viernes, 20 de mayo de 2022

Prometeo

Prometeo: la fuente del fuego, dádiva de sabiduría para los mortales.


Otros pueblos tienen santos; los griegos
tienen sabios.

F. NIETZSCHE
“La filosofía en la época trágica de los griegos”

 

 

Por qué la sabiduría es un privilegio, un celo de los dioses; por qué Prometeo hace injusticia, transgrede un orden divino y  hurta el fuego, signo del conocimiento; qué tipo de saberes obsequia a los simples mortales, acaso es sabiduría lo que reciben  de los dioses; cómo se concibe a los mortales. Qué encontramos en la obra de Esquilo,  cuál era la finalidad de la literatura griega y cuál es su relación con el tópico que nos ocupa, es el pueblo su interlocutor, el que recibe el fuego, el obsequio divino. Por qué la sabiduría no puede ser concebida como conocimiento; es, entonces, la filosofía conocimiento o,  y sabiduría, y se encuentra esta última en la mitología.

    Este texto tiene por objetivo ahondar en el legado de la antigua Grecia, su sabiduría, y para ello he de recurrir a la dramática esquiliana, en particular a su obra “Prometeo encadenado”; y los cuestionamientos líneas arriba han de guiar mi análisis. Asimismo, hemos de iniciar señalando que la idea de sabiduría se suele ubicar en una época arcaica anterior a los filósofos físicos o presocráticos; esto significaría que habría que hacer una distinción entre concepciones históricas del término sabiduría; según Carlos García Gual (1988): 1) una sabiduría primitiva; 2) luego, una shopía productora de técnica; 3)  la de una sabiduría politiké o cívica, en su afán civilizador, ético y de marco legal -aquí la filosofía se vuelve teórica y especula acerca de lo natural;  4)  la de los presocráticos dedicados a la investigación de la naturaleza; y, 5) la etapa de los filósofos, y con ellos se ha transcender la experiencia inmediata y su reflexión se ha de elevar a un estadio superior  de lo trascendente e inmutable, en Aristóteles en su metafísica,  y luego en el nacimiento de la filosofía teológica.

     Vale la pena decir, que en esta clasificación hay una idea de progreso humano, una idea civilizadora que se esboza en el drama esquiliano o mito del Prometeo, “la verdadera historia comprimida de la civilización contada por el civilizador, que ha legado a los hombres la construcción, las artes de la madera, la astronomía, la ciencia del número […], el alfabeto, la ganadería, el transporte, la navegación, la medicina, la adivinación y la minería” (Esquilo, 1986:188).

     En otras palabras, Esquilo, partidario de un espíritu nacionalista, democrático y de odio a la tiranía,  había de plasmar esa ideología en su Prometeo encadenado; el héroe es víctima de la tiranía de Zeus; hay en el drama una extrapolación de lo  político a lo teológico, y los episodios nos ofrecen materia para la reflexión: sobre el héroe víctima, sobre su empeño civilizador y su defensa de los humanos, su dadiva o legado (shopía o shopós), su inmortalidad y su rebeldía.

      Hay que hacer notar la distinción  entre shopía o shopós ya que es indispensable para el tópico que nos ocupa: en el contexto arcaico en que ha de surgir la filosofía (“el amor por la sabiduría”) se vive un periodo de transición y de crisis  axiológico; hay convulsiones económico-sociales y surge un nuevo orden que apela a la razón como principio que se antepone al mito.

     En la época arcaica la sabiduría era un paradigma de la sensatez y se expresaba a través de proverbios, máximas, aforismos, apotegmas y sentencias; en el  estadio de los filósofos: el “conócete a ti mismo” y el “nada en exceso” (máximas de Delfos), son sólo dos ejemplos. La idea central es que estas y otras enseñanzas son atemporales y son de fácil comprensión, tienen certeza. Éstas son consideradas una amalgama de hechos históricos e innumerables leyendas, como la de Prometeo, y tienen una influencia popular como el teatro helénico e, incluso llegan a la educación grecolatina, y más aún,  a la actualidad.

     Ahora bien, estas enseñanzas se hicieron famosas y dieron fama a héroes y dioses, a filósofos; pero, la sabiduría del sentido arcaico ha mudado, y los sabios ciertamente se ubicaban en un  pasado arcaico y mitológico, muy alejado de los holizoistas o filósofos materialistas; es un shopós que se refiere a un tipo de sabiduría diferente, como la que se observa en la obra esquílea del Prometeo.

     Dicho de otra forma, los sabios se distinguen de los héroes de antaño, pues no son guerreros sino que se empeñan por construir un orden social, una ciudad que apele a la justicia; y junto a poetas y dramaturgos, estos sabios postreros rompen con el pasado y ahora les importa más el respeto a la justicia y el cuidado de la hacienda, la economía del dinero (Jenofonte), la riqueza (Chrémat’anér).

Lo importante en este tiempo es la            apreciación de que la riqueza no es         ya la abundancia, el ploûtos, sino   los bienes de         uso, los chrémata, y que por ellos se define [a] un hombre. No por sus antepasados, ni por su valor para la guerra, sino por sus chrémata. El valer de un hombre se cotiza ya mediante  un patrón lejano al de la época heroica y aristocrática en esta sociedad, arcaica, pero progresista (García, 1988:5)

     A lo anterior se puede decir que esta sabiduría es una sabiduría práctica  abierta a la técnica y a las nuevas ideas económicas de lucro y progreso; así el sabio domina una técnica y es útil a la economía de las ciudades, contribuye a aumentar los tesoros (Jenofonte); los sabios son de provecho a la ciudad y en su mayoría saben de política, otros fueron jueces o legisladores (Bías, Tales y Solón).

     La idea central es que, la civilización corre de la mano de la  shopía y es guiada por ella hacia un desarrollo civilizador; la sabiduría entonces, es la inventora de lo útil, y en este sentido Aristóteles acierta en que el sabio, el shopós, se entiende como el arte o, y técnica que es un saber practico e útil,  y el         artesano o artista que sobresale en su labor            merece el  calificativo de sabio.

De [esta] suerte —sigue Aristóteles— que      es evidente que la sabiduría            es la más exacta  de las            ciencias. Así,            pues, el sabio            no solo debe conocer           lo que            se sigue de los principios, sino además poseer la verdad sobre los            principios. De       manera            que la            sabiduría será intelecto y ciencia, una especie de ciencia capital de los objetos más honorables (García, 1988:13).

     En efecto, poetas, dramaturgos y épicos son los portadores de una sabiduría solemne y religiosa y tradicional; pero, también política, y sin embargo la sabiduría cambia y se vuelve abstracta, y nos dice B. Snell - citado por Carlos García Gual- que:

Los griegos primitivos llamaban al que tenía  alguna habilidad, al    que tenía la ciencia teórica y la capacidad  práctica para     emplear los medios adecuados a la  consecución de un fin propuesto, sophós, sabio. Pero  también es «sabio» el         poeta, al que            las musas le otorgan el saber y  le dan una lengua elocuente para poder            contar            bellamente y alegrar el corazón de los hombres. Los griegos posteriores a            Homero crearon un  concepto de la    actividad cognoscitiva enteramente nuevo, que se manifiesta en la         manera como evoluciona la idea de sophía, sabiduría. El    nuevo conocimiento se desarrolla como una crítica  a esta sabiduría, la cual no es ni un medio para un        fin, ni una sabiduría revelada como don de la divinidad. Hasta se dejan oír palabras duras contra  la sabiduría de Homero. En este aspecto la posición de los griegos era menos comprometida que la de otros pueblos; su libro fundamental y básico no insistía particularmente             en la idea de que fuera portador de una      verdad revelada. Es verdad que los poetas invocan           a las musas y experimentan su ayuda, pero las mismas musas no hacen su aparición para explicar algo y garantizar así directamente con su autoridad verdad alguna (García, 1988:14).

     Lo más importante es que, la nueva shopía se apoya en la experiencia racional y en el logos. La ficción, la épica, lírica y el teatro quedan atrás y en lo sucesivo los filósofos tiene el poder –la ficción es expulsada por impía y embaucadora. El logos tiende a la abstracción universal. Sin embargo, afirma Carlos García Gual que, “cuanto mayor es la fuerza de la inteligencia, más insegura parece la filosofía” y por ello afirma que ahora no hay shopía ya que únicamente nos queda un “amor a la sabiduría”; una philo-shopía ; entonces, como predicaba Pitágoras sólo dios es sabio, o como sentenciaba ya Heráclito, el pensar con sensatez sería las mayor virtud (arteté); así, la sabiduría seria decir la verdad y el actuar de acuerdo a la naturaleza y atenderla. En este contexto, cordura, templanza y sensatez (sophrosyne) nos hacen sabios; y en suma, la unión de sophrosyne y de sohpía hace a la sabiduría que es ahistórica o, y atemporal.

     Acerca del Prometeo, que retomo para su análisis, el héroe o titán roba el fuego, la llama del shopós y la da a los humanos;  traspasa los límites de la justicia de Zeus y es condenado a montar guardia encadenado a una roca, siempre de pie, sin doblar las rodillas, sin dormir y expuesto a los rayos del sol; y que en la sentencia y vos de Fuerza, se enfatiza: “para que aprenda [y] que a pesar de ser sabio es más torpe que Zeus.

