martes, 8 de septiembre de 2020

La Cola del Lagarto

La Cola del Lagarto 
Gabriel Núñez Palencia 

Aquella mañana no le dije nada nuevo al Greñas, la calle estaba vacía aquel día. Nada que decir, todos se habían ido ya. Se acabó el jale. Se fueron por más baro. Sin feria no hay diversión. Ni nenas que aflojen, ni pastas, ni mota, menos alcohol. 
_Los cabrones conseguirán algo. 
_No te la jales (me dijo él) a esos putos ya los torcieron por un kilo que deben al Rostro, madrearon a todos, se dispersaron por la madrugada, no van a caer por aquí, no son pendejos. 
     Me fui y dejé al Greñas, la ciudad estaba fría y las calles del Eje Central daban cuenta de los primeros ojetes que le llegan a la ciudad. Le di baje a un pendejo con la navaja y lo limpié. Más tarde comí un par de tortas de pierna al lado del Moro. Luego en República de Salvador me topé con el Muelas, le di la vuelta porque no traía ganas de madrearme con él. Me chingué el último papel que traía.
_No Lagarto, no le di prenda, ni le dije que tú te chingaste a la Chiquis, ese guey ya lo sabía, su hermana le dijo que tú te la coges. 
_No mames yo no me meto en pedos. (“Nada mas no le digas a tu carnal, mí  Chiquis, y sin problema te veo. Tu raza es muy perra y ese guey es muy rabioso.”) Estás pendejo o qué, pinche Caracol, los papeles los tenías que dejar en la esquina de Colombia, no te la jales a quién se los diste. 
_Ese cabrón se acercó, como me dijeron y me preguntó qué traía, le dije que los papeles y me extendió la mano, se los di todos con todo y morral. 
_No mames, ese puto sepa la madre quién era, ya te chingaste, por pendejo, mejor te escondes o a ver de dónde sacas ese dinero. 
     Aquella noche le dieron para el Eje uno, por Soto, a El New York y se despacharon unos drinks y luego, se despidió y llegó al hotel Álamos, allí lo esperaría la Chiquis. 
     Ya estaba ella esperando al Lagarto, sus diminutas prendas dejaban al descubierto un cuerpo impecable y pecaminoso, en realidad la Chiquis era la puta de él y la padroteaba si era necesario. La usaba como al papel sanitario. Ella se dejaba usar y hacer, no le importaba mientras le diera su dosis diaria. 
     El Rostro estaba enfadado, era él quien surtía la mota en ese cuadro de la ciudad, y nadie, ni los Lagartos y su larga cola le verían la cara de pendejo. Caminó al Centro Histórico, no quería que le llenaran de papeles sus banquetas bien surtidas de hierba. Se ajustó su Sauer Mosquito 22 al cinto, ocultándola con la chaqueta. Caminó aún con el semblante descompuesto. 
     El Lagarto pidió el cuarto, le dieron la llave al momento. Era buen cliente. Por las escaleras ya le iba sobando las nalgas y las tetas a la Chiquis, aquello estaba hecho agua cuando paso las yemas de su dedos índice y medio por la rajada roja de bellos suaves. 
     El Rostro se topó con un par de polis y les dio su cuota. Les dijo que iba embarrar de mierda la banqueta de Colombia, “sin problema”, le respondieron.
   El Caracol no tuvo ni tiempo de preguntar por el tipo que se llevó la coca, con la mosquito en la frente le mandaron a mejor sitio, y sí, si se embarró la banqueta con su sangre que poco a poco se iba haciendo densa como atole, ante la espera de algún representante del orden público.

(Fragmento inicial de mi novela 2020)

viernes, 4 de septiembre de 2020

Hacia una Hermeneútica analógica



Decir hermenéutica es hablar de interpretación de textos, lo que en consecuencia tiene multitud de aplicaciones, entre estás, la filosofía, la historia, la literatura, la política, y demás etcéteras. 

Es la hermenéutica una ciencia o arte, una simple disciplina; si una interpretación tiene profundidad y si existen textos que van más allá de lo que enuncian; discursos en que hay contextos e individuos, países e ideologías; comunicación y mucha polisemia. Si existen sentidos superficiales u ocultos, mitos, metáforas y símiles. 

Lo anterior no ha de suponer que existe un sentido único o diversos sentidos o, y verdades únicas, cuál es la representación e interpretación cierta. No solo se requiere descontextualizarlo todo, de ver su fuente, su vocero, su voz única; habría que contextualizar y recontextualizar, construir y reconstruir; elucidar y analizar, utilizar la lógica y la razón. 

Me pregunto si se debe de observar sólo el texto desde el texto, el diálogo, el discurso por sí mismos; retomar el sentido de la acción comunicativa como texto, además del diálogo y el texto escrito (Ricoeur 2003). 

Como se ve el proceso es complejo; qué es un texto, un juicio, una argumentación interpretativa; qué significa este texto, este discurso, esta acción en particular; qué se quiere decir, connotar o, y significar, a quién va dirigido y con qué propósitos; qué se dijo ayer y qué se dice ahora; qué le dice a otras personas, a mí; qué hay de su tesis, antítesis y conclusión. Qué condiciones se deben de reunir en su hermenéutica o, y en una analogía. Será lo mismo codificar y decodificarlo. Me pregunto si la decodificación o, y comprensión debe ser unívoca o equivoca. 

Como podemos ver hay una hermenéutica unívoca y otra equívoca, y se oscila entre ambas, hay mucho relativismo y se hace necesaria una hermenéutica intermedia, mediadora y analógica que evite estos extremos, que sea abierta y que no caiga en relativizamos, ello será posible, les pregunto. 

Lo evidente es que somos animales simbólicos, políticos, económicos, históricos, religiosos, supersticiosos; que abrazamos una ideología y tomamos partido, que pertenecemos a una tribu, o nación, que vivimos un horizonte específico y que actuamos y pensamos unívoca y equívocamente; pero ciertamente una hermenéutica analógica podría reducir las dicotomías y evitar los extremos, ser menos subjetiva y, muy posiblemente acercarnos a la objetividad. 

No obstante las universalidades o, y particularidades podrían arrastrarnos a un inevitable pragmatismo, y en lo personal preferiría caminar la senda del relativismo cultural de Franz Boas.

X'tabay



<<No has de pasar por ese camino y menos briago, porque ahí espantan.  
Ya alegre, después de unos tragos y de un buen baile, quién nos ha de quitar el gusto. Se decía Merejildo ¡Huay, qué miedo! 

La noche había sido larga y abundante en sus placeres. A las muchachas había tocado el talle y estrechado en  el baile de esa noche, les había respirado el cuello y el cabello. 

<<Les he de decir que el Roque estuvo en otra fiesta hace algunos ayeres. Entre la alegría de aquella vez, había conocido a una mujer de la que nunca supo el nombre. Muy bella la criatura, dijo él, y de cara blanca radiante, y de un bello vestido azafrán de sol ajustado al cuerpo, y de cintura breve y nariz respingadita; y ahí, en su pecho, los frutos se le encendían nomás de puro mirarlos de tan dulces y tiernos que se veían. Bailo con ella  y tomó más que de costumbre. La mujer  se dejó tocar y hacer, besar, y bebía él de su boca. 

Roque no podía  creerlo, tan bella la flor. Su aroma le embotaba los sentidos. La mujer le decía que le siguiera, por el camino éste del que todos vienen hablando y tienen espanto. Éste que voy caminando con un poco de temor y desconfianza ya después de  media noche. 

Cuántas mujeres había estrechado él esa noche de baile, pero ninguna como la que le describió el Roque. Estaba tan borracho su amigo aquella vez, que se cayó en medio de la pista de baile. Qué lastima, no hubo poder humano que le levantara para seguir a aquella flor soleada de la que bebía vino de su beso y boca. 

