miércoles, 14 de julio de 2021

Pata de Perro

 


 

I

Se dice que somos animales sociales con cultura, seres simbólicos y con un lenguaje no solo oral, sino escrito, que hemos creado algo distinto a nuestra naturaleza -una serie de artefactos- y que pertenecemos a una civilización y cultura propia;  que dejamos la madriguera y  formamos una sociedad, que nuestra manada y mundo es ahora global y que ya no andamos “de pata de perro” –de nómadas pues;  y que la cultura a su vez es global (¿será?) ; pero, tengo mis dudas y reservas al respecto, acaso los animales no socializan, y si se les tiene cautivos seguramente perecen cuando se les lleva a su medio o habitad natural o a su nicho ecológico; esto es, es muy discutible la distinción entre naturaleza y cultura; no obstante, nuestra racionalidad y ser simbólico nos coloca muy por encima de otras especies animales.

    Hemos creado así,  instituciones como la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), y cursos como el de “Introducción a la Cultura y el Arte”,  y hay además profes como el titular de este curso, el profe Rey Perico, que nos han cuestionado y mucho o, y asignado tareas que nos ayudan a comprender este royo tan complejo de la cultura y del arte; de su promoción y enaltecimiento, de su devenir teórico, de su historia y patrimonio único.

     Por lo que este escrito o, y fábula chimiscolera, (que en mi caso no respeta mucho la ortodoxia, pero sí, el contenido e intención, y cuya meta  aún sigue su dialéctica y su propia praxis) y que me da la posibilidad de andar de “pata de perro” e indagar e inquirir al respecto por aquí, ahí, allá y acullá sobre cultura y arte, chimiscolear sobre el asunto.

II

La cultura es todo el hacer humano, como el  ser histórico y dotado de lenguaje; es decir, como ser simbólicos, e incluye no solo lo que se ha dado en llamar “alta cultura”, sino costumbres, hábitos, vestido, comida, tradiciones, mitos, leyendas, religión, trabajo, e incluso la política. Disfruto de la comida, el tequila y el pulque; los mariachis; mí pasado azteca; y referentes arquitectónicos como: El Palacio de Bellas artes; el Zócalo de la Ciudad de México; el Bosque de Chapultepec; el Museo de Antropología, Ciudad Universitaria (UNAM); “La Marcha de la Humanidad” de David Alfaro Siqueiros; “El Cárcamo del Bosque de Chapultepec” de Diego rivera; “El Ángel de la Independencia” de Enrique Griffon; “La Cuatlicue”, etcétera.

III

Plaza de las Tres Culturas.

Llegar a este sitio me llevo un par de horas, llegué en bicicleta, es un lugar emblemático que siempre me ha traído recuerdos tristes, en principio por lo de la Masacre del dos de octubre; pero también, por el de un mitin al que asistí con mi novia de entonces, en los años 80´s -compañera de la UNAM; es una sensación extraña caminar por ahí ya que efectivamente cohabitan en ese espacio tres periodos históricos de nuestro pasado: el prehispánico, el colonial y el moderno.

     En principio, los restos de construcciones precolombinas rodeadas de césped me hacen sentirme entre esas ruinas mexicas como un verdadero azteca, pero sin tapa rabo ni plumas de quetzal, pensar que en el año 1337  había habitantes por esos lares y que,  justo en ese centro había intercambio comercial intenso, y que había allí además una miscelánea de   productos, guau…; el museo que se encuentra ahí junto no lo visité, ya que el tiempo que estimé para hacer otros recorridos era limitado y tenía una cita  -iría después al Zócalo- estaba acotado el tiempo para mi ruta; pero, luego fui a iglesia de Santiago (1527) ; su majestuosidad pareciera sentirse muda, sin nada que decirme, ya que cuando fue la masacre se dice que  sus puertas no se abrieron nunca para dar refugio a los mártires del 68.

    Me es increíble creer o no deseo hoy  aún creerlo, que esa plaza estuvo bañada en sangre y tapizada de cadáveres de mujeres, niños, y muchos jóvenes –de mucho pueblo- que añoraba una mañana, que aún seguimos añorando en este mundo carente de valores de todo tipo: políticos, religiosos, y cada vez más sujetos a violencias, y a masacres no sólo políticas.

    Algunos murales sobre estos hechos lamentables de nuestra historia  se miran montados en edificios,  y llamaron mi atención; se les veía pintados con técnicas modernas que  narraban su propia fábula; luego, terminé el recorrido en el Jardín de Tlatelolco donde tome algunas notas mientras bebía agua tibia y escribía este royo, antes de seguir mi ruta.

IV

Museo de Antropología

Ir al Museo de Antropología en Chapultepec es recordar algunas etapas importantes de mi trajinar en esta tierra de oligarcas (llegue en transporte público mientras releía a Kundera y a sus “Amores Ridículos”), a este terruño nuestro (nuestra república tequilera),  lo hice en mis años de secundaria, de prepa, y  después de universidad; sí,  en el Colegio de Ciencias y Humanidades, y aun cuando estaba en  la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán, de mi gloriosa UNAM, fui, y he ido –lo hice como uamero, como sociólogo de la UAM, de mi metropolitana querida; y ahora, como estudiante de la UACM, como uacemita  voy de nueva cuenta a observar mucha piedra, ónix, obsidiana,  barro, oro y mucha historia y arte nuestro; una serie esculturas, vasijas, y una enorme miscelánea de figurillas y maquetas, mucha reseña histórica de nuestro antepasado prehispánico; mucha nostalgia por una cultura sojuzgada y sometida; por una existencia milenaria que sólo se vive en museos y libros, y claro, en mi intersubjetividad  e historia de vida, en la historia de México, y en los libros de texto de la SEP; y pues, cualquier ámbito que se relacioné con lo académico me la recuerda (a mí flor estudiantil), como si siguiera de su mano recorriendo aquellos lares conmigo, y hablando de mucha literatura, de mucha teoría de la comunicación, siempre al lado de aquella mano suave y de  su voz dulce, de su beso también melodioso y florido, ora sonriendo ora fruncido ora tentador...

    Hay allá –aparte de mi nostalgia y corazón- , en ese lugar sagrado e increíble, nuestra cosmovisión (o al menos la de nuestro antepasado emplumado y con taparrabo) y mucha civilización; la Sala Olmeca,  la Teotihuacana…, y de cada una de las representaciones de la alta cultura precolombina; mucho colorido hay en sus piezas plásticas (en sus ojos y boca de ella, en sus uñas largas); y volver a encontrarme (con su recuerdo –el de esa flor) y con esa enorme representación en piedra del Calendario Azteca o Piedra del Sol (me dio calor), vi también,   las enormes cabezas Olmecas, con sus rasgos couniformes y su labios gruesos (con aquellos  labios delgados de ella me encontré); aquellas, son características propias de los habitantes de lo que hoy son los actuales estados de Veracruz y Tabasco (ésta es una de las  característica que siempre me endulzó mis días) , me reencontré con los atlantes…; guau,  es una experiencia increíble y sublime (la de mi historia milenaria y la de mis adentros ridículos)…; toda la arquitectura de mármol del museo (y la piel de ella), su fuente que te da la bienvenida de brisa fría ( el saludo de aquella, unas veces cálido, otras también frío) – y ríe, la fuente del museo, como ella sonrió- y sus murales alegres, sus alrededores que  mantienen vivo nuestro antepasado (y sí, a ella de mí mano caminando por allí, y besándonos harto) ; me conecto con mi pasado y con mi lectura de Miguel León Portilla (de Milán Kundera), con la “Visión de los Vencidos”,  con esa tinta negra y roja del simbolismo náhuatl…; su manejos de la sombra y de la luz (en Kundera -peso y levedad); me rencuentro con Quetzalcóatl, con mucha mitología propia; con todo el drama de mi pasado y presente; con todo un testimonio artístico, y con lo que quedó (de aquella) y del atropello (a mi corazón) y del “tsunami cultural” que nos vino de  occidente; de la destrucción de mi gente pues; Huitzilopochtli no se ha ido (creo y siento que ella nunca se fue), acaso fue un mal presagio (no el de ella, sí el de la conquista –no la mía- la de Cortés, ¡caracoles…!), nos queda nuestra tristeza (mí nostalgia), el llanto y mucha sangre…; del cielo cayó; ha de haber caído la llama candente, y todo se ha ido al carajo (mi primer amor se fue)…; pero, me queda el bello recuerdo, y nuestro Museo, el de Antropología, acá, enclavado, como caído muy alado en el bosque, nuestro Bosque de Chapultepec (y –aquí- en mí corazón, la musa también alada de mi existencia, de mi lírica y prosa trajinera).

V

Murales del Museo de Antropología.

Tamayo, Nicolás Moreno, José Máximo, Carlos Mérida, Leonora Carrington, Arturo Estrada, Luis Covarrubias, Raúl Arguello me saludan… y río (me vuelvo a asombrar), y otros artistas plásticos hablan mucho y  decoran y hacen presencia con sus diversas técnicas y propuestas estéticas; yo  no me imagino mis recorridos sin la presencia de ellos ahí, sin hablarles y preguntarles cosas; el arte emula y convoca, ¿ o no?, y nos muestra sin mascaras o, y  con ellas; hay mucha imaginación y creatividad mural: arte abstracto como en el mural de Carlos Mérida (como mi vivir abstracto), tan solo figuras geométricas en colores cálidos y sobre una base oscura -en negro; o el paisaje abierto –muy  propio de la pintura romántica- de Nicolás Moreno; o a aun más, con  José Máximo  y su estilo impresionista de escenas momentáneas del diario vivir ; una Leonora Carrington y su surrealismo en su mural lleno de calidez en el color, pero con ese contraste de colores fríos (sus verdes), su obra como de sueño o, y ensueño… (Será qué la vida es sueño).

  Me atrapó, sí,  Tamayo con su “Dualidad”; el jaguar y la serpiente, sus colores puros en base oscura (verde, rojo y azul rey), los dientes de ambos animales que como un leimotiv expresionista me mostraron un pasado violento y de sobrevivencia, de lucha mitológica –agua y tierra; piel de jaguar y constelaciones en su cuerpo; el Sol que da vida –aún vivimos un mundo violento y de sobrevivencia,  de nuevos mitos, nuevos dioses materialistas, de mucho fetichismo.

    Andar de pata de perro, en mi caso, es salir de mi hoyo e ir lejos con mis lecturas, donde haya mucha humanidad (aún con la mucha violencia no mítica que se torea por allá, o mucho costumbrismo quizá), como en el mural de Arturo Estrada, que en diversos planos  nos muestra  un espacio abierto, y dentro de  éste una aparente estructura triangular, a nuestro pasado social; y en cuyo vértice más alto se ve al Nazareno y su Cruz, y en cuyos otros dos vértices, nos vemos en nuestro devenir cultural; con  nuestra gente -que muy seguramente también andaba a pata, o como su servilleta que vaga en bicicleta hoy.

VI

Maqueta del Mercado del Templo Mayor en el Museo de Antropología y el Calendario Azteca.

El “Calendario Azteca” nos deja ver a ese Pueblo del Sol, y se le ve soberbio y majestuoso en esa escultura soberbia, es una enorme estela o, y piedra esculpida, tallada con motivos mágicos y religiosos, que nos da cuenta de los  periodos y cuenta del tiempo; año conejo, carrizo, pedernal, etcétera.

