sábado, 13 de junio de 2026

El hombre sin atributos y sin vínculos: errancia, memoria y desarraigo en Lