miércoles, 23 de junio de 2021

Infierno



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Abril, 2017


Imagen de portada e interiores: Erick Gabriel Núñez Rangel  


Prólogo

En Infierno el asunto es lo humano ya que no es sólo uno el tema que nos ocupa en su lectura. Todo gira en torno a la figura enigmática y poética de Luz María Regio Montero, y a partir de ella se suceden los demás personajes, nudos y tensión: Un narrador personaje, Rocaendo, Ceferino Epifanio, Ventura, ldalecio, Antonio Chucho; Ester, Francisca, Azucena Vidriera, La Serrana; en fin, una polifonía de voces que como sueño o canción se escuchan en un sitio cuyo signo es la desventura y su eco: El Salitre. 
     El tiempo y el lugar parecen eternos; una eternidad de seres inmortalizados por su desgracia y sino predecible, condenados a consumirse irremediable en la nada: el peso. Acaso, es la levedad del alma inmortal lo que los salva del abismal destino humano: la destrucción.  Promiscuidad, incesto y miseria: violencia y poder; como amalgama, como un cuadro o estampa dramática. Arte por donde quiera que se mire, se lea o interprete. Una pieza única que no pierde unidad, aún si se le tiene de cabeza. No se puede dejar de ver si se le pone boca abajo; o contra la pared, o si se cuelga como un retrato de familia; seguirá siendo, de cualquier manera,  un ejemplar en una  sola pieza, de ahí, su magia y su arte; sus infinitas lecturas e interpretaciones. Narratología y narraturgia,  porque mantiene al lector en el umbral mismo de la conciencia del personaje principal; de su mirada y de los personajes que encierran su drama. 
     En esta novela  la narrativa fluye libre y  nos arrastra en su río de significaciones conmovedoras, en su fuerza expresiva con tintes líricos  que nos lleva inevitablemente  a seguir leyendo – no es la simple fábula; el autor entonces, emula a las vacas sagradas, a un  legado  o  quehacer literario,  que es herencia que se ha imitado a lo largo del tiempo,  y que nos enriquece y nos llega desde la misma poética aristotélica o isabelina con Shakespeare;  y que, arriba hasta  la narrativa actual; se nos muestra así, un relato  moderno ambientado en un contexto rural de desgracias humanas. 
     No es sólo el asunto el que arrastra al lector o  a los personajes en la ación narrativa donde escuchamos ese eco o leimotiv;  o la  voz del relato en  algunas de sus modalidades discursivas;  o, del personaje central  que ha de vivir  su drama y someter la trama del relato a su antojo o a su caída: es la vida trágica, la trágica vida. Un  juego narrativo ya viejo, de 1963; un laberinto de posibilidades de  fabular; o quizá y sí, esa idea de un lector activo;  un infinito de caminos y encuentros y desencuentros de narrar y narrarnos , de ser narrados; de reinventarnos, y que  mientras haya memoria y exista el género humano y la historia, entonces vivirá la  literatura;  o por otro lado, la discusión del quizá irremediable fin de la novela o de la historia ya que todo ha sido contado o vivido: ¿Será...?
    Aparece  aquí, la idea filosófica o el trasfondo literario de levedad versus peso; de romper con la linealidad del tiempo del relato y la acción, o de la lectura. Encontramos un quehacer literario que no pude eludir al arte de contar y contarse en su narratividad o dramaticidad, ni en su  contenido social tan determinista como nuestro lenguaje; y mucho menos, dejar de lado,   la reflexión de lo metaliterario y lo metalingüīstico. 
     Gabriel Núñez Palencia, nos deja ver en Infierno –novela que ha de expandirse como pólvora- que es tiempo de seguir experimentando con el legado y la herencia de esos grandes mounstros del quehacer literario americano, latinoamericano u occidental; pues empero,  nada está acabado en el trabajo de contar y contarnos, mientras existamos como especie que significa; y, en tanto que, el lenguaje se siga experimentando como una realidad inagotable de posibilidades de relatar  e  interpretarnos.

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