domingo, 24 de mayo de 2020

Literatura prehispánica: una voz, muchas voces



En la casa de las pinturas
comienza a cantar,
ensaya el canto,
derrama flores,
alegra el canto.
(Fragmento de Canto de primavera, Nezahualcóyotl)



Toda cultura tiene una lengua, instrumento de su expresión, una voz,  muchas voces... Toda existencia humana busca en el mito  y en el arte  su origen. El presente ensayo intenta mostrar esas voces de nuestro antepasado prehispánico, y para ello se ha recurrir precisamente a los mitos, a los cronistas y  al discurso lírico de nuestros antepasados. Nuestra literatura se despliega en toda  su creatividad y en la recreación de su mundo, del cosmos; y le hemos de encontrar en su lírica de paralelismos, anáforas, estribillos y demás tropos que embellecen las voces, les dan un florido color a flores.

Si hemos de hablar de orígenes iniciemos  con el mito; según Mariano Rodriguez en Elizalde y su filosofía del mito, esto nos lleva a la condición humana, a lo espiritual, el devenir (tiempo), a lo ontológico, al cosmos, a lo antropológico y a la filosofía de lo sagrado. Hemos de hablar entonces de la conceptualización del ser, su mundo y su realidad.

El ser y el hombre son los polos originarios de lo que denominamos realidad y por los cuales en  su conexión primaria, simbólica y mítica, se funda  el sentido, la estructuración del mundo en un todo significativo. La afirmación que guía el presente sostiene que el descubrimiento de lo real es contemporáneo con el hallazgo de lo sagrado. (Rodríguez, 2011:13)

En otras palabras, el extrañamiento, el relato asombroso, el buscar los origines y el animismo dan nacimiento a los mitos antiguos, a nuestras voces prehispánicas; baste el siguiente fragmento de un  mito del Perú, El origen de los incas:

Al mirar este hecho extraordinario, las plantas dejaron de conversar para poder ver mejor lo que sucedía (...), las viejísimas piedras blancas y negras que se sabían de memoria la historia integra del lago y conocían perfectamente la vida del Sol, la Luna y las Estrellas, pero que hablaban muy pocas veces, abrieron enormemente sus oscuros ojos (...) De pronto, la inmensa ola se partió por en medio y aparecieron, asidos de las manos, un hombre y una mujer. (Rojas,1991:30)

La idea central es que este  tipo de relatos fantásticos o mitos, nos llegaron por intermediación de los escritores indios y por conquistadores españoles como Bernardino de Sahagún, Torquemada, Bernal Díaz del Castillo y otros;  Lewis Spence (2000), en su Introducción a la mitología, nos dice que, de una u otra forma estas aportaciones fueron valiosas porque nos permitieron conocer los mitos de nuestros antepasados, sus dioses.

Un magnifico ejemplo de obra aborigen abundante en alusiones míticas es el Popol Vuh, o <<Colección de hojas escritas>> , de los indios quiché de Guatemala (...) Comprende la historia de la creación de ese pueblo, la historia de la caída de los gigantes de la tierra, la peregrinación de la raza quiché, las aventuras de ciertos héroes-dioses en el Mundo de los infiernos y la historia quiché hasta una fecha bastante posterior. (Spence, 200:289)

Lo más importante es que cada cual ha de conocer y reconocer sus voces, aunque haya parecido con otras voces hermanas; algo devienen sí, pero da gusto escucharlas una y otra vez; y hemos de repetirlas para que no se extingan. López Alfredo y Luis Millones en Los mitos y sus tiempos... (2010), se refieren a que:

Los mitos nacen para ir siendo oídos por quienes los reciben como verdades antiguas. Se forman de palabras, de silencios y de los ruidos de los entornos –tiempos, espacios, situaciones- que son los apropiados. Si contamos las miradas y los gestos de todos los presentes podremos considerarlos diálogos. (López, 2010:25)

Dicho de  otra manera, nuestro diálogo con los orígenes empezó hace mucho tiempo atrás, y fluye o crea sus raíces; y, se transforma en voz o voces líricas y narrativas; épicas o dramáticas; entonces,  llega a nuestros oídos, a nuestros ojos y se adentra en nuestra sangre y comunidades: es  la voz, son las voces... de nuestros antepasados prehispánicos.