    Esta Piedra del Sol azteca que encontraron en la Plaza Mayor de la Ciudad de México hacia 1790, y con un diámetro de 3.60 metros y cuyo peso es de 24 toneladas, uf; y toda esculpida en piedra, ciertamente representa nuestro universo; y digo nuestro, porque cada pueblo tiene su propia cosmovisión, sus mitos, su religión, y su cultura, claro; en lo personal, me fascina ya que el misterio de la creación está presente en toda civilización y la nuestra tenía su propio discurso mitológico, sus dioses; pues la nuestra, era una religión politeísta; y ahora es curioso presar que esta enorme piedra nos dice cómo es o ha de  ser nuestro destino…;  lástima que nuestra cultura actual y sino, está muy  occidentalizado; y hay poco más de quinientos años de olvido en nuestra memoria cibernética o, y globalizada, y sumergida en la cultura posmoderna.  

VII

Templo Mayor

Las piedras, los restos de nuestra civilización nos hablan, aquí parlan, y  nos cuentan del México Tenochtitlán, la circunda ahora o yace bajo de lo que a su vez fue el México Colonial, y hoy por hoy, en el siglo XXI, aún hay ecos de aquel pasado, de aquella y de esta ciudad que se nos hunde, y donde sus miles de habitantes como hormigas la recorren por inercia; aquí hay una nostalgia, se recuerda a Huitzilopochtli a Tláloc; cabezas de serpientes, escalinatas, tiempo, otro tiempo…; dominio político y tributo; dioses viejos y nuevos de ese pasado remoto; un Chac Mool yace imberbe; hay aquí un descubrimiento: el conquistador buscó borrar    y arrasar con nuestro culto (con todo), con nuestra historia; hay tezontle, piedra, muchas serpientes y calaveras que hablan…

    Hay aquí una cronología de piezas artísticas, mucha muerte; calaveras talladas en piedra, magia y religión; mucho mito:

Cuál es tu máscara  Huitzilopochtli,

cuántas noches te bebiste,

 tu traje dorado aún destella aquí…,

 he de ponerme tu disfraz acaso.

 

Oh dios de anhelos,

la serpiente ardiente ha de seguir tu paso,

quizá he de seguir esperando tu voz,

ya no hay maíz en esta tierra,

se llevaron el oro,

nos dejaron nuestro rostro de guerra.

 

 Oh dios de presagios,

de fuego y llanto… -de sangre y muerte.

 

Cuál es tu máscara, las nuestras,

quizá un nuevo sol me espere a lo lejos…,

mi corazón verde muere y sufre,

 cuál es tu máscara,

cuántas noches te bebiste ebrio de muerte…

 

VIII

Catedral.

Llegue de día y en bicicleta, en sus alrededores siempre hay algún vendedor o algún trabajador que con su cartel ofrece algún tipo de trabajo independiente, de pintura, plomería o, de albañilería;  siempre hay gente dentro y fuera de la Catedral metropolitana; alguna ocasión escuche el sonido de sus más de veinte campanas, es una música mágica que exalta algo dentro de mí; quizá mi fe religiosa; ésta (nuestra catedral) es  un testigo majestuoso, lo es su construcción sacra, desde ahí se vio el crecimiento e historia nacional, su drama y fiesta; se dice que Cortés ordeno su edificación; se fusiona allí, nuestras concepciones simbólicas religiosas o, y políticas, esto es, al mirar su interior me doy cuenta de la fusión de estilos: gótico, su danza barroca en detalles auras; sus pilares internos que le sostienen y me recuerdan la arquitectura romana; lo churriberezco y clásico; su modernidad neoclásica –le he visto toda iluminada de noche- y es todo un espectáculo visual; pero de día, como ahora, admiro toda la escuela de arte que se da reunión justo ahí, y sin embargo, hay armonía, y no hablo de su liturgia -que alguna vez escuché (acompañado de una dama, claro); sino de su armonía ante lo diverso de sus manifestaciones artísticas.

  En suma, siempre salgo de allí con mucha pila espiritual (y de la otra pila), ya que no es la primera ni la última vez que me siente en sus adentros y me llene el ojo y el espíritu –y espero volver a ver a esa chica y llenarme el alma de nueva cuenta. Esta vez estuve acompañado y hablamos –ella y yo, de la experiencia; de arte e historia.

IX

Palacio Nacional

El Palacio no pude visitarlo con mi amiga y ya hice referencia a los motivos, estaba cerrado y custodiado; pero he estado dentro varias veces; y haré referencia al recuerdo de esas ocasiones: dentro hay plástica que nos narra tiempos de gloria y drama en todo su colorido; es un icono republicano y centro de poder; lo coronan una bandera de México, y su campana gritona; quizá tenga más de doscientos años, pero dentro, cinco siglos se dan cita; es nuestro palacio nacional, y  los anales cuentan que debajo de éste estaban los aposentos de Moctezuma; sus jardines internos están muy bien conservados, lo mismo que su plataforma central.

     Conozco sólo los corredores y espacios a que tiene acceso el visitante,  las partes más internas únicamente las he visto en noticieros o, y documentos visuales, mucho arte y gala en su interior y corazón.

   Por otro lado, en su escalera nos recibe una obra plástica de diego Rivera que plasmó ahí en el año de 1919, creo; y es un nuevo discurso plástico de la historia del país,  es el mural que más me inquieta –es una especie de tríptico cultural, hay planos, de abajo hacia arriba: conquista material, luego las espiritual y por último, los héroes nacionales que nos dieron “patria y nación”; pero hay también en la cúspide una revolución proletaria, una visión más social del mundo.

X

Vista aérea del zócalo, en primer lugar, desde uno de los siguientes puntos: Gran Hotel de la Ciudad de México; Hotel Majestic; Hotel Holiday Inn; y, en segundo lugar, desde la Librería Porrúa.

     Llegué después de haber ido a Tlatelolco,  quedé de verme ahí con una amiga –por este motivo no visité el museo allá- así que aseguré mi bici en un sitio adecuado y fui a su encuentro; primero, compramos unos libros de la Colección “Grandes Novelas de Aventuras” de la editorial Salvat en un puesto de periódicos de allá;  la idea era también entrar a Palacio Nacional; pero había algún operativo de seguridad, pues todo estaba rodeado de retenes y lo resguardaban una cantidad considerable de agentes en traje oscuro; así que nos tomamos unas fotografía en el Zócalo y hablamos sobre el significado simbólico e histórico del mismo.

     Estuvimos desacuerdo en que, ahí se han llevado acabo  infinidad de eventos políticos y culturales de importancia nacional; yo le hablé de los conciertos que justamente allí disfruté: escuche a Joaquín Sabina y a Joan Manuel Serrat; a Paul McCartney…; y le hablé además de las diversas ocasiones en que fui por la nota para el semanario, cuando Cuauhtémoc Cárdenas dio  un discurso de campaña previo a la contienda electoral de aquella época -cuando el “Pelón” hizo el primer fraude electoral cibernético e hizo de su gestión el mayor robo a la patria-  ella por su parte, me dijo que  estuvo también en el festejo de un 15 de septiembre y que disfrutó  mucho de la comida mexicana y de los juegos pirotécnicos.

    La vista aérea del Zócalo es única, no la hice desde el Hotel Majestic; o el  Hotel Holiday Inn, pues considero que ésos, nos son habitas adecuados para un animal como yo, lo hicimos desde una restauran justo al frente de palacio y cuya terraza nos dio quizá esa perspectiva que pidió el profe Rey, y menos aún  lo hice desde la Librería Porrúa, dudo que allá vendieran alcohol; nos aparcamos ahí un hora, ella pidió camarones y yo una torta cubana, ambos bebimos cerveza oscura y luego ron; me habría guastado que en esos momentos estuviera atiborrado de humanidad el Zócalo, pero solo pasaban, sí, una cantidad importante de personas, trashumantes apurados o despistados como hormigas sin sentido, algunas se tomaban fotografías, otras a un costado y sentadas en las jardineras allá abajo, y con sus “jaulas personales en mano” utilizaban la señal de wi-Fi que ofrece la Ciudad de México, sí,  justo en esa área emblemática y con mucha historia.

XI

Ciudad Universitaria: Biblioteca Central, Rectoría, Explanada y Estadio Olímpico.

Hare referencia a CU y a la UNAM porque son mi casa de estudios, la he recorrido infinidad de veces, he caminado por lo que es una verdadera Ciudad por su extensión, sus facultades, sus corredores, su biblioteca, en fin, he participado en reuniones académicas ahí dentro, he asistido a mítines y huelgas universitarias; he ido a hacer desde mi primer trámite de inscripción a la UNAM en Rectoría,  hasta a tramitar todo tipo de documentos oficiales allí en su corazón. Ahí he besado a mi chica, y hemos caminado tomados de la mano; hemos hecho lecturas diversa en sus jardines (dentro de la biblioteca, y hemos tomado libros a préstamo)  y comido dentro y fuera,  en sus alrededores.

   Su Biblioteca Central es una construcción artística única en Latinoamérica, Juan O’ Gorman la diseñó junto con otros artistas, y en 1956 inicio sus labores con un gran acervo cultural; sus ventanales como muros la rodean y le dan mucha iluminación, e respira historia y vida académica de antaño y de hoy; en lo que se refiere a sus murales: el muro norte nos cuenta nuestro pasado prehispánico; en el sur vemos la historia colonial; el muro oriente, da cuenta del mundo contemporáneo; y, el muro poniente con el escudo de mi universidad al centro, nos da cuenta de nuestra vida universitaria, nuestra ciudad y del México contemporáneo.

 Nuestro estadio lo he recorrido también infinidad de veces y he apoyado a nuestro equipo de fútbol, los Pumas de la UNAM, me he sentado en sus gradas y he bebido mucha cerveza fría y he gritado hasta quedar afónico.    

   Por lo que respecta a su explanada, esta es un enorme espacio abierto lleno de césped y recuadros de concreto donde pasean los peatones, se respira un aire límpido y fresco; y me recuerda los muchos mítines, o y eventos artísticos a los que asistí justo ahí, con ella  y otras y otros colegas universitarios.

XII

Centro Cultural: Biblioteca, teatros y Sala Netzahualcóyotl.

He perdido la cuenta de los eventos culturales a que he asistido en la Sala Netzahualcóyotl, de todo tipo de género artístico, he incluso de genero político; su acústica es perfecta; en los años setentas fue inaugurada; y un poema de Netzahualcóyotl esta fuera en una piedra: “Por fin lo comprende mi corazón: / escucho un canto, / contemplo una flor: / ¡Ojalá no se marchiten!

   Este poema de nuestro gran poeta es como una especie de bienvenida al recinto cultural universitario; su arquitectura poligonal no sólo permite disfrutar de los eventos sino además,  puedes tener una vista panorámica de todo tu alrededor, es genial.

XIII

Espacio Escultórico.

Es una escultura viviente de  mi universidad, todo un emblema; se dan cita ahí naturaleza y cultura; está en la zona Centro Cultural de la Universidad, es una especie de escultura monumental y su carácter es de interdisciplinar, lo integra una plataforma y diversas figuras geométricas; está rodeado por una superficie de lava; es una especie de enorme ombligo (quizás el de mi Luna), nos remonta a lo que sería un centro ceremonial precolombino, aunque se podría decir que tiene mucho de arte moderno.