Mira Merejildo, decía el abuelo, ese es el pasaje de X’ tabay, nunca se te ocurra pasar bebido a media noche por allí. Se han desaparecido muchos hombres de parranda y botella, o les han encontrado tiesos y con los ojos bien pelones, la boca bien abierta y la cara compungida por el espanto y bien castrados y sin bolas, planos pues. 

<<No, si yo le decía al Merejildo que esa mujer tenía algo que no era de este  mundo, como si fuera un hechizo de diablo de mujer, de tan   bella y ardiente  que era pues,  pero me caí  de borracho, aunque ya la había besado, tocado y bebido de su boca. Otros dicen que estoy loco, que esa noche me embriague en otro lado, y que ahí bailé solo en  la pista, que ninguna mujer como la que cuento estuvo conmigo, que hay me quedé tirado de borracho hasta el amanecer. Pero yo bebí y me embriagué de la boca de esa flor de hechizo, y aunque ellos no la vieran, yo si la vi, la sentí y me desmayó su beso de vino. 

Como venía diciendo, yo sí le creo al Roque, es borracho pero no hablador. No me importaría seguir bebiendo de esta botella que traigo casi llena, ni compartirla con esa mujer  si  se deja ver ahora por este camino de X’ tabay, como le dicen.

 ¡Huay, que espanto! Vengo que ardo por los tallos de flor que estreché esta noche, y no, no me importa que esa flor de hechizo se deje ver en este momento de luna llena, que le he de tocar, he de  besar y beber de su boca el vino, sin más.

Seguramente yo si estaba borracho, y no bailé con ninguna mujer esa noche de la que le platique a Merejildo, y con seguridad no había flor de hechizo, ni vestido de sol azafrán, ni pelotas. Ni besé, ni toqué, ni bebí  esa noche de ningún labio de mujer. Y sí,  si me quedé tirado de borracho hasta el amanecer yo también. 

El Merejildo me contó después, que él sí, que si vio a la flor ardiente y tibia en el camino de X’ tabay, y que tocó, besó y bebió de esos labios de hechizo, pero que cuando quiso ir  más lejos y tocar entre piernas, se encontró con un  fuste igual  de tieso que el suyo. Que no era una flor, sino un manfloro, y que  no le  quedó de otra,  y que pues lo mató. 
Ahora, el Merejildo se fue  y anda de malas, se perdió por el camino de X’ tabay. ¡Huay, qué espanto no!

(De Narraciones fingidas II)

jueves, 3 de septiembre de 2020

Hacia una concepción del Estado



En principio hay que destacar que históricamente su concepción ha estado sujeta a los criterios de un horizonte filosófico o de una tradición ya sea de Occidente o, incluso de Medio Oriente. Esto es, podríamos hablar de un Estado Teocrático, o de sus diversas posibilidades teóricas, como lo serían por ejemplo, un Estado Oligárquico, Uno Democrático, u otro Autoritario. 

Por otro lado hay ciertos elementos necesarios para su concepción: 1) un grupo de individuos social, política y económicamente determinados por su cultura; 2) se habla de una institución impuesta por el grupo victorioso en una contienda electoral o por la vía de la fuerza, y, 3) el ejercicio de una soberanía. 

En suma, se podrá decir que el Estado es una forma de organización social, económica, política y soberana de coerción, que se forma por una institución voluntaria que detenta el poder de un territorio o pueblo determinado. 

Sin embargo, esto no es suficiente para conocer su naturaleza y alcances, la problemática actual de su ejercicio y sus expectativas en vías a lo que se ha dado el en llamar un Estado de Derecho. 

