Este texto trata sobre el tópico que denota su título y desde el enfoque que Enrique Dussel da desde una Filosofía de la liberación; esto es, una filosofía que supere los límites del reduccionismo cultural dependiente, postcolonial, postcapítalista; y, que arribe a una transmodenidad que reconozca el diálogo multicultural o, e intercultural.
Un diálogo intercultural (que) deber ser transversal, es decir, debe
partir de otro lugar que el mero diálogo entre los eruditos del mundo académico
o institucionalmente dominante. Debe ser un diálogo multicultural que no presupone
la ilusión de la simetría inexistente entre las culturas. (Un) diálogo crítico intercultural
con intención de trans-modernidad (Dussel, 2005:18)
Hay que tener en cuenta que, para llegar a
este punto Dussel hace una revisión amplia de cultura desde sus orígenes
primarios hasta la invasión de América por occidente; y todo ello sin dejar de
lado la proto-historia; y la intención
-de entrada- es buscar una identidad que rompa con el eurocentrismo y el
enfoque colonial desarrollista.
Además, con preguntas específicas que
buscan responder a: ¿Quiénes somos culturalmente? ¿Cuál es nuestra identidad
histórica?; y para responder a estas cuestiones hace un recorrido sobre los diversos
modelos o, y paradigmas; a saber, el sustancialista eurocéntrico y cuyo
carácter era universal y nacionalista; el reduccionismo historicista; el
desarrollista; el modelo de la cristiandad; el paradigma centro-periferia de la
década de los sesentas y su relación con la teoría de la dependencia, no como
diálogo intercultural sino como dominación-dependencia; cabe señalar dentro de
este grupo de ideas que una Filosofía de la liberación, más allá del
culturalismo de los años ochentas,
retoma las categorías de sociedad política y sociedad civil; y entonces
se piensa la cultura desde una clase determinada o, y de intereses de clase,
grupos, sexos, etc.
Dicho de otra forma, la visión de cultura
distingue entre cultura imperial, cultura ilustrada y liberación popular de la
cultura. En este sentido se habla del agotamiento del modelo neocolonial y el
arribo de una cultura imperial de centro, esto es, centro-periferia (América
Latina, África, Asia y Europa oriental como periferia); no hay dialogo es una
explotación o, y dominación y aniquilamiento. En este sentido la filosofía de la
liberación o, y crítica,
debía generar una nueva élite cuya “ilustración” se articulara a los intereses
del bloque social de los oprimidos (que para A.Gramsci era el popolo). Por ello
se hablaba de una “liberación de la cultura popular”:
“Una es la revolución patriótica de la liberación nacional, otra la
revolución social de la liberación de las clases oprimidas, y la tercera es la
revolución cultural. Esta última se encuentra en el nivel pedagógico, el de la
juventud y el de la cultura” (Dussel, 2005:7)
Es evidente que esta tendencia busca romper
no solo con el imperialismo cultural, sino que a su vez supera al desarrollismo
cultural y está a favor del proyecto de liberación cultural que cuestiona a una
“cultura de masas alienada”.
Por tanto se habla sí de un “sujeto
histórico”: el pueblo, los oprimidos y cuya función histórica es
revolucionaria; luego de la modernización y la revolución cultural, biene la
globalización y la discusión multicultural liberal y el imperio liberal militar
del imperio norteamericano, y en este
contexto Dussel se plantea el problema de las culturas no europeas.
En consecuencia, se replantea el problema
conceptual de modernidad, posmodernidad, postmodernidad, y transmodernidad, al
respecto señala que vivimos la necesidad de reconstruir o, y de reconstruirnos
desde el “exterior”; esto es, desde una perspectiva mundial, que no es otra que
la trasmodernidad; y en este tenor, el tema de la cultura es la crítica de la
multiculturalidad, y el sistema mundo abarca todos los continentes.
En principio, la modernidad en América
Latina nos dice, inicio con la llegada de los peninsulares; y duró trecientos
años, favoreció a sí el desarrollo del capitalismo, por lo que modernidad y
colonialismo son aspectos de una misma realidad cultural; sin embargo en su
análisis no deja de lado el legado de la ilustración y de la revolución
industria, pues no se puede prescindir del “occidentalismo”.
No obstante a lo dicho hasta ahora, hay en
el proceso una tendencia hegemonía cultural norteamericana, esto es, una
gestión monopolar en el poder global: la imposición de un occidentalismo cada
vez más norteamericano.
En resumidas cuentas una nueva hipótesis
sería que,
la Modernidad (el capitalismo , el colonialismo, el primer sistema-mundo)
no es coetaña a la hegemonía mundial de Europa, jugando la función de “centro”
del mercado con respecto a las restantes culturas. “Centralidad” del mercado mundial
y Modernidad no son fenómenos sincrónicos. La Europa moderna llega a ser “centro”
después de ser “moderna”. Para I. Wallerstein ambos fenómenos son coextensivos
(por ello posterga la Modernidad y su centralidad en el mercado mundial hasta
la “Ilustración” y el surgimiento del liberalismo). Por mi parte pienso (dice
Dussel) que los cuatro fenómenos (capitalismo, sistema-mundo, colonialidad y
modernidad) son coetaños (Dussel, 2005:16)
Aquí, es claro el poder económico y
político que ejercen las culturas centrales para acumular riqueza y despreciar
lo no útil; se desprecia la exterioridad, de ahí que se trata de una
“identidad” en sentido de proceso y crecimiento pero siempre como una exterioridad.
En suma, el concepto de transmodernismo sería
la etapa final de la cultura moderna europeo-norteamericana, y del “centro” de
la Modernidad; en consecuencia la transmodernidad,
indica esa radical novedad
que significa la irrupción, como desde la Nada, desde Exterioridad
alterativa de lo
siempre Distinto, de culturas universales en proceso de
desarrollo, que asumen los
desafíos de la Modernidad, y aún de la Post-modernidad
europeo-norteamericana, pero que responden desde otro lugar, other
Location. Desde el lugar de sus propias
experiencias culturales, distinta a la europeo-norteamericana, y
por ello con capacidad de responder con soluciones absolutamente
imposibles para sola cultura moderna. Una futura cultura trans-moderna, que
asume los momentos positivos de la Modernidad (pero evaluados con criterios distintos desde otras culturas
milenarias), tendrá una pluriversidad rica y será fruto de un auténtico diálogo
intercultural, que debe tomar claramente en cuenta las
asimetrías existentes, no es lo mismo ser un “centro-imperial” a ser parte del “coro-central” semiperiférico –como Europa hoy, y más desde la
Guerra de Irak en 2003- , que mundo post-colonial y periférico
(Dussel, 2005:17)
Finalmente, y en este
punto de la discusión, hay la necesidad de un autodescubrimiento de nuestros
propios valores; dejando de lado las apologías; la interpretación liberal
eurocentrista que se pretende moderna; y hacer una hermenéutica desde nuestra
realidad dentro de nuestra realidad
cultural; ver nuestra cultura desde la exterioridad de la modernidad;
observar nuestros valores olvidados, nuestra tradición olvidada por la modernidad; quizá caminar hacia la
utopía trasn-moderna; hacia una cultura desconolizada y novedosa.
Bibliografía
Dussel Enrique. TRANSMODERNIDAD E INTERCULTURALIDAD
(Interpretación desde la Filosofía
de la Liberación) UAM-Iz., México City, 2005

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