RESUMEN (ABSTRACT)
La sociedad industrial, la
postindustrial, la moderna y postmoderna han generado y generan grandes
sacudidas políticas y sociales. Desde el historicismo, podemos decir que los
viejos movimientos sociales se transforman en los nuevos movimientos sociales
de hoy; que surgen y se desvanecen en el
contexto de la llamada sociedad del
riesgo y su búsqueda de identidades; y, justo en este ámbito, se ubica a “la acción colectiva juvenil” y sus
subcategorías valorativas: de protesta, desorden, enfrentamiento o movimiento
social. En la acción social, los individuos o grupos actúan en favor de sus
intereses individuales o colectivos; pero lo hacen en forma que afectan de una
manera u otra, y de un modo directo, visible y significativo, las
realizaciones y expectativas de los intereses propios de los otros individuos o
grupos sociales; se cuestiona entonces, la reproducción social dentro de una
clara y patética crisis de todaslas instituciones sociales y se hace necesario el
replanteamiento del papel de la filosofía en su ámbito ético-moral.
Los viejos movimientos sociales fueron un
producto del desarrollo industrial, es decir, del desarrollo de la tecnología y
sus nuevas formas de organización económica y política; y se solía hablar en
ese tiempo de motines, revueltas o rebeliones, y un producto de ello fue la
irrupción de las primeras organizaciones obreras con sus huelgas y sus
consecuentes sindicatos; eran los primeros esfuerzos colectivos por oponerse al
cambio social y así promover un interés común y asegurarse por estas vías un
objetivo compartido.
En los
nuevos movimientos sociales la concepción en desuso de lucha de clases, se
transforma por la de lucha social o movimiento social y se busca formalizar y
legitimar las formas de organización social y búsqueda de identidades; en este
sentido, las incursiones informales de lucha atentan contra la reproducción
social; en la sociedad moderna “es buena
la conducta que aumenta la racionalidad del funcionamiento de la sociedad, y
mala o patológica la que obstaculiza el trabajo de racionalización sobre el que
descansa la sociedad moderna” (Touraine, 1995:12)
Aunque una crítica a lo anterior, nos lleva
a cuestionar el tipo de racionalidad a que se alude; si se trata de una
racionalidad instrumental con miras a fines; de una racionalidad medios-fines
en su sentido maquiavélico; o, de una racionalidad cuyos fines estarían
justificados por medios y principios éticos y no sólo instrumentales.
La decadencia de la sociedad
industrial, postindustrial, moderna y
postmoderna nos lleva a un ámbito de enajenación y cosificación humana, y a la
presencia de un Estado y de una empresa privada que, con un discurso sobre la
integración y reproducción social, glorifica la modernidad tecnológica y la
defensa de la libertad; pero, sin darnos cuenta de sus latentes contradicciones
compartidas e internas.
Sin duda alguna, ambas
modernidades, la de la tecnología y la de la liberación, conforman una
contradicción cultural y sistémica; por un lado la modernidad como triunfo
sobre la naturaleza y la satisfacción de las necesidades humanas y, por el otro,
como un logro sobre la seguridad, igualdad y fraternidad humana en su noción
ilustrada; o, como el discurso de la democracia y su estandarte hegemónico de
sociedad moderna o postmoderna, sea esta una república o unsistema socialista.
Las dos
historias: los dos discursos; las dos gestas; las dos modernidades eran
bastante diferentes y aun contrarias la una de la otra. Ellas estaban, no
obstante, histórica y profundamente entrelazadas una con otra, en modo tal que
produjeron una gran confusión, efectos inciertos y mucha decepción y
desilusión. Este par simbólico ha conformado la contradicción cultural central
de nuestro moderno sistema mundial, del sistema del capitalismo histórico; una
contradicción que nunca ha sido tan aguda como lo es ahora, cuando nos ha
llevado a una crisis moral e institucional (Wallerstein, 1995:15)
En cuanto a las tendencias ideológicas del
mundo moderno tenemos: 1)la ideología conservadora; 2)la ideología liberal
defensora de la modernidad; y, 3) la ideología socialista. En esta triada se
encuentra en posición central la
ideología liberal y su economía-mundo-capitalista; los liberales entonces, ven
en el Estado y su actuar liberal (político-económico); en el estatismo, y luego
en una política tecnocrática y después
neoliberal, las piezas fundamentales para conseguir sus objetivos de élite, de
mercado, de modernidad tecnológica y de apaciguamiento de las luchas o
movimientos sociales que consideran como peligrosos.
En la economía-mundo-capitalista encontramos
tres ejes de acción estatal: 1)el sufragio, 2)el Estado (de bienestar,
tecnocrático o neoliberal), y 3)la idea de identidad nacional; todos estos
objetivos buscan tranquilizar a las diversas manifestaciones de movilización y
organización social, y garantizar la modernidad tecnológica y de
mercado.
En este contexto de la denominada sociedad
del riesgo, de la sociedad del costo-beneficio, se ubica a “los movimientos juveniles” y a los otros nuevos movimientos
sociales: feministas, gay, de indocumentados, indígenas, de ambientalistas, de
deudores de la banca, etcétera.