Ahora bien y atendiendo a algunas de sus concepciones, Cicerón veía una multitud humana unida por una comunidad de derecho y un bien común; para San Agustín era una unión basada en la razón, la virtud y el bien común; Bodino concebía familias y una administración material bajo un poder de mando guiado por la razón; Savigny hablaba de la representación material del pueblo; Kant habla de una variedad humana regida por leyes jurídicas; F. Oppenheimer dice que el Estado es una institución social impuesta por el grupo victorioso sobre el derrotado, y cuyo propósito es regular su dominio y agruparse contra la rebelión interna y los ataques exteriores; F. Lasalle dice que es una asociación de clases pobres; Hobbes ve una persona de cuyos actos una multitud, por pacto mutuo ha sido instituida en un soberano, y de cuyo objeto puede utilizar la fuerza como juzgue oportuno  para asegurar la paz y la defensa común; Duguit habla de una corporación de servicios públicos controlada y dirigida por un gobierno; Hegel lo ve como una conciencia; Grocio como una asociación libre y  perfecta unida para gozar de derechos y de una utilidad común; dice, es una asociación política soberana, con territorio propio y organización específica, y un supremo poder; Herman Heller, lo define como una conexión de quehaceres sociales; de unidad organizada en su interior y exterior, con soberanía y poder territorial exclusivo y supremo; y, Weber ve en el Estado una coacción legítima y específica, mientras que Marx lo ve  como un aparato represivo de clase. 

La médula de su concepción no resuelve los siguientes hechos: a)Es una representación material, diríamos económicamente determinada; b)Está instituida por leyes, es decir, regida por una Constitución Política; y, c)Tiene el monopolio de la fuerza y es coactiva. De lo anterior se deriva que es casi imposible separar la dualidad política-economía; hay poderes de facto, diría de clase y las leyes lamentablemente responden a esos intereses facciosos o de facciones políticas legislativas; y tienen en su poder el monopolio de la fuerza, y esto, sin hablar aún del llamado Narco-Estado.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Luna lejana



Levántate vamos, da el paso
alza el puño
el sol tócalo si quieres,
besa esta noche la luna,
ven vamos,
es nuestra noche
sigamos la cuesta,
quizá tengamos que seguir subiendo 
o decidas caer irremediablemente,
tengámosle una cerveza, un pinito encendido,
téngame esta noche la diva desnuda,
divague el destino,
toda noche tiene un crepúsculo,
enciende la luz,
Ella te espera o no.

Vamos amigo, ánimo 
bebamos aún así 
una noche sigue otra noche;
Ella se ha ido sí, sin ti
se fue.
Nos queda una ronda,
mucho blues
mucha música,
otra piel,
echa tu guitarra al hombro,
levántate y ve y escribe
toca ese rock,
alza el puño,
y mejor bebamos,
quizá otro luna os besará,
otra otra
menos lejana.


(Lunapark 2020)

W., qué?


Me escribes, sí, hablas de mi ficción como si cualquier cosa. Dices que soy el  señor W, ¿qué? No alcancé a leer mi apellido. Que soy un tipo aislado y que vivo aquí en tu mundo. Entre letras que narran mi existencia, que es la tuya, digo, tú me creas o crees crearme, pero te equivocas. Fui yo quien salto aquí, o más  bien asalté a tus letras e ideas, a tu mente. Veo que te la pasas escribiendo, ideando un lugar que te guste (que me guste a mí, acaso, o a tus lectores o mujeres) sí, uno más humano tal vez; pero hablas de mí vida como si me conocieras de siempre, que si el señor W es un tipo más  gris y más desamparado que las nubes de julio: un bilioso cornudo, y demás  tonterías venales y  banales.

Mira, amigo G;  sí, señor G, porque así firmas tu narrativa,  tus cuentos ¿o, no?, tus poemas. No soy tan alto como lo supones, y tengo mi lado luminoso que desconoces. Efectivamente me he aislado  de este mundo y me recreo aquí en tu narración fingida y llena de mujeres. Detesto el maquinismo del funcionamiento humano y me resisto  a la manipulación de la que tú huyes, y  de la que ahora  me quieres hacer objeto en la ficción de tu existencia llena de flores y aromas; la que recorres en tu poética amorosa, en tu prosa.  

