diversos modelos o, y paradigmas; a saber, el sustancialista eurocéntrico y cuyo carácter era universal y nacionalista; el reduccionismo historicista; el desarrollista; el modelo de la cristiandad; el paradigma centro-periferia de la década de los sesentas y su relación con la teoría de la dependencia, no como diálogo intercultural sino como dominación-dependencia; cabe señalar dentro de este grupo de ideas que una Filosofía de la liberación, más allá del culturalismo de los años ochentas,  retoma las categorías de sociedad política y sociedad civil; y entonces se piensa la cultura desde una clase determinada o, y de intereses de clase, grupos, sexos, etc.

    Dicho de otra forma, la visión de cultura distingue entre cultura imperial, cultura ilustrada y liberación popular de la cultura. En este sentido se habla del agotamiento del modelo neocolonial y el arribo de una cultura imperial de centro, esto es, centro-periferia (América Latina, África, Asia y Europa oriental como periferia); no hay dialogo es una explotación o, y dominación y aniquilamiento. En este sentido la filosofía de la liberación o, y crítica,

debía generar una nueva élite cuya “ilustración” se articulara a los intereses del bloque social de los oprimidos (que para A.Gramsci era el popolo). Por ello se hablaba de una “liberación de la cultura popular”:

“Una es la revolución patriótica de la liberación nacional, otra la revolución social de la liberación de las clases oprimidas, y la tercera es la revolución cultural. Esta última se encuentra en el nivel pedagógico, el de la juventud y el de la cultura” (Dussel, 2005:7)

    Es evidente que esta tendencia busca romper no solo con el imperialismo cultural, sino que a su vez supera al desarrollismo cultural y está a favor del proyecto de liberación cultural que cuestiona a una “cultura de masas alienada”.

    Por tanto se habla sí de un “sujeto histórico”: el pueblo, los oprimidos y cuya función histórica es revolucionaria; luego de la modernización y la revolución cultural, biene la globalización y la discusión multicultural liberal y el imperio liberal militar del imperio  norteamericano, y en este contexto Dussel se plantea el problema de las culturas no europeas.

    En consecuencia, se replantea el problema conceptual de modernidad, posmodernidad, postmodernidad, y transmodernidad, al respecto señala que vivimos la necesidad de reconstruir o, y de reconstruirnos desde el “exterior”; esto es, desde una perspectiva mundial, que no es otra que la trasmodernidad; y en este tenor, el tema de la cultura es la crítica de la multiculturalidad, y el sistema mundo abarca todos los continentes.

    En principio, la modernidad en América Latina nos dice, inicio con la llegada de los peninsulares; y duró trecientos años, favoreció a sí el desarrollo del capitalismo, por lo que modernidad y colonialismo son aspectos de una misma realidad cultural; sin embargo en su análisis no deja de lado el legado de la ilustración y de la revolución industria, pues no se puede prescindir del “occidentalismo”.

    No obstante a lo dicho hasta ahora, hay en el proceso una tendencia hegemonía cultural norteamericana, esto es, una gestión monopolar en el poder global: la imposición de un occidentalismo cada vez más norteamericano.

    En resumidas cuentas una nueva hipótesis sería que,

la Modernidad (el capitalismo , el colonialismo, el primer sistema-mundo) no es coetaña a la hegemonía mundial de Europa, jugando la función de “centro” del mercado con respecto a las restantes culturas. “Centralidad” del mercado mundial y Modernidad no son fenómenos sincrónicos. La Europa moderna llega a ser “centro” después de ser “moderna”. Para I. Wallerstein ambos fenómenos son coextensivos (por ello posterga la Modernidad y su centralidad en el mercado mundial hasta la “Ilustración” y el surgimiento del liberalismo). Por mi parte pienso (dice Dussel) que los cuatro fenómenos (capitalismo, sistema-mundo, colonialidad y modernidad) son coetaños (Dussel, 2005:16)

    Aquí, es claro el poder económico y político que ejercen las culturas centrales para acumular riqueza y despreciar lo no útil; se desprecia la exterioridad, de ahí que se trata de una “identidad” en sentido de proceso y crecimiento pero siempre como una exterioridad.

   En suma, el concepto de transmodernismo sería la etapa final de la cultura moderna europeo-norteamericana, y del “centro” de la Modernidad; en consecuencia la transmodernidad,

indica esa radical novedad
que significa la irrupción, como desde la Nada, desde Exterioridad alterativa de lo
siempre Distinto, de culturas universales en proceso de desarrollo, que asumen los
desafíos de la Modernidad, y aún de la Post-modernidad europeo-norteamericana, pero que responden desde otro lugar, other Location. Desde el lugar de sus propias
experiencias culturales, distinta a la europeo-norteamericana, y por ello con capacidad de responder con soluciones absolutamente imposibles para sola cultura moderna. Una futura cultura trans-moderna, que asume los momentos positivos de la Modernidad (pero evaluados con criterios distintos desde otras culturas milenarias), tendrá una pluriversidad rica y será fruto de un auténtico diálogo intercultural, que debe tomar claramente en cuenta las asimetrías existentes, no es lo mismo ser un “centro-imperial” a ser parte del “coro-central” semiperiférico –como Europa hoy, y más desde la Guerra de Irak en 2003- , que mundo post-colonial y periférico (Dussel, 2005:17)

    Finalmente, y en este punto de la discusión, hay la necesidad de un autodescubrimiento de nuestros propios valores; dejando de lado las apologías; la interpretación liberal eurocentrista que se pretende moderna; y hacer una hermenéutica desde nuestra realidad dentro de nuestra realidad  cultural; ver nuestra cultura desde la exterioridad de la modernidad; observar nuestros valores olvidados, nuestra tradición olvidada  por la modernidad; quizá caminar hacia la utopía trasn-moderna; hacia una cultura desconolizada y novedosa. 

 

 

 

Bibliografía

 Dussel Enrique. TRANSMODERNIDAD E INTERCULTURALIDAD

(Interpretación desde la Filosofía de la Liberación) UAM-Iz., México City, 2005



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