Prologo
Nuestro poeta Tlaltecatzin ( entre siglos XIV ó XVI), en su época, entabla un diálogo con la “alegradora”, con anahui; la mujer del placer de los tiempos prehispánicos. Ahora en el siglo XXI, Gabriel Núñez Palencia en Anahui, “alegradora” continua el diálogo poético con esta mujer del placer, y para ello se vale de los recursos líricos de nuestros antepasados, su voz, sus voces.
La exaltación emotiva, la abundancia de formas figuradas, el diafrasismo, el paralelismo, el estribillo; y los caracteres de orden ideal, es decir, presentar una poesía colectiva y no necesariamente ideal, que la colectividad cante como en los “ corridos”; darle a la expresión poética un sentido de elevación, deificar a la “alegradora”; ser breve en la expresión; comparar a anahui con flores, plumas ricas, piedras preciosas y aves; dar un sentido de universalidad a la poesía. Dar animismo, dramatizar y dar un tono épico; una génesis que aflore en lo natural.
Sin más quede consideración suya el canto uno de Anahui, “alegradora”.
Canto uno
Me despeño en tu adentro,
flor tostada que vienes y vas
con tu guirnalda de plumas y colores,
con tu placer invitas miel, mieles.
Ave de cuello azul
fresco rocío has de irte,
he de irme.
Criatura de cielo y flor,
sobre tu lecho de flores amarillas y blancas
te prestas, te abandonas y descarnas.
Con tu boca de floreciente cacao,
con tu canto embriagas mi vida.
Ave de cuello azul
fresco rocío has de irte,
he de irme.
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