 En suma, esta obra realmente es una conjugación de nuestro pasado y presente, en un espacio abierto del recinto universitario. Se siente o, y en lo personal absorbo una gran carga energética (y no sólo de la pila que hablaba antes y de la compañía dulce): hay mucha vegetación y piedra del lugar, propia de nuestra, universidad y la rodean varias estructuras esculturales geométricas diversas, coloreadas en rojo, naranja y amarillo y de otros colores primarios (espacio escultórico); también hay estructuras piramidales. En fin, es una experiencia única.

XIV

El Mercado de la Lagunilla, el Mercado de Antigüedades de la Lagunilla.

Al mercado de la Lagunilla asisto por lo menos tres veces en el año, pues tengo la costumbre de comprar allá, ropa, zapatos y perfumes; solo o acompañado, llego en transporte público o privado,  la última vez que fui lo hice con mi hermano en su auto; siempre bebo un preparado de Tehuacán y comemos algo; invariablemente está atestado de gente, fuimos antes de la pandemia, compramos diversos artículos y yo traje lo que parecen unas replicas o piezas originales  precolombinas, que aun lucen en mis libreros rodeadas de literatura.

   En el Mercado de antigüedades ves de todo, pinturas, esculturas, relieves, y en fin no te aburres al recorrerlo, pues lo más inesperado puedes ver ahí; libros antiguos, joyas, he incluso ropa de hace décadas.

XV

Una sesión de lucha libre, y/o un partido de fútbol, y/o una pelea de gallos y/o una pelea de perros.

El partido de futbol lo disfrute en compañía familiar entes de la pandemia, fue un encuentro de los pumas; mi hijo y mi sobrino se sentaron a mi lado y cantamos el himno universitario; y gritamos muchos goyas.

   Una cantidad importante de universitarios con los emblemas de muestro equipo en sus playeras, gritan, sudan y beben cerveza; es un ambiente por demás apasionado desde que arribas al estadio, en sus alrededores se vende toda clase de comida y bebidas; lo mismo que banderines y playeras. Llegamos en auto privado.

   Entras con música y sales con música, gane o pierda tu equipo.

Posdata: las peleas de gallos –sólo en películas e igual la de perros, en “Amores Perros”.

XVI

Comentario de la película “Ya no estoy aquí”

Nos da cuenta de un problema cultural del norte de nuestro territorio y que rebasa sus fronteras, pues es la historia de vida de Ulises, un joven de 17  años e integrante de una pandilla  llamada Los Terkos, una tribu urbana de Monterrey que ha encontrado en la música de cumbias -rebajadas en su ritmo- la mejor forma de escapar de todos los problemas que  rodean a la juventud marginada y (no sólo regiomontana).

   Lo más importante a mi parecer, es el fenómeno de aculturación o, y prestamos culturales y su apropiación única; Ulises tiene que emigran al norte –E.U- y se encuentra con otra lengua y problemas de racismo; sin embargo destaca en la cinta su empeño por asumirse -ser humano, ser animal simbólico- siempre como miembro de su clan o tribu urbana; sin embargo, al final no lo muestran como un ser simbólicamente sumido en el mundo convencional.

XVII

En fin, la cultura se enfrenta con su polisemia, esto es, se encuentra en ella muchos significados o, y definiciones; antropólogos, filósofos, comunicólogos, historiadores, políticos, pedagogos, psicólogos, y demás etcéteras, buscan, indagan, investigan, bosquejan en su génesis y nominación; teorizan al respecto; la universalizan o, y particularizan, le dan una génesis distinta o la natural o, y argumentan entorno a su carácter natural, en fin…; hablar de cultura es apelar a lo concreto, abstracto particular o, y a un ideal negativo de su concepción: la cultura mundo o, y de masas.

 Una axiología de la cultura significaría que la cultura es polivalente. El termino ha evolucionado, para  Tylor la cultura es un todo complejo que comprende costumbres, arte, moral, derecho, creencias y conocimientos; hábitos y capacidades adquiridas por el hombre en sociedad.

    Por su parte los antropólogos ven la cultura como herencia no biológica del ser humano.

   En Gilberto Giménez la cultura es una capacidad humana que pertenece a todos, capacidad de crear  nuestro mundo e historia propia.

   En este sentido la cultura es una capacidad universal, pero la pluriculturalidad concreta, su historicidad cultural nos muestra entonces, que la cultura es la actividad humana particular de un contexto histórico concreto.

   Ahora bien, una cultura nación o nacional es aquella que busca una cohesión social y que se concibe en torno a un ideal de país, por lo que es vertical, impuesta, autoritaria, y en consecuencia, desconoce la pluralidad.

   Sin embargo, Gillermo Bonfil define la cultura nacional  en un sentido positivo, y nos dice que es aquella capacidad  que busca una convivencia dentro de la pluralidad  diversificada, y en donde el grupo portador de la cultura tiene la responsabilidad histórica de estimular el diálogo sin opresión alguna.

 Pero si ha de hacer historia, axiología conceptual, en el siglo XV el concepto se emparenta con el cultivo de la tierra, lo que se cultiva como la educación, los conocimientos, etcétera; para el siglo XVIII en Alemania, Herder la concibe como  un ideal de vida colectiva, para Fiche es un conjunto de rasgos histórico-sociales que garantizan una identidad colectiva; se promueve así lo civilizado, la civilización, lo utilitario, el desarrollo y así se da la contradicción entre cultura ideal y material; no obstante lo cultural se constituye como un campo autónomo y especializado.

   Es innegable que la sociedad industrial produjo una división entre el tiempo de trabajo y tiempo libre,  esto es un tiempo “para cultivarse”.

XVIII

¿Qué se entiende por la cultura como patrimonio?

