Las hojas, la mar se agitan, la lluvia llueve gota a gota, los caminos se encuentran, se expanden, los ríos se hacen uno, las risas también. Los barcos se construyen y navegan brazo a abrazo: los abrazos son mutuos como los besos y miradas, como las caricias nuestras, como el rezo y el canto.
Las estrellas iluminan la noche y destellan juntas, las aves vuelan en grupo, y los grumos de arena construyen la bahía, las paradisíacas playas.
La luz es única he ilumina el mundo, el universo se expande y es infinito. El mar inmenso.
La fe habita los corazones y los corazones laten sin reparo. Las miradas, la vida seduce y canta, canta, canta.
Las abejas endulzan con su presencia (los críos también), los peces son de colores como las flores y la fruta, el vino es tinto como las uvas (y como la amistad, se añejan) , y el café charla, y charla sin prisa.
Los días se cuentan uno a uno sin calendario, los infantes nacen uno y luego muchos más, y como trigo brillan a lo lejos. Y los trinos de aves son el concierto.
El rezo tiene su misa, su templo. Y yo te tengo a ti amiga, amigo, y siempre he de estrechar tu mano: caminemos codo a codo, cuesta tras cuesta: que este tiempo sea el juez y el parte: ¡Presente¡
Poema, poesía que no duerme 2023.
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