Sí. Dentro de una caña robé la recóndita fuente del fuego que se ha revelado como maestro de todas las artes y un gran recurso para los mortales. Y por esta falta sufro el castigo de estar aherrojado mediante cadenas a cielo abierto (Esquilo, Prometeo 1986:110).

     Hay que tener en cuenta que el héroe, no sólo hace esta dádiva, sino que había evitado que Zeus destruyera a los humanos; Prometeo efectivamente como lo afirmo líneas atrás, es un civilizador que nos da cuenta de su historia de progreso:

Lo que preguntáis, la causa por qué me atormenta [Zeus], os la aclararé. Tan pronto como él [Zeus]  se sentó en el trono que fue de su padre, inmediatamente distribuyó entre las distintas deidades diferentes fueros, y así organizó su imperio en categorías, pero no tuvo para nada en cuenta a los infelices mortales; antes, al contrario, quería aniquilar por completo a esa raza y crear otra nueva. Nadie se opuso a ese designio, excepto yo. Yo fui el atrevido que libré a los  mortales de ser aniquilados y bajar al Hades. Por ello, estoy sometido a estos sufrimientos, dolorosos de padecer, compasibles cuando se ven. Yo, que tuve compasión de hombres, no fui hallado digno de alcanzarla yo mismo,  sino que sin piedad de este modo soy corregido, un espectáculo que para Zeus es infamante (Esquilo, Prometeo, 1986:230,235 y 240).

      Esto es, da esperanza a la raza humana, y gracias al fuego aprenderán las artes; les hace ver, oír, y les da lo que los sabios (shopós) han descubierto como el número que Pitágoras pone sobre todas las cosas; el lenguaje escrito; es decir, la humanidad no estaba provista de entendimiento, era como animales, hormigas que se conducen al azar; los hace seres “dotados de inteligencia, y señores de sus afectos” (Prometeo: 440)

     Y, en efecto, les da el remedio, la medicina; los artificios y la experiencia racional del logos, como lo señalo líneas atrás; empero, el héroe civilizador hace que la shopía vaya de la mano del shopos, es parte del proceso civilizador y el arte y la ciencia es un saber práctico e útil; y en este contexto los artista y artesanos serán sabios.

    Como podemos observar, en el drama esquíleo,  los interlocutores del héroe son dioses; hay una extrapolación de lo político a lo divino, reitero; y sin embargo, se nos presenta una visión legendaria y mítica, una idea épica del progreso humano; es el héroe un pionero de esa ruptura entre el mito y la filosofía; esto es, ubico al Prometeo, al drama esquíleo, en las categorías 2, 3 y 4 de la evolución histórica del concepto shopía o y shopós de Carlos García Gual; es decir, una shopía productora de técnica; luego, como una sabiduría politiké o cívica, en su afán civilizador, y ético; para finalmente ser, una la investigación de la naturaleza de las cosas naturales y practicas útiles para el progreso.

     En suma y para finalizar, la filosofía es conocimiento, pero desde la línea reflexiva que me ocupa, también es sabiduría, shopía  o, y shopós; y,  en la misma tesitura se le encuentra en la lírica, épica y drama griego (en el drama esquíleo);y, abrevamos sabiduría de los sabios arcaicos y sus proverbios, máximas, aforismos, apotegmas y sentencias; y de los presocráticos que nos abrieron el conocimiento a la naturaleza abrevamos; del periodo mitológico de Homero y Hesíodo, de las Escuelas monistas, de la  jónica y la pitagórica; de la de Éfeso, la de Elea; en el periodo pluralista jónico y atomista; en la sofista, la socrática; de la Academia y el Liceo abrevamos también; y, por último de las escuelas helenísticas; ya que como lo digo líneas atrás; empero, en la etapa de los filósofos, únicamente,  se ha de transcender la experiencia inmediata y su reflexión se ha de elevar a un estadio superior  de lo trascendente e inmutable.

    

    

 

 

 

Fuentes y referencias

Engels, Johannes. Los Siete Sabios de Grecia. Crítica. Barcelona, 2010.

Esquilo. Tragedias. Gredos. España, 1986.

Fernández, Viejo Salustiano. Historia de la filosofía. http://mimosa.pntic.mec.es/~sferna18/materiales/salus2/HISTORIA_DE_LA_FILOSOFIA.pdf. Diciembre 2 de 2021.

García, Gual Carlos. Los siete sabios (y tres más). Col. Clásicos de Grecia y Roma. Gredos. España 1988.

Riso, Walter. El  camino de los sabios. Filosofía para la vida. Océano. México 2000. 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario