viernes, 9 de julio de 2021

Una hermética de Nietzsche: 'El Loco'



Me propongo en este texto hacer una hermenéutica del texto “El Loco” de Friedrich  Nietzsche, escrito en el libro tercero de la  “La Gaya Ciencia”; aquél,  un escrito breve en el que el personaje principal, El loco, cuestiona a sus interlocutores sobre el paradero de Dios; para finalmente sentenciar  que, ¡nosotros lo hemos matado!
    Dicho de otra manera, lo  medular de esta afirmación sería saber por qué le hemos matado; y cuáles serían las consecuencias de ese acto; sin duda, el tema religioso o, y de la relación de los hombres con la deidad o, y deidades; es -de entrada- un tema filosófico y Nietzsche en este apartado de la Gaya Ciencia nos lleva a la reflexión filosófica, a interpretar o, y comprender este tópico o mito: esta sentencia de su discurso filosófico.
    Paradigma de la interpretación
En relación con la hermenéutica que es el paradigma o, y el modelo teórico explicativo o, y de interpretación que utilizaré; ésta,  hace su presencia -de entrada- en aquel espacio cultural o, e intelectual en que hay una verdad o se pretende llegar a esta; esto es, se ha de hacer una interpretación. El mismo Nietzsche da a este paradigma un lugar supremo; ya que con su sentencia: “No hay hechos, sino  sólo interpretaciones”; nos da pie para afirmar que únicamente nos queda la filosofía como hermenéutica. 
     Sin duda, esta afirmación es polémica y lleva la reflexión a diversos aspectos relacionados con la interpretación de los hechos y fenómenos humanos; a saber, la interpretación de textos –en este caso “El Loco” de  Nietzsche- y en consecuencia, no sólo al texto, sino al lector, al autor y a su discurso, etcétera. 
    En otras palabras, la hermenéutica sería un método propio de comprensión y en consecuencia útil para las denominadas ciencias humanas o del espíritu, entre las que se encuentra la filosofía. Ahora bien, observamos entonces que la hermenéutica se convierte en un estatuto  o herramienta de reflexión metodológica y su meta es el alcance de la verdad. 
    Dicho de otra manera, podría alcanzar ésta por este hecho un carácter de interpretación universal y en consecuencia, ser una filosofía; pues bien se podría dar el salto del texto a la existencia, y no solo ser herramienta de las ciencias del espíritu, sino de las reflexiones filosóficas; y en el caso que nos ocupa, “sobre el paradero de Dios o si, le hemos matado nosotros, cuáles son las consecuencias o, y causas de ese acto”.
    Otro punto es que toda interpretación nos lleva inevitablemente al concepto de comprensión; y en este punto, dónde inicia una, y dónde termina o, y se da la otra. A su vez, el texto antes de ser escrito es habla o, y discurso o retórica; es un todo en relación al habla o a lo escrito; su comprensión entonces, la comprensión de sus partes se da a partir de ese todo. 
    Así pues,   somos animales simbólicos capaces de crear lenguaje, significados e interpretarlos; nuestro mundo es una interpretación, hay aquí una necesidad epistemológica pues requerimos del lenguaje para interpretar o, y conocer; Asimismo hay tiempo, historia; el texto de Nietzsche fue escrito en un espacio específico y en un tiempo determinado; y, hay una interrogante propia de la existencia: ¡Dónde está Dios?
   Hay que hacer notar que hasta aquí, y que en este mismo ensayo hago uso del lenguaje,
para un autor como Gadamer, lo mismo que  para muchos otros, la universalidad de la hermenéutica debe ser entendida sobre todo en un sentido lingüístico: toda interpretación, toda relación con  el mundo, presupone el elemento del lenguaje, habida cuenta que la realización y el objeto de la comprensión son necesariamente lingüísticos. En este  universo, la verdad -correspondencia también es  posible, pero se trata siempre de una adecuación al  lenguaje de las cosas mismas. De este modo es posible revisar nuestras interpretaciones confrontándolas con lo que dicen las cosas mismas, con su lenguaje (Grondin, 2008:16).
    Hay que hacer destacar que aquí hay una interpretación objetiva y meramente denotativa de los elementos lingüísticos, misma  a la que precisamente se refiere Gadamer; sin embargo, la interpretación no se agota  aquí pues como ya lo he mencionado hay otros niveles de interpretación; a saber, el histórico, el filosófico, el cognitivo, el ideológico, el existencial, etcétera. 
        Luego, “El Loco” de Nietzsche es un texto fijado por la escritura; es decir, un discurso -al menos mental- y que luego se fija por lo escrito; qué relación hay entonces entre texto y habla o, y discurso; Nietzsche lo escribe porque quizá no lo hizo oral, pero quiere que llegue éste, al lector; y hay interlocutores no sólo en el texto: 
—¿Dónde está Dios?—, exclamó, ¡se los voy a decir! ¡Nosotros lo hemos matado,
ustedes y yo! ¡Todos somos unos asesinos! Pero, ¿cómo lo hemos hecho? (Nietzsche op. cit. Pág 81)
    Este fragmento del texto nos muestra  que Nietzsche apela a sus interlocutores; pero a su vez, nosotros como lectores del mismo, somos también sus interlocutores y –en consecuencia- debemos responder a su pregunta y afirmaciones.
    Ante todo, hay tener en cuenta que Nietzsche utiliza o, y se vale de aspectos simbólicos, es decir, utiliza un lenguaje parabólico y que  requiere de un  análisis semántico; y en este punto, el texto “El Loco” es un objeto concreto, vale decir, un campo semiótico unificado; en este sentido, tiene un existencia objetiva pues existe en el campo de la cultura; y hay así, un campo semiótico susceptible de ser interpretado o, y comprendido.
Siendo el estudio de la cultura como comunicación, la semiótica ha de iniciar sus razonamientos con un panorama de la cultura semiótica, es decir, de los metalenguajes que intentan indicar y explicar la gran variedad de lenguajes a través de los cuales se construye la cultura. Al emprender nuestra enumeración, hemos de proponer como hipótesis de trabajo que queda establecida una investigación semiótica cuando se supone que todas las formas de comunicación funcionan como emisión de mensajes basados en códigos subyacentes. Es decir, que todo acto de performance comunicativa se apoya en una compétence preexistente. Que todo acto de parole presupone un lenguaje (Eco, 1986:9)
    A lo anterior  he de decir que ciertamente, el texto de Nietzsche es lenguaje, un código, y como tal es convencionalmente significativo y es comunicación; y aunque, hay un interlocutor o, y interlocutores y destinatarios; o, y una serie de reglas hasta cierto ´punto comprensibles; y un horizonte filosófico o, e histórico concreto de comprensión; se requiere de una dialéctica entre todos estos elementos; es decir, no podemos quedarnos en el polo del texto, o del lector, o del autor o, y de su discurso. 
    Lo más importante  es establecer un diálogo con el texto y el autor; pero, en ese intercambio de preguntas y respuestas; por ejemplo del texto que nos ocupa, su misma estructura está dada prácticamente por puros cuestionamientos; esto es, prácticamente su segundo párrafo que es muy extenso – el texto solo cuenta con dos párrafos- está escrito con una pregunta tras otra:
¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos ha dado la esponja para borrar completamente el horizonte? ¿Qué hemos hecho para desencadenar a esta tierra de su sol? ¿Hacia dónde rueda ésta ahora? ¿Hacia qué nos lleva su movimiento? ¿Lejos de todo sol? ¿No nos precipitamos en una constante caída, hacia atrás, de costado, hacia delante, en todas direcciones? ¿Sigue habiendo un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No sentimos el aliento del vacío? ¿No hace ya frío? ¿No anochece continuamente y se hace cada vez más oscuro? ¿No hay que encender las linternas desde la mañana? ¿No seguimos oyendo el ruido de los sepultureros que han enterrado a Dios? ¿No seguimos oliendo la putrefacción divina? ¡Los dioses también se corrompen! ¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto! ¡Y lo hemos matado nosotros! ¿Cómo vamos a consolarnos los asesinos de los asesinos? Lo que en el mundo había hasta ahora de más sagrado y más poderoso ha perdido su sangre bajo nuestros cuchillos, y ¿quién nos quitará esta sangre de las manos? ¿Qué agua podrá purificamos? ¿Qué solemnes expiaciones, qué juegos sagrados habremos de inventar? ¿No es demasiado grande para nosotros la magnitud de este hecho? ¿No tendríamos que convertimos en dioses para resultar dignos de semejante acción (Nietzsche, 2021:81)
    En efecto, aparentemente esto facilitaría el dialogo pues Nietzsche nos invita, no cuestiona y nuestra participación es inevitable; no obstante, pareciera que el libro separa al lector del escritor, quien en teoría no respondería a nuestros cuestionamientos, no explícitamente; 
el lector está ausente en la escritura y el escritor está ausente en la lectura. El texto produce así un doble ocultamiento: del lector y del escritor, y de esta manera sustituye la relación de diálogo que une inmediatamente la voz de uno con el oído del otro (Ricceur, 2002:5)
    O sea, que para salvar este ocultamiento se requiere de otras técnicas o, y de la metodología hermenéutica que ayude -en parte- a salvar estos obstáculos; por ejemplo apelar a la función referencial del lenguaje. La idea central es que, todo lenguaje o, y discurso se encuentra vinculado  al mundo, se habla de éste: el texto está en lugar de la realidad. 
Aspectos referenciales
Friedrich Nietzsche vive prácticamente durante  toda la segunda mitad del siglo XIX; suele dividirse su obra en tres periodos; y en el caso que nos ocupa, el de  “La Gaya Ciencia” (1882)  y en consecuencia del “El Loco” -contenida en esta- se le ubica en su segunda etapa en  que aboga por un espíritu y una  cultura libres; en ésta  se puede decir que exorciza los demonios de su metafísica; entiende la historia en la medida en que sea útil para la vida; busca dar un giro a ese miedo instaurado en el ser humano por la cristiandad; la vida acepta o conlleva sufrimiento, y ello requiere de voluntad (voluntad de vivir); su sentencia sobre la muerte de Dios es  más un afán de crítica de la cultura. 
    Además, Nietzsche es un amante de la sabiduría y ante todo, un escritor dedicado a la filosofía; su historicismo  se aleja tanto del mundo clásico como de la cristiandad, pues ambos tienen sus inicios políticos y sociales anclados en el culto religioso; esto es, si no hay una verdad, todo está permitido. 
   Por otro lado Nietzsche puede ser considerado un nihilista, nos dice Pérez Gay, y este nihilismo puede ser comprendido en un sentido decadente y uno positivo; esto es, como debilidad por la agonía de la voluntad de la existencia, y como desengaño positivo en la presencia de una nueva voluntad; así el ego nietzscheano en una necesidad de un mundo natural idéntico en sí mismo y donde concurren el tú debes de la moral cristiana y el yo quiero de la modernidad. La voluntad se libera del tú debes y del yo quiero pero, el eterno retorno muestra que Nietzsche nunca escapa al cristianismo, pues se ve -como en la religión- el intento de llegar a algo.
    Es posible encontrar una constante contradicción en  Nietzsche; esto es, era cristiano como anticristiano; antiguo y moderno; etcétera. Se interesó por imprimir en los hombres la idea de la responsabilidad como imperativo ético; es decir,  sustituirla por la idea de responsabilidad ante Dios, de ahí su ¡Dios ha muerto!
    Gracias a que la filosofía nietzscheana era como el médico de la filosofía, éste podría ser considerado como un redentor moderno, el que avizorará los males humanos postreros; a saber, el holocausto y la bomba atómica. 
Consideraciones finales
Si hemos de relacionar la producción filosófica como una relación espíritu-cuerpo; es decir, pensamiento enfermedad, “El Loco” fue escrito en un periodo de recuperación y de esperanza en Nietzsche; y si como lo dice nuestro filósofo; si el filósofo es un médico, entonces,  se debería estudiar el problema de la salud de un pueblo, y, me atrevo a formular esta hipótesis dice Nietzsche: “en toda actividad filosófica emprendida hasta hoy no se ha tratado de descubrir la verdad, sino de algo totalmente distinto, llamémosle salud, futuro, creencia, poder, vida” (op.cit pág 14).
    Naturalmente en “El Loco” Nietzsche nos habla de su verdad y nos cuestiona; el tema del texto es la muerte de Dios, en consecuencia un tópico de reflexión o, y hermenéutica filosófica; se busca develar una verdad, la verdad nietzscheana de que ¡todos le hemos matado!; y de entrada hay algunas metáforas; al inicio, el loco se ilumina con una lámpara en pleno día; y más adelante se habla de encender –aún de día las lámparas- es decir, develar una verdad, llegar a un conocimiento; Nietzsche era una amante de la sabiduría; ahora bien, se habla de la noche, de noches oscuras; esta otra metáfora connota ignorancia, quizá temor; el sol también tiene un sentido metafórico, pues se ha alejado de la tierra; es esa verdad, de la filosofía hermenéutica; a su vez la esponja que borra el horizonte, es la de los falsos filósofos o profetas; las consecuencias pueden ser el caos; el vacío; pero, entonces al romper la lámpara que ya no es necesaria pues la verdad se ha develado: “los hombres son dioses; se gesta el súper hombre” y el hombre asume la responsabilidad antes impuesta por la cristiandad. Y finalmente,  el Loco lanza su sentencia de liberación como cuando el Nazareno expulsa a los mercaderes del templo. 
    
    
   

Bibliografía
Eco Umberto. La Estructura Ausente. Introducción a la Semiótica. Lumen. 1986, España. 
Grondin Jean.  ¿QUÉ ES LA  HERMENÉUTICA?  Herder. Barcelona, 2008.
Pérez Gay José María. Nietzsche. UNAM, México 1996.
 Ricceur Paul. Del Texto a la Acción. Ensayos de hermenéutica II. FCE. México, 2002. 
Wilhelm, Nietzsche Friedrich.¬ De La Gaya Ciencia. www.librear.com, 2021.

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