domingo, 9 de julio de 2023

Días de guardar



Cáscara de luz altiva que nos envuelve.
Dura de pelar pero de tacto que acaricia el  lienzo ebrio;
miradas disueltas en anhelo, 
en hojas que se agitan solas,
 silenciosas y bajo la  lluvia mueren.

Asumo cielos violeta,
días de guardar azul cobre.
De un tinto en copas ebrias que cato a diario. 

Tardes de encierro en ti, en tu cuerpo desnudo;
el que  hace líneas y se pinta solo en lienzo inmaculado y puro,
senos en curva infinita y púrpura,
en amarillos, blancos, verdes; y en azul.
Noche de puerta cerrada y ventanas llenas de sombras.

Divina,
la  corriente de tu cabello que galopa a toque oscuro de cedras.
Cuerpo que se quiebra y pinta 
 al toque de dedos curiosos e insensatos;
pincel de un tal,  Amadeo Modigliani;
ebrio de ti, Jeanne
 y sin propósito ni arte sacro alguno.

Profana  la caricia tuya,
mi pincel húmedo y etílico.

Asumo la noche despierta que sufre girando;
como  si parlara allende el mar y a la lluvia
picada  de derivas y alegrías, de furias de rocas mudas.

Acepto tu beso de trino agridulce, 
de vuelo  suspendido e impuro.

Días de guardar tras tu puerta risueña,
 bajo tu falda, 
desprendida de ti,
ahíta en vinos  y locura.

Días de guardar, Jeanne,
cuando lo único que cazas 
es un pez de mármol, de diamante
que se agita en el mar que abrigas,

sola,
 la mirada que acaricia; 
el largo de tu cuello
de tu beso de cisne, 
y tus ojos. Tus ojos nocturnos.

Tus ojos siempre tristes;
y, bajo tu cuerpo
cae cae y cae 
muy deshojado, y  ebrio mi mundo.

(A un tal Amadeo Modigliani, a Jeanne)

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