Hay que destacar que la juventud no
representa un bloque hegemónico, no cabe en un conjunto de categorías fijas; en
el país los jóvenes se integran en grupos diferenciados y se definen y
organizan en función de identidades, banderas, objetos, creencias y consumos
culturales y estéticos de acuerdo a su nivel socioeconómico y su escolaridad: movimientos
estudiantiles, los chicos banda, los grafiteros, los punketos, los ravers
(música tecno), los dark, los emos, los yupies, etcétera.
En
otras palabras, “se trabaja, se va a la
escuela, se participa en algunas causas pero los constitutivos identitarios
entre los jóvenes no pasan ya por la fábrica, la escuela o el partido. La
identidad esta en otra parte. Se trata de identidades móviles, efímeras,
cambiantes y capaces de respuestas ágiles y a veces sorprendentemente
comprometidas (…), formas de respuesta ante una crisis generalizada” (Reguillo,
1997:209)
En cuanto a los indicadores de observación
de los movimientos juveniles se puede mencionar los siguientes: sus creencias y
formas de comunicación; sus objetos de valor, tolerancia, inclusión y
relaciones de género; su capacidad de disidencia interna y sus espacios de
acción.
En los setentas y ochentas, los movimientos
juveniles populares se fraternizan bajo un manto homogéneo, el de un nosotros
compacto (Los Panchitos, Los Ramones); su mundo es el barrio. Fue la década
pérdida, “la Generación X”, el
desinterés y desencanto de la juventud: el vandalismo.
Hoy día se dan las siguientes tendencias:
1)una mundialización o globalización de
la cultura; 2)un triunfo del discurso neoliberal y del adelgazamiento del
Estado; 3)un empobrecimiento creciente de grandes sectores de la población; 4)un
descrédito y deslegitimación de instituciones y pérdida de valores; y, 5)una
creciente influencia del narcotráfico en la política y en el consumo de drogas.
Y esto, ha afectado la percepción política, el espacio y el futuro de los
jóvenes.
Hay que hacer notar que varias
características de los movimientos juveniles de fin y principio de siglo se centran en una
conciencia planetaria globalizada (Internet); priorizan los pequeños espacios
de la vida cotidiana; muestran un respeto
por el individuo y su heterogeneidad; seleccionan cuidadosamente las
causas sociales y, el barrio y el territorio han dejado de ser el epicentro del
mundo como en décadas pasadas.
Por lo que se refiere a los más recientes
movimientos juveniles: #Yo soy 132; el paro en la Universidad Autónoma de la
Ciudad de México (UACM) y la toma del plantel Naucalpan del Colegio de Ciencias
y Humanidades (CCH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), entre
otros;se dan en un contexto de la “supuesta alternanciapolítica”; de la construcción
de una democracia real insuficiente, y ante un patente descontento civil por la
más reciente elección presidencial;estos movimientos sociales juveniles se
caracterizan por: 1)particularizar los
hechos sociales desvinculándolos de su universalidad; 2)se presentan en un
contexto de autoritarismo estatal cuyo discurso es la democracia y el valor de “nuestras instituciones”, visiblemente
corrompidas; 3)se muestran hechos violentos y vandálicos; y 4)el Estado y los
medios de comunicación manejan los calificativos de vandalismo, porrismo y
delito.
En definitiva, la modernidad, sus
contradicciones y sus consecuencias perversas, abarcan los procesos económicos,
políticos, sociales, ideológicos y culturales; se busca modificar las pasadas
formas de dominación, y remplazarlas por nuevas y más acordes al
sistema-mundo-capitalista; así de esta manera, los procesos de modernización
hacen un cambio de la sociedad industrial a la denominada sociedad del riesgo,
considerada como aquella que inicia donde el sistema de normas sociales y de
previsión de seguridad falla ante los peligros desplegados por determinadas
decisiones políticas (Alfie, 2000)
En suma, y para concluir esta ponencia, de
una u otra forma la acción social y los movimientos juveniles ponen en tela de
juicio: 1)el sufragio , a la democracia real y a su sistema electoral; 2)al
Estado neoliberal; y, 3)la idea de identidad nacional y desarrollo social. Se
presenta ahora una crisis de legitimidad y de credibilidad de todas nuestras
instituciones sociales a todos sus niveles, y es prioritaria la presencia de una
perspectiva filosófica con un enfoque
ético-moral. Ya, Immanuel Wallerstein, sociólogo estadounidense, vaticina el
fin de la modernidad; lo que haría necesaria la construcción de un nuevo
paradigma social que haga frente a los embates de la globalización y del salvaje -sistema-mundo-capitalista y, en
consecuencia, de sus devastadores efectos sociales y ambientales.
REFERENCIAS
Alan, Touraine (1995) Movimientos sociales. UNAM: México.
Alfie, Miriam (2000) Maquila y movimientos ambientales. UAM, CONACYT y grupo editorial
Neón: México.
Reguillo, Rossana (1997) Taggers, punks y ravers: las impugnaciones subterráneas, en La
democracia de los de abajo. La jornada ediciones: México
Revista A (1985) Crisis
y juventud: se acabaron los sueños. UAM: México.
Wallerstein, Immanuel (1995) ¿el fin de la modernidad?en Sociológica número 27. UAM: México.
[1]
Lic. en Periodismo y Comunicación
Colectiva, UNAM; Lic. en Sociología, UAM; actualmente cursa la
Lic. en Creación Literaria, UACM.
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Lic. en Periodismo y Comunicación
Colectiva, UNAM; Lic. en Sociología, UAM; actualmente cursa la
Lic. en Creación Literaria, UACM.

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