domingo, 8 de mayo de 2022

Ensayo literario


'No se puede escribir desde la nada y desde la soledad,  un libro vacío'

 

Usted, Octavio Paz,   se equivocó al confirmar que “usted Vincens escribe desde la nada”. Usted, Josefina se equivoca al titular su novela: El libro vacío. No se puede escribir desde la soledad y  la nada. El escritor desde su aura de divinidad  omnisciente escribe, muestra su interioridad y su ser en el Mundo; su ser como y  con los otros que le pueden o no ser indiferentes o parte de una maquinaria absurda que lo aplasta y  lo tritura; más aún, José García, el protagonista y héroe  de la novela, escribe desde su  vida interior, desde el desasosiego, desde su ficción hecha realidad o soledad. La soledad requiere del ser y de la otredad para denotar o connotar  su propia existencia vacía, ese sentimiento de vaciedad que es con relación al todo, a las otras  u otros.

 

El existencialismo como  una reflexión ontológica del yo y la otredad, requiere de la intimidad que no puede ser vacía,  porque se tiene intimidad en relación al otro u otra, o sus plurales o iguales. Se tiene intimidad ante lo individual-social.  Josė García (y quizá usted Josefina)  se ve en  un espejo,  en el que simplemente no encuentra su reflejo y no se ve,  ni siquiera se gusta ni mira bien, y usted Paz se atreve a decirle a Vicens:

 

“_¡Es  magnifico!, es una verdadera novela Josefina, con el tema de la nada creas desde la intimidad,  las reflexiones de tu héroe que siempre están frente a la pared de la nada...”

 

_¡No, no señor Paz, usted desde su laberinto de soledad, desde su paz ahora tan solemne y silenciosa, desde  su muerte pues –no desde la nada por que alguna vez fue-  y aún existe y habla, es y sigue siendo voz eterna, usted fue premio novel y su laberinto nace en los años cincuentas del siglo pasado y aún se sigue transitando por él.  Su carta prefacio a Josefina es perenne como sus letras, y mientras existamos como humanidad usted, ella y el desasosegado José, serán y vivirán aún en su laberinto de la soledad. El  escritor nunca ha escrito desde la nada, ni siquiera a  sus héroes, miedos o demonios, a su religiosidad; se escribe desde un actuar real o ficticio, desde el mito y las leyendas que son los Titanes de la literatura, y que a fin de cuentas son nudo y clímax; tensión y distención: vida y conciencia; necesidad de escribir y escribirse, acaso significar; amor, vida y  muerte u odio así mismo, o todo a la vez; ontología y cosmología: religiosidad.  Alguien que no sabe para quién escribe le  pregunto, existe o  no aún en su ficción. ¿Tú qué dices a esto  José?:

 

“_Yo, en principio no sé para quién escribir, ese es mi dilema”, y sí, eso mismo supone la existencia de los otros y otras. ¡Es desesperante!, pero ¿por qué entonces esta necesidad imperiosa de escribir?...

 

_Porque  buscamos significados, somos simbólicos, en consecuencia no se   escribe desde el vacio, escribes desde tu ser real o ficticio y con relación a  los otros y las otras; te divides en dos sí, y haces tus borradores y cuadernos existenciales y fraccionas tu mundo, lo despedazas, ¡claro, crees tener esos dos cuadernos en qué  escribir y  escribirte; y nos escribes!. Quieres escribir algo milagroso, la palabra no común o sonido  mil veces escrito,   dicho y leído por otros como  rito sacro. Así lo dices en tu discurso: “¡que sorprenda y golpee”; reiteras!, ¿a quién quieres sorprender y golpear, acaso no es a ti mismo,  a la otredad?. No, no escribes desde la nada José, o desde la soledad. Tú y tu libro son muy humanos, no es un libro vacío te equivocas y se equivoca el señor Paz al reafirmarlo y Josefina al nómbralo.

 

“_¡Ah, quisiera poder explicar lo patético de este enlace¡. No sé si es esta mitad de mí, esta con la que creo contar...”

 

_Con  lo que debes contar es con el hecho de que sufres y sientes dolor. Existes  porque te interrogas y te embriagas, eres un alcohólico de banqueta que justificas tu embriaguez diciendo: es un cambio de sentido, no soy yo el que cambia, las cosas tienen por sí otro sentido, y yo no percibo la mecánica del cambio, ¡me siento bien, no porque recuerde que antes me sentía mal y note la diferencia¡. No, me siento bien sencillamente. ¡Pamplinas, eres un borracho y punto! ¡Un ser contradictorio y escribes desde tu humanidad que es una contradicción como todo el género humano y todo lo simbólico, incluida la ficción!.  ¿Qué podemos concluir entonces señores?

 

Que es más claro que el aire que fluye por todos lados de la ciudad más transparente, por nuestra Universidad, la Autónoma de la Ciudad de México, la UACM. Para Milan Kundera, la novela es una sonda existencial. Para Paz la vida es un Laberinto de la Soledad, y usted Josefina Vincens cree haber escrito El libro vacío, en donde José García escribe de su vida con los otros y otras, incluso el señor contradicción es casado, y sí, lo afirma: ¡me siento profundamente solo!. Pero, es en relación a los otros u otras a su vida llena de contenidos quizá equívocos o no, incluyendo a su familia, ¡de él claro!; a los que considera como extraños, pero iguales y de los que reconoce que nunca sabrá nada de ellos. El señor contradicción se siente extrañamente solo,  y cree que los demás se sienten igual que él, les quiere dar el calor humano que no  da a los de su casa, incluidos sus hijos y su mujer, ¡no a  los nuestros, ni mucho menos  a nuestra pareja  claro esta,  a esa le damos calor nosotros; sí, por supuesto!...

 

Reitero señores: La soledad requiere del ser y de la otredad para denotar su propia existencia y significado vacío; de  ese sentimiento de vaciedad que es con relación al todo, a las otras  u otros. Los Titanes de la literatura: mitos y leyendas, y sus hijos excelsos, es decir lo que escribimos los escritores como nosotros, los de la UACM, son y somos signos y símbolos;  ontología, existencia, cosmovision  y cosmología: religión y muchas letras.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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