'No se puede
escribir desde la nada y desde la soledad,
un libro vacío'
Usted, Octavio
Paz, se equivocó al confirmar que “usted
Vincens escribe desde la nada”. Usted, Josefina se equivoca al titular su
novela: El libro vacío. No se puede escribir desde la soledad y la nada. El escritor desde su aura de
divinidad omnisciente escribe, muestra
su interioridad y su ser en el Mundo; su ser como y con los otros que le pueden o no ser
indiferentes o parte de una maquinaria absurda que lo aplasta y lo tritura; más aún, José García, el protagonista
y héroe de la novela, escribe desde
su vida interior, desde el desasosiego,
desde su ficción hecha realidad o soledad. La soledad requiere del ser y de la
otredad para denotar o connotar su
propia existencia vacía, ese sentimiento de vaciedad que es con relación al
todo, a las otras u otros.
El
existencialismo como una reflexión
ontológica del yo y la otredad, requiere de la intimidad que no puede ser vacía,
porque se tiene intimidad en relación al
otro u otra, o sus plurales o iguales. Se tiene intimidad ante lo
individual-social. Josė García (y quizá
usted Josefina) se ve en un espejo,
en el que simplemente no encuentra su reflejo y no se ve, ni siquiera se gusta ni mira bien, y usted
Paz se atreve a decirle a Vicens:
“_¡Es magnifico!, es una verdadera novela Josefina,
con el tema de la nada creas desde la intimidad, las reflexiones de tu héroe que siempre están
frente a la pared de la nada...”
_¡No, no señor
Paz, usted desde su laberinto de soledad, desde su paz ahora tan solemne y
silenciosa, desde su muerte pues –no
desde la nada por que alguna vez fue- y
aún existe y habla, es y sigue siendo voz eterna, usted fue premio novel y su
laberinto nace en los años cincuentas del siglo pasado y aún se sigue
transitando por él. Su carta prefacio a
Josefina es perenne como sus letras, y mientras existamos como humanidad usted,
ella y el desasosegado José, serán y vivirán aún en su laberinto de la soledad.
El escritor nunca ha escrito desde la
nada, ni siquiera a sus héroes, miedos o
demonios, a su religiosidad; se escribe desde un actuar real o ficticio, desde
el mito y las leyendas que son los Titanes de la literatura, y que a fin de
cuentas son nudo y clímax; tensión y distención: vida y conciencia; necesidad
de escribir y escribirse, acaso significar; amor, vida y muerte u odio así mismo, o todo a la vez;
ontología y cosmología: religiosidad. Alguien
que no sabe para quién escribe le
pregunto, existe o no aún en su
ficción. ¿Tú qué dices a esto José?:
“_Yo, en
principio no sé para quién escribir, ese es mi dilema”, y sí, eso mismo supone
la existencia de los otros y otras. ¡Es desesperante!, pero ¿por qué entonces
esta necesidad imperiosa de escribir?...
_Porque buscamos significados, somos simbólicos, en
consecuencia no se escribe desde el
vacio, escribes desde tu ser real o ficticio y con relación a los otros y las otras; te divides en dos sí,
y haces tus borradores y cuadernos existenciales y fraccionas tu mundo, lo
despedazas, ¡claro, crees tener esos dos cuadernos en qué escribir y
escribirte; y nos escribes!. Quieres escribir algo milagroso, la palabra
no común o sonido mil veces
escrito, dicho y leído por otros
como rito sacro. Así lo dices en tu
discurso: “¡que sorprenda y golpee”; reiteras!, ¿a quién quieres sorprender y
golpear, acaso no es a ti mismo, a la
otredad?. No, no escribes desde la nada José, o desde la soledad. Tú y tu libro
son muy humanos, no es un libro vacío te equivocas y se equivoca el señor Paz
al reafirmarlo y Josefina al nómbralo.
“_¡Ah,
quisiera poder explicar lo patético de este enlace¡. No sé si es esta mitad de
mí, esta con la que creo contar...”
_Con lo que debes contar es con el hecho de que
sufres y sientes dolor. Existes porque
te interrogas y te embriagas, eres un alcohólico de banqueta que justificas tu
embriaguez diciendo: es un cambio de sentido, no soy yo el que cambia, las
cosas tienen por sí otro sentido, y yo no percibo la mecánica del cambio, ¡me
siento bien, no porque recuerde que antes me sentía mal y note la diferencia¡.
No, me siento bien sencillamente. ¡Pamplinas, eres un borracho y punto! ¡Un ser
contradictorio y escribes desde tu humanidad que es una contradicción como todo
el género humano y todo lo simbólico, incluida la ficción!. ¿Qué podemos concluir entonces señores?
Que es más
claro que el aire que fluye por todos lados de la ciudad más transparente, por
nuestra Universidad, la Autónoma de la Ciudad de México, la UACM. Para Milan
Kundera, la novela es una sonda existencial. Para Paz la vida es un Laberinto
de la Soledad, y usted Josefina Vincens cree haber escrito El libro vacío, en
donde José García escribe de su vida con los otros y otras, incluso el señor
contradicción es casado, y sí, lo afirma: ¡me siento profundamente solo!. Pero,
es en relación a los otros u otras a su vida llena de contenidos quizá
equívocos o no, incluyendo a su familia, ¡de él claro!; a los que considera
como extraños, pero iguales y de los que reconoce que nunca sabrá nada de
ellos. El señor contradicción se siente extrañamente solo, y cree que los demás se sienten igual que él,
les quiere dar el calor humano que no da
a los de su casa, incluidos sus hijos y su mujer, ¡no a los nuestros, ni mucho menos a nuestra pareja claro esta,
a esa le damos calor nosotros; sí, por supuesto!...
Reitero
señores: La soledad requiere del ser y de la otredad para denotar su propia
existencia y significado vacío; de ese
sentimiento de vaciedad que es con relación al todo, a las otras u otros. Los Titanes de la literatura: mitos
y leyendas, y sus hijos excelsos, es decir lo que escribimos los escritores
como nosotros, los de la UACM, son y somos signos y símbolos; ontología, existencia, cosmovision y cosmología: religión y muchas letras.
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