Mi iluminación me viene de las letras precisamente, porque has de saber que soy un hombre de conocimiento, sí, de letras precisamente; y por otro lado, veo que tu te la pasas con las narices entre los libros, entre las páginas que van y vienen por tus ojos de escritor (¿De mujeres, los llenas? ¿Sí, tus ojos?) y  tu departamento está anegado precisamente de le-tras, sí, de li-bros (y de e-llas): grandes nombres  se pueden leer en tu menú literario, enormes los hombres de letras  que se pueden ver por aquí rondando tus libreros, tus  ideas y tu vida -¿será sólo el pensamiento de ellos el que anda flotando aquí, sus almas (el de ellas y sus perfumes)? Ocupan al azar sus escritos los entrepaños de tu biblioteca apartamento, me parece (ellas tu vida, considero). Veo que duermes abrazado a tus libros como a la almohada,  a las ideas (a e-llas), ¿acaso arrullan tus sueños, tus ficciones.

¿Qué lees ahora, G  (quien de ellas duerme contigo, qué escribes, qué lees)? Ese argumento es muy obvio, los personajes debería ser más revolucionarios que la  revolución misma, sí, se tiene que acabar con todo esto. 

Mucho costumbrismo me parece, mucho determinismo simbólico: imitación. Eso otro que pende por ahí, es muy romántico, sí, un poco de inconformidad e inadaptabilidad, de rebeldía y retiro, pero ¡uh!. No, y sí; aquello otro es muy verosímil, muy real; ¡acaso un ingrediente exótico lo salvaría!, pero tampoco. Eso que ya leíste por allá señor G, ya cayó en desgracia, peca de incomprensión y niega su realidad: eso del “progreso” pues  es mera realidad-ficción. Eso de la evolución es ficción-realidad. Eso de los ambientes y de la carga genética, es pura psicología...

Ora que, hacer incisiones precisas es masoquismo puro o ingeniería o medicina literaria, psicoanálisis: ficción-ficción. Eso de la sórdida existencia es sólo drama. ¿Acaso la degradación humana, no es humana señor G? La minucia  de la realidad es sadomosoquismo, no ficción. El arte por el arte es un desperdicio del artista, el hombre no es simplemente un minusválido de la burguesía, un aborto del capital. ¡Hay mucho abandono ya, por supuesto! ¿Qué alegato se traen ahora con los sentidos, con el ojo y la plástica literaria? Qué diantres con  las onomatopeyas y las sinfonías auditivas, con los neologismos, o con el compromiso simbólico...

¡Caracoles! No señor G, no y no. Eso de los sabores locales es menú a la carta,  miscelánea de más realidad-ficción: política, economía y sociedad.  Ora que aquello de preocuparse tan sólo por la estética, la psicología y la filosofía, irá bien, le pregunto Don G, lo cree así usted... 

¿Regresarse al individuo, qué hay con eso de aventarse; de  esos romances idílicos con  la fantasía, con las vacas ilustradas y sagradas? Eso de los ismos es ficción-ficción, muy destilado y añejado ya por cierto. ¡Qué el lector se creé el fondo que desea, qué viva el Boom, las novedades! ¡Pamplinas! ¿será, señor G? ¡Pess, pess, no se me duerma G; yo no lo sé, ni lo sabe usted mucho menos tampoco! ¡Aquí huele a flores, a dama, si!...

No, no, por otro lado; yo no idealice a ninguna mujer como usted lo escribe, soy más práctico de lo que supone. Tú, en cambio,  señor G, presumes que has encontrado a la mujer ideal, o al menos la has visto por aquí, a la señorita V, ¿o, es qué la leíste en una de estas novelas asidas a tus libreros o que se abrazan a  tu sueño como ellas (¿Cómo puedes idealizar a una, si has sido hombre para muchas?);  o, es que la encontraste en otra nivola o   en este cuonte. 