A mi parecer,  ello nos hace suponer que existe  la posibilidad de que por analogía este legado literario, esta producción o mimesis ; esta voz o voces... prehispánicas se pongan frente a frente con otras voces, de otras épocas; y por esta  vía entonces,  hemos de recocer sus elementos y sus características. Sería tarea ardua pero no imposible. En este empeño por reconocer nuestra voz, Ruben D. Medina, en La crónica de indias (1999), nos muestra los pros y los contras al utilizar las crónicas como única fuente fidedigna.

En principio, refiere Medina, se tienen las fobias entre “vencedores” y “vencidos”; esto es, son diferentes las crónicas de los vencedores en comparación con las  de los vencidos. Ya León Portilla Miguel (1989) en su Visión de los vencidos , nos da una muestra de ello. 

Esto a la letra ha acontecido a estos indios, con los españoles, pues fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas que ninguna apariencia les quedó de los que eran antes.(León-Portilla, 1989: XXX)

En la crítica que nos muestra Medina refiere que, si bien la historia, mera convención, se aproxima al relato literario; no se debe:

...confundir los efectos con las causas; esto es, tratar de clasificar un texto de carácter histórico-literario según el origen racial del autor. La historia de la literatura debe distinguir a las crónicas indígenas de los peninsulares porque entre ambos existen diferencias ideológicas abismales.(Medina, 1999:152)

Por otro lado, si no hemos de considerar  en este trabajo la discusión de que si sólo se puede hablar de literatura en América después de la influencia de los peninsulares y su siglo de oro literario; y si por otro lado, retomamos las observaciones de Calero y Evangelina Folino (1984), en Crónica de las indias. Antología; y por ende,  las crónicas serían consideradas como textos fronterizos entre la historia y la literatura ya que:

...las crónicas, aunque usen algunas máscaras literarias (por ejemplo: la presentación novelesca de ciertos sucesos, la incorporación de situaciones ficticias de no probada existencia histórica, la aparición de ciertos tropos literarios) son, fundamentalmente, por su motivación, su naturaleza y sus objetivos, distintas de una obra literaria auténtica. (Calero, 1984:22)

Otra de las observaciones de estas autoras es que, todos estos textos fueron redactados en castellano; sus criterios fueron simplificados por los conquistadores, que fueron vistos como iluminados y portadores de una fe ajena y portadores además, de la “civilización y el progreso”; mientras los indios eran malvados endemoniados y portadores de la maldad. 

Ahora bien, por lo que  se refiere a las temáticas;  se centraron principalmente en: la naturaleza y el paisaje de América; otras, en una  naturaleza paradisíaca; o, la desmesura natural de ríos, sierras, llanuras y selvas; o, la naturaleza como enemiga y destructora del hombre, etcétera.

A su vez, el hombre también fue el tema: indio o español, y los mitos:

...la Historia verdadera de la conquista de la nueva España de Bernal Díaz [...] cada acción y cada hecho es un arquetipo, el molde original de un mito americano”. Los mitos, cuyo nacimiento registran las crónicas, se originan en la confluencia de las creencias indígenas y cristianas; a lo largo de los siglos se han enriquecido con una multiplicidad de significados y muchos de ellos se han convertido en verdaderos símbolos a partir de los cuales se busca, contemporáneamente, interpretar y explicar Hispanoamérica. (Calero, 1984:30)

Hay que tener en cuenta que, hubo tanto hechos como: cronistas o grupos de historiadores que hablaron de América sin haber pisado nunca sus tierras, caso de Francisco López de Gómora; otros que narraron desde la subjetividad de su posición como soldados, caso Hernán Cortez y Bernal Díaz del Castillo; otros más que hablaban  desde su fe religiosa, como Fray Toribio de Benavente, Fray Bernandino de Sahagún; otros más si, eran indios que dejaron documentos que reflejan su condición  indígena: Hernando Alvarado Tezozomoc y Fernando Alba Ixtlixóciltl.

En lo que concierne a los códices es claro que son un testimonio visual de suma importancia, aunque puede darse las dificultades para su fiel interpretación; aún así, son fuentes importantes que con imágenes coloridas evocan esas voces... e intentan forjar el diálogo. 

Pero, desde mi punto de vista personal, es la lírica la que deja ver de forma mas nítida esa voz, esas voces...; nuestra sabiduría, sus preceptos, su perceptiva; cantares y poemas, principalmente de gobernantes, sacerdotes y guerreros poetas; y que vivieron entre los siglos XIV Y XVI del mundo azteca. Después, personalidades  como Sigüenza y Góngora, Boutorini y Clavijero redescubrieron y estudiaron los viejos textos líricos; y aunque no los dieron a conocer en sus formas originales, al menos fueron poco a poco traducidos para su  disfrute y difusión postrera. 

De esta manera nos llegaron piezas de la poetisa, Macuilxochitzin; la poesía personal de Tlaltecaltzin quien en su lírica dialoga con la “alegradora” anahui, mujer de placer de los tiempos prehispánicos; otros fueron Nezahualcóyotl, Tecayehuatzin, Nezahualpilli, Ayocuan, Tochíhuitzin, Axayácal, y otros.

Lo cierto nos dice León-Portilla en Trece poetas del Mundo Azteca (1984), es que:

Los antiguos textos hablan ya de la presencia de sabios y sacerdotes, custodios de la tradición  y poseedores de las tintas negra y roja con las que escribían en sus libros de pinturas. En las escuelas, al lado de los templos, quizá también en los palacios, los mitos y las doctrinas, el saber acerca de los astros y el arte de medir el tiempo, podían comunicarse a las nuevas generaciones. Combinando la tradición oral con la técnica de las inscripciones se tuvo desde entonces el medio para salvaguardar no sólo el recuerdo, sino la continuidad de una cultura.(León-Portilla, 1984:18)

En suma, la lengua, la voz, las voces... es el instrumento del arte, de la poesía. El mito ha explicado el origen de todo hombre, su cosmos y sus dioses. Las crónicas de los conquistadores e indios (sus códices), independientemente  de los pros y los  contras que se han detallado lineas arriba, y como bien lo ilustra el maestro León- Portilla Miguel; de una u otra  forma, han dado continuidad a nuestra cultura. Así pues, nuestra literatura se ha manifestado en toda su creatividad, en su belleza y recreación de su Mundo: su cosmovisión. Reconozcamos nuestra esa voz, nuestras voces hermanas, iniciemos el diálogo, el canto y sus loas: Poneos de pie / ¡Amigos míos, poneos de pie! / Desamparados están los príncipes, / yo soy Nezahualcóyotl, / soy el cantor, / soy papagayo de gran cabeza. / Toma ya tus flores y tu abanico. / ¡Con ellos parte a bailar! / Tu eres mi hijo, / tú eres Yoyontzin. / Toma ya tu cacao, / la flor del cacao / ¡que sea ya bebida! / ¡Hágase el baile, / comience el dialogar de los cantos! / No es  aquí nuestra casa, / no viviremos aquí, / tú de igual modo tendrás que marcharte. ( Nezahualcóyolt)

REFERENCIAS

Calero, Silvia y Evangelina Folio. Crónica de las indias. Antología. Ediciones Colihue. Argentina, 1984

León-Portilla, Miguel. Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista. UNAM. México, 1989

León-Portilla, Miguel. Trece poetas del Mundo Azteca. UNAM. México, 1984

López, Alfredo y Luis Millones. Los mitos y sus tiempos. Creencias y narraciones de Mesoamérica y los Andes. Era. Mexico, 2010

Medina, Ruben. La crónica de indias. Editorial. México, 1999

Rodríguez, Mariano. Elizalde y su filosofía del  mito. Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM). Mexico, 2011

Rojas, Emilio. Mitos, leyendas, cuentos, fábulas, apologías y parábolas. Antología II. EDITER. México, 1991

Spence, Lewis. Introducción a la mitología. Editorial.México, 2000


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