Es una serie de productos de excepción, científicos o, y artísticos-literarios; se privilegia lo que se llama “bellas artes”; literatura, música, teatro…, nuestro patrimonio cultural: “la obra de unos pocos y que afecta la vida de muchos”. De esta forma se habla de “buen gusto”, de “personas cultas o, y cultivadas”, de un “goce y consumo legítimo”.

¿Cuáles son las tres fases de la cultura patrimonio?

Su primera fase es la de su codificación, esto es, una axiología jerárquica de herencia eurocéntrica occidental: antigüedad clásica grecolatina y mundo cristiano; una serie de dualidades, a saber, buen y mal gusto; lo bajo y lo legítimo; lo civilizado y lo bárbaro; lo bello y lo feo; lo artístico y lo ordinario; lo nuevo y antiguo, lo valioso y lo trivial, etcétera.

   Se retoma aquí la dualidad platónica-agustina de alma-cuerpo y en el arte es más elevado lo espiritual sobre lo materia; lo interior y no material.

   En el segundo momento o fase, se da un sentido político administrativo del arte, el Estado controla y gestiona la cultura; se crean recintos públicos, como bibliotecas y museos, el arte es patrocinado por el gobierno y se unifica y centraliza, es discriminatorio y hay una censura ideológica y cultural.

   Por último, el tercer momento es el de la mercantilización de la cultura y su valor de cambio en el mundo capitalista; la cultura como un sector importante de la economía, se especula y se negocia en la esfera de la maximización y el beneficio: la cultura es mercancía.

¿Qué criticas hace Giménez a estas concepciones?

Gilberto Giménez señala que en este devenir de la cultura y del arte, se vive la dicotomía cultura e incultura,  que el proceso es discriminativo, no incluyente y la cultura dominante es una metrópoli urbana dominante de élite y “alta cultura”, de discriminación de clases y el bien cultural es un simple producto de consumo, y lo que no entra en su categoría es desechado, es un mundo de patentes y marcas, de códigos de comercio y consumo.

¿En qué consiste la revolución copernicana en el concepto de cultura que introdujo la antropología (Tylor)?

Se hace una analogía en relación a que Copérnico rompió con la teoría geocéntrica o tolemaica y, los antropólogos en relación al arte rompieron el eurocentrismo cultural y los sustituyeron por una concepción total de la cultura, esto es, una igualdad en donde una simple lanza primitiva se iguala en términos de producción cultural a una sinfonía de Beethoven. 

 En otras palabras, la visión totalizante de la cultura además de las tradiciones,  la religión, el arte y el saber científico, comprende todo comportamiento aprendido en sociedad.

¿Cuál es la relación entre sociedad y cultura?

Malinowsky es el ejemplo más claro al respecto de esta dualidad, ya que señala que la organización social no puede comprenderse sino como parte de la cultura; empero, es un producto de la interacción de los individuos en una sociedad, y comprende a reglas, sanciones, costumbres del comportamiento social; en consecuencia,  si la cultura consiste en lo anteriormente enumerado, no se distingue una de otra pues la estandarización explica la organización social y así, la cultura transforma a los individuos y asegura la continuidad social o, y cultural: la reproducción social.

 

 

¿Cuál es la visión marxista de la cultura?

Gilberto Giménez refiere que el marxismo (K. Marx) no elaboró tratado cultural al respecto, pero  sin embargo en muchos de sus escritos hace alusiones al tema; por otro lado, Lenin y Gramsci si se refirieron o pronunciaron al respecto; aquél, presenta a la cultura como totalidad o, y “cultura nacional”; éste último, como una esfera integradora y unificante y dentro de un bloque histórico hegemónico.

  En general la tradición marxista hace una homologación entre cultura e ideología y la ubica en el ámbito de la superestructura; Lenin está en pro de “una cultura  democrática y socialista proletaria” y que se contraponga al nacionalismo burgués; mientras que Gramsci, la cultura es un factor de poder, de poder hegemónico.

   Ahora bien, en Lenin la revolución cultural únicamente podría tener presencia en la fase posrevolucionaria y después de la conquista del Estado; en contra a lo anterior, Gramsci, señala que la tarea cultural desempeña un papel pionero, esto es, en la fase prerrevolucionaria,  como un medio de poder de la sociedad civil antes de tomar a la sociedad política en sus manos.

¿Cuál es la crítica de Gilberto Giménez a la visión marxista de la cultura?

Gilberto Giménez señala que la metáfora arquitectónica entre infraestructura y superestructura ideológica, ha impedido en términos epistemológicos una comprensión entre sociedad y sentido; entre la producción material de la existencia y semiosis; y, entre economía y cultura; se presenta así una oposición entre realidad y pensamiento, esto es, que si la cultura está en la subestructura,  la realidad de la base social se escapa de ésta y entonces, los hechos culturales parecen superpuestos a la realidad.

 ¿Cómo se  percibe la cultura desde lo simbólico?

Desde el enfoque antropológico es Lévi-Strauss quien señala que la cultura debe pertenecer íntegramente al ámbito simbólico, es decir, el símbolo no es un elemento meramente social sino que es un aspecto necesario de toda práctica humana; por lo que es toral entender cuál es su fundamento en la vida social.

   Además, el enfoque simbólico surge como un paradigma que viene a ser una crítica o, y que llega para superar los límites del modelo antropológico y del enfoque  marxista. Se concibe así desde lo simbólico y semántico a la cultura; y todo está encarnado en formas simbólicas: experiencias, creencias, religión, artefactos, acontecimientos, etcétera; y todo puede servir como soporte simbólico de la cultura particular.

A partir de La civilización del espectáculo de Vargas Llosa, ¿cuáles son las concepciones de la cultura más representativas?

