miércoles, 28 de julio de 2021

Batallas en el adentro



  Tú sí, tú, ella, aquella, aquél, ustedes que han de saber. Yo se lo dije. Yo sé. Tú sabes, ella pues también, aquella ya lo vivió; ustedes no lo podrían saber. Unos dicen sé, otros lo comentamos, o conocemos, pero lo traes en tus venas o zapatos. No te deja dormir, vivir. 

   Dejémonos de cuentos, yo la conocí en un sueño. Sí como escuchan, ahí la citaba cada noche y no faltó a ninguna de mis citas como otras, en vigilia. Me dijo que despertara y no quise, aún no sé si sigo despierto o dormido. O si todo esto es mera invención de jijos sabe qué demonios. 

   Pero tú crees, sabes o también eres meras ficciones. Mira, ves este cielo, sí éste que ahora veo. Sientes como allá y acá, sí acá dentro hay un vacío, tan nada como el de allá afuera. Duérmete esta noche, si es qué realmente dormimos y, luego igual y le ves, sí, es tu otra parte pues.

   La mía se llama Pesadilla, yo le digo de cariño Pesada, no porque esté llenita, nones, ella es menuda como ha de  ser a mi tacto, a mi caricia y gusto. Pero es un peso del tamaño, de menos, de este mundo redondo, tan redondo como las verdades del universo.

   Ese día la vi de frente y le dije lo que ya le había dicho en sueños. Fue facilísimo. Ya lo sabía, pues ella me miró como se ha de mirar a un sueño, a una quimera o a una persona qué quién jijos sabe de dónde salió. Bueno quizá, salí o está, estoy y estamos en sueño, en una odisea. 

   Un sueño muy jodido, claro. Sus ojos son pequeños como encanto de luces de discoteque, como profundidades náuticas,  sepa si de cielos, mares o mareas, pues me marearon más que dos frascos de tequila, y ahora navego en el limbo de un nirvana de música, de letras y de mucha fiesta o bebida (mucha bebida). Sipi, de fiesta, me la vivo en los placeres, si es que los hay.

   Aquella tarde Pesadilla caminaba por la Universidad, y su trasero iba detrás de ella con mucha personalidad, así, como si fuera algo que no tuviera dueña. Es extraño ver un trasero solito, por ahí, con unos libros y una mochila acuestas no. Bueno, yo vi un trasero y supe, presumo que era el de mi sueño. 

   En fin, Eligio ya vivía con ella, y al final de su sueño  nalgueo el trasero de Susana; Carlitos conoció a Mariana en casa de su amiguito de la primaria, era su madre, y le dio un beso kiko; Tomás conoció casualmente a sus amantes, a Teresa a Sabina, y las dos con bellos traseros, y El Quijote creía ver en cada dama a Dulcinea (no sé si también su trasero, era un lunático pero, todo un caballero).

   Yo en cambio, en Katia veo a la dama de mi sueño, a Pesadilla, a ese trasero solitario que me obsesiona y persigue hasta en una novela de Flaubert, en un  folletín en la Revue de Paris, donde presentó a  Emma.  

   Eligio vio una erección y a Susana montada en ella , y lo sabía y no lo podía o quería creer. Susana sabe todo de mí, y aún así, pues no me importa si va a tener un hijo de Eligió o si se los coge a los dos, al polaco, y además a mí. Tú amarías a Susana tanto como Eligio, le invitarías  a pasar como si nada a tu apartamento, a tu vida.

   No podrías dormir con una mujer, digo dormir, diferente a coger e irte como Tomás, que no soportaba dormir con ninguna.

   Cuando dormí con Teresa y amaneció tomando mi mano supe que estaba perdido aunque, muy dentro sabia, creo saberlo, (lo sé, y no es un dogma, ni psicologismo, ni sociológismo, ni empirismo, ni fenomenología, sí filosofía), y sé que no dormiría con ninguna de mis amantes, con Teresa dormí porque así lo quiso Milán Kundera.

   Emma me veía a escondidas de su marido. Y yo, sí veo el trasero de Dulcinea, por ello o sin ello, El Quijote me retó a un duelo, y déjenme les cuento.
 Pues sucede que yo no tengo la orden de Caballero, así es que le dije, Al Caballero de la Triste Figura, que no podía batirme con él, y se puso tan triste, más de lo que predica éste en su fábula, y las figuraciones del caballo que monta son como las mías,  entonces prometí buscar por todos los medios, ser y tener la orden, la  del Caballero del Sueño Profundo y luego se fue, y pidió que lo enjaularan con los leones.   

   Cuando vi al Quijote dentro de mi jaula, estaba con mucho sueño y parte de mí melena cubría mis ojos, ya había comido suficiente carne, así que cuando entró ese pellejo con ojos dulces, muy dulces, caí en un profundo sueño, y no sé, ustedes creen que siga siendo una bestia, que sea un niño enamorado de la mamá de mi amigo; o que le ande cuidado el trasero a Susana; o peor aún, que ande yo con Emma que es una mujer casada, o que sea un lector empedernido de ficciones como Aldolso Quijano; y que sea un mujeriego y no tenga remedio mi vida como la de Tomás. 

   Tú sí, tú, ella, aquella, aquél, ustedes que han de saber. Yo se lo dije. Yo sé. Tú sabes, ella pues también, aquella ya lo vivió; ustedes no lo podrían saber. Unos dicen sé, otros lo comentamos, o conocemos, pero lo traes en tus venas o zapatos. No te deja dormir, vivir. Dejémonos de cuentos, yo la conocí en un sueño, se que se llama Katia, ya le leí en la Universidad, y punto final.  
  
  
 

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