¿Es tu acción o mi acción de la que he o hemos de hablar y escribir en esta obra, o es la simple acción humana, de la realidad-ficción  o de la ficción-realidad o de la ficción-ficción, o será en cambio, de la no-ficción, o dime, poeta, de qué trata  este cuonte, la vida (¡únicamente de mujeres!) No lo sabes, porque no eres  tú el que me escribes, soy yo el que te escribo o quizá, somos ambos la ficción o la vida y nos escribimos a la vez. Cuando yo era un niño, tú ni siquiera habías nacido. ¿Cómo puedes contar de mi niñez, qué  has de decir de mi juventud y madurez,  qué han de leer aquí de tu vida, de la mía o de la nuestra (de ellas)? El señor W no tuvo una infancia de miseria, el señor W niño pertenecía a una clase aristócrata y no era de este país, sino extranjero; era lo otredad. Te diré algo más: el señor W también era un escritor y poeta. El señor W, escribía...

G. había dejado los pasos  andados y por andar, y seguía los pasos de hoy, de aquí y ahora. El diario hablaba de un mundo por demás retórico y en  el desasosiego él se leía.  El señor G escribía sobre un tal W que no soy yo, pero que en  su empeño de escritor pretendía emparentarme con él; con el señor W, y de las correrías femeninas de que G gusta, por supuesto. Con un señor W alto, encorvado, desaliñado, cornudo y gris me emparenta. ¡No!

Volviendo a la mujer ideal poeta,  no será que amas o  que te gustan ‘las niñas malas’; o aquellas danzas de encuentros y desencuentros mundanos en que se traían  al Ricardito limeño aquél o, será ese amor prematuro por La Mariana de Carlitos y sus batallas en el desierto. Ora que, puede ser que te seduzcan las mujeres de ojos grandes de una escritora poblana; como la tía Valeria y su aparente  locura o  paz interior. Ora que, a la mejor te interesan más las mujeres de Tomás: quizá Teresa, Sabina... Será que te gustan las que a mí me apasionan:  Elicia, la puta, por ejemplo. O la Susana, por la que desfallece el mamarracho de  Eligio. Pero prefiero a la  Maga o a la Helena de Ludvik...

No señor G, usted estaba en esa banca del jardín frente a la iglesia aquella, cierto, de una aristocrática ciudad de la que usted no era parte, menos ella. Había  citado allí a la supuesta señorita S, que también era de una clase por debajo de lo popular, era del lumpen: vivía su infierno y era como mí Elicia, ciertamente y lo arrastraba a usted, que era su arrastrado a voluntad ciega, sí, su perrito faldero.  Y le ponían a usted los cuernos y las banderillas a modo (incluso con su propio tío, de ella, si, ¿acaso también con el tío suyo?, ¡por Dios, eso es el colmo!), y en las correrías bravías en que no corría sangre se le veía (a ella por lo visto, de usted ni sus luces)  y sí , mucha miel se derramaba allá, pero para todos los otros toros, los más avisados que usted. 

Yo en cambio, ya hablaba con la señorita Incógnita a quien sólo conocía usted por su sensual  voz a través del teléfono (le pasaron una llamada por accidente, buscaba a un señorito G, que no era usted pero, que se hizo su amigo secreto), y que nunca idealicé o idealizó usted, se lo aseguro G. Y ella tampoco era señorita (me lo confeso en una llamada nocturna llorando a mares...), pero  era más como la Susana de Eligio o la Maga de Oliveira, nunca como mí Elicia...

Bueno sí, en parte te doy razón y no, pues en realidad nací  yo en estos lares y soy un granjero: el señor X y no W; y, tú no eres el señor G, ni vivimos en una ciudad, ni en este tiempo; sino que eres tú el señorito P que no esta ciertamente enamorado, ni de las ‘niñas malas’, ni de las mujeres de ojos grandes, ni de Teresa o Sabina, menos de Elicia, Susana, Maga o la otra Helena; quizá, no de la señorita V siquiera, sino de la señora Y; o será,  que más bien amas  a la señorita Z, o  que...

(De Narraciones fingidas cortas)