La Civilización del Espectáculo concibe a la  cultura  no en la estructura de la vida económica y social, sino más bien como realidad independiente, y conformada por  ideas, valores estéticos y éticos; obras de arte y literarias que se relacionan con el resto de la vida social y que son con frecuencia, en lugar de un  reflejo, el origen de los hechos sociales, económicos, políticos e incluso religiosos.

   Asimismo, Gilles Lipovetsky y Jean Serroy, nos hablan de  “La cultura-mundo”; es decir:

(Que está) sustentada en el eclipse progresivo de las fronteras por obra de los mercados, la revolución científica y tecnológica (sobre todo en el campo de las comunicaciones), viene creando, por primera vez en la historia, unos denominadores culturales de los que participan sociedades e individuos de los cinco continentes, a los que van acercando e igualando pese a las distintas tradiciones, creencias y lenguas que les son propias. Esta cultura, a diferencia de lo que antes obedecía a este nombre, ha dejado de ser elitista, erudita y excluyente y se ha convertido en una genuina «cultura de masas»: «En las antípodas de las vanguardias herméticas y elitistas, la cultura de masas quiere ofrecer novedades accesibles para el público más amplio posible y que distraigan a la mayor cantidad posible de consumidores. Su intención es divertir y dar placer, posibilitar una evasión fácil y accesible para todos, sin necesidad de formación alguna, sin referentes culturales concretos y eruditos. Lo que inventan las industrias culturales no es más que una cultura transformada en artículos de consumo de masas» (Llosa, 2012:9)

  

¿Cuáles son las características de la cultura de la civilización del espectáculo?

Esta cultura global o “Cultura Mundo”o, y de “Masas” (Gilles Lipovetsky y Jean Serroy) al parecer rompe todas las fronteras sin importar credos, religiones, tradiciones, creencias, lenguas e historia; y amalgama a todos los continentes por igual, su factor determinante es el mercado y el consumo; conforma así lo que se ha dado en llamar una “cultura de masas”, que distraiga y divierta, que evada con facilidad las vidas efímeras fetichizadas por un “Sistema Mundo Capitalista”  sin referente concreto y erudito alguno.

¿Qué hay de Kant y Schiller, en estética y arte?

En Kant hay o existe una belleza adherente y otra libre, esta última no requiere de concepto alguno, mientras que la otra se apoya en el concepto y su grado de perfección. Son ejemplo de belleza libre la belleza de las flores; de un atardecer, la lluvia o el brillo de las estrellas.

   Ahora bien, hay bellezas que presuponen conceptos a saber, niño, mujer, hombre, palacio, colibrí, etcétera; estos requieren de un concepto de perfección adherente para adquirir su valor estético.

    Para Federico Schiller, la belleza alcanza o, y separa dos estados opuestos, esto es, lo material y lo espiritual; empero, nos habla de materia y forma, o de un estado intermedio, en donde precisamente se ubica la belleza. 

¿Cuál es el Arte imitativo según Platón?

Platón considera lo artístico como mera labor estética, es decir, lo distingue de lo educativo y en consecuencia de lo mítico. Así pues, para él el arte es mera apariencia de la realidad.

    En oposición a este, Aristóteles, considera el arte como mimesis, esto es, como mera imitación de la realidad.

XIX

De la lectura de Vargas Llosa y su obra “La Civilización del Espectáculo”, he de decir en términos muy genéricos, y sin llegar a la discusión antropológica del concepto, y sin discutir por ahora si la cultura, esto es, todo el hacer humano, es distinto a la naturaleza o lleva en si el germen de lo natural; y lo afirmó aquí -dejando otras interpretaciones interdisciplinarias- que ciertamente la cultura sería un conjunto muy basto y no necesariamente universal para todas las culturas planetarias; sino el patrimonio de una civilización en particular, y que dentro de ésta entrarían los demás subconjuntos, incluido no solo la historia, el lenguaje, y el arte; se sumarían a ello también la artesanía, las costumbres, el vestido, la comida, y la recreación; y en fin, toda manifestación del hacer humano, incluido el trabajo. 

     Ahora bien, en algún tiempo la cultura entendida como patrimonio sólo la detentó una elite ya que se argumentaba que “(era) condición esencial para la preservación de la calidad de la cultura de la minoría que (continuara) siendo una cultura minoritaria”; y ello era clasista y discriminatorio, ya que cada clase tiene la cultura que produce y le conviene; más aún, se llegó a institucionalizar el arte y la cultura y se les dio un sentido nacionalista o, y pedagógico. Al respecto nos dice Vargas Llosa que,

La ingenua idea de que, a través de la educación, se puede transmitir la cultura a la totalidad de la sociedad, está destruyendo la «alta cultura», pues la única manera de conseguir esa democratización universal de la cultura es empobreciéndola, volviéndola cada día más superficial. Así como la existencia de una elite es indispensable, según Eliot, a su concepción de «alta cultura», también lo es que en una sociedad haya culturas regionales que nutran a la cultura nacional y, a la vez, que formen parte de ella, existan con su propio perfil y gocen de cierta independencia (Vargas, 2012)

     Lo anterior confirma lo que señalo líneas atrás en el sentido de que pretender dar un carácter universalista, ya sea eurocéntrico o y como legado occidental renacentista o, e ilustrado, es banal ya que cada civilización crea su propia cultura e historia, su propio periodo ilustrado; y es poco convincente el discurso de una “democratización universal de la cultura”, lo mismo que su tinte nacionalista y su difusión en las escuelas o, y medios masivos de comunicación (cultura mediática).

