Entrar en la vida de ella no era como entrar y abrir sólo una puerta o una ventana y ver el día, o cerrarla y dar una bienvenida a la noche; o bien esperar la primavera o tener frío en invierno, no, no; entrar a su vida era como querer besar el universo, como añorar ir con ‘La Félix ‘ a beber café o champán una noche.
No se puede tocar el cielo, ni tapar una luna llena iluminada con el pulgar, nones; nunca se abriría ese umbral para adentrarse o descifrar el enigma del amor, del venenoso amor por una mujer; así que decidí vivir en ese sueño mágico, en ese ideal de muñeca de aparador, de ángel caído del cielo con labial rojo en el beso, con medias negras y vestido oscuro.
Le fui armando hasta las riumas; hasta el seso y el tuétano; le amé en todas las mujeres con que hablé, en cualquier voz femenina le oí. En cualquiera le vi; en esos ojos cosméticos le miré, y le amé hasta la embriaguez. Luego, tenía todos los nombres: Luisa, Maura, Nohemí, Ofelia, Patricia, Regina, Sofía, Tania, Úrsula, Verónica, Ximena, Yolanda, Zoila…; Azucena, Beatriz, Carolina, Daniela, Esther,…
Han pasado los años y los días y las semanas y los meses, y las horas, minutos y segundos; la conocí mozo y moza ella, y, entonces, ya maduro yo; señora ella, le vi caminar por una acera; iba tan apurada ella, tan sorprendido yo; qué, todo se derrumbó, café bebo cada noche; nunca he probado el champán; he conocido más de cincuenta primaveras y he tenido mucho frío; he tocado invariablemente el cielo azul con mis ojos oscuros; no sólo he tapado el sol, la luna llena con mi pulgar; y ahora la muñeca de aparador, el ángel caído con labial rojo me arropa a cada noche; he sido amado hasta las riumas, hasta el seso y el hueso; luego, he tenido a la mujer hasta en vigilia o sueños, y tiene todos los nombres que dije atrás.
Siguen y seguirán pasado los años y los días y las semanas y los meses, y las horas, minutos y segundos; y sé bien qué, la conocí mozo y moza ella, y empero; luego entonces, ya maduro yo; señora ella, le vi caminar por una acera; iba tan apurada ella, tan sorprendido yo; qué, todo se derrumbó; y hoy por hoy -café bebo cada noche; nunca he probado el champán; he conocido a más de cincuenta primaveras y he tenido mucho frío siempre; he tocado invariablemente el cielo azul con mis ojos oscuros; no sólo he tapado el sol, la luna llena (su rostro de ella) con mi pulgar; y la muñeca de aparador, el ángel caído con labial rojo me arropa a cada noche, sí, sí , sí… ; he sido amado hasta las riumas, hasta el seso y el hueso; luego…, he tenido a la mujer hasta en vigilia o sueños, y tiene todos los nombres que dije atrás…
(Cuentos del Silencio 2022)
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