     Por otro lado, si la cultura es un estilo de vida, de qué manera ha mutado con el desarrollo de la ciencia y la tecnología, qué relación hay entre cultura y conocimiento, cuál entre cultura y religión, y cómo han influido estas variables en la concepción del arte a lo largo de la historia; más aún, cómo el arte se ha modificado en lo referente a la política o, y  la economía; realmente el arte puede ser disociado de su relación con la violencia y la política; el mundo laico ha dejado de lado las practicas del culto, el mito, y el fetichismo; cuáles son los nuevos cultos y dioses potsmodernos o, y modernos, los nuevos mitos y fetiches del mundo globalizado: Vargas Llosa diría que la frivolidad de un mundo cada vez más fetichizado y cuyos nuevos dioses serian el dinero y el espectáculo, lo efímero y lo vulgar ante el legado “de la alta cultura occidental” o, y nacionalista.  

     En este contexto social e histórico de la cultura cuáles son las características de la “Civilización del Espectáculo”; continuemos con ello y luego, demos respuesta a los cuestionamientos del párrafo anterior; de entrada esta cultura global o “Cultura Mundo” (Gilles Lipovetsky y Jean Serroy) al parecer rompe todas las fronteras sin importar credos, religiones, tradiciones, creencias, lenguas e historia; y amalgama a todos los continentes por igual, su factor determinante es el mercado y el consumo; conforma así lo que se ha dado en llamar una “cultura de masas”, que distraiga y divierta, que evada con facilidad las vidas efímeras fetichizadas por un “Sistema Mundo Capitalista”  sin referente concreto y erudito alguno.

Esta cultura de masas, según los autores, nace con el predominio de la imagen y el sonido sobre la palabra, es decir, con la pantalla. La industria del cine, sobre todo desde Hollywood, «mundializa» las películas llevándolas a todos los países, y, en cada país, a todas las capas sociales, pues, como los discos y la televisión, las películas son accesibles a todos y no requieren para gozar de ellas una formación intelectual especializada de ningún tipo. Este proceso se ha acelerado con la revolución cibernética, la creación de las redes sociales y la universalización del Internet. No sólo la información ha roto todas las barreras y se ha puesto al alcance de todo el mundo, prácticamente todos los dominios de la comunicación, del arte, de la política, del deporte, de la religión, etcétera, han experimentado los efectos reformadores de la pequeña pantalla. «El mundo pantalla ha deslocalizado, desincronizado y desregulado el espacio-tiempo de la cultura». (Vargas, 2012)

     Ciertamente, hay un devenir de la cultura y habría que ver si ello ha implicado o desvirtuado, o, y desvalorizado, o bajo qué criterios se estima el valor o se considera a un producto de la cultura moderna o potsmoderna como arte. El el sayo de Mario Vargas Llosa y este escrito, consideran las siguientes manifestaciones de la cultura: la literatura, el cine, la música, la información o, y la comunicación mediática o de los medios impresos o electrónicos, el lenguaje, la política; y obvio sus contrapartes efímeras, sus fetiches o, y objetos de consumo perecedero y carente de un valor que supere a sus precedentes artísticos de un pasado erudito.  

     En primer lugar nos dice Vargas Llosa, la literatura, el cine y el arte son  light; hay un predominio de las imágenes sobre las ideas; la literatura y el cine son superficiales y sólo divierten; este únicamente entretiene y aquella es efímera en sus contenidos e historias y al ser consumida desaparece; el arte ha degenerado al grado de “defecar y luego comerse sus propias heces”; o vender “un tiburón preservado en formol” en doce millones y medio de euros, o presentar un mingitorio como la gran obra maestra;

…en la civilización del espectáculo la política ha experimentado una banalización acaso tan pronunciada como la literatura, el cine y las artes plásticas, lo que significa que en ella la publicidad y sus eslóganes, lugares comunes, frivolidades, modas y tics, ocupan casi enteramente el quehacer antes dedicado a razones, programas, ideas y doctrinas (Vargas, 2012)

     En realidad no sólo la política, el cine, la literatura y la plástica se han banalizado; lo frívolo a lo ligero, lo veleidoso e insustancial abarca a toda manifestación de la cultura de hoy; la cultura y al arte se han deshumanizado o más bien, se mueven en el sentido negativo de la humanidad; violencia, corrupción, consumo, contaminación, pobreza, hambruna, pestes, etcétera. La prensa y los intelectuales orgánicos son arlequines del Gran Bufón,

Toda generalización es falaz y no se puede meter en el mismo saco a todos por igual. (Pero,) por supuesto que hay diferencias y que algunos medios tratan de resistir la presión en la que operan sin renunciar a los viejos paradigmas de seriedad, objetividad, rigor y fidelidad a la verdad, aunque ello sea aburrido y provoque en los lectores y oyentes el Gran Bostezo del que hablaba Octavio Paz. (Hay) una tendencia que marca el quehacer periodístico de nuestro tiempo, sin desconocer que hay diferencias de profesionalismo, de conciencia y comportamiento ético entre los distintos órganos de prensa. Pero la triste verdad es que ningún diario, revista y programa informativo de hoy puede sobrevivir —conservar un público fiel— si desobedece de manera absoluta los rasgos distintivos de la cultura predominante de la sociedad y el tiempo en el que opera (Vargas, 2012)

En suma, y respondiendo a los cuestionamientos de mi ensayo ciertamente el desarrollo vertiginoso de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (NTIC), en las que obviamente se incluyen el Internet y el uso o, y abuso de las redes sociales,  que hoy por hoy detentan un capital  político-económico no reglamentado; dejan un modo de ser , vivir y ahora morir por la peste postmoderna, y que se contempla y contemplamos con la mayor frivolidad y deshumanización, cinismo y apatía e indiferencia, y vemos como se transgrede principios éticos básicos y derechos inalienables ante el mayor de los dramas, frustraciones y desencanto: “La pretensión de Una Cultura  Global y de un Arte sujeto a las leyes del mercado capitalista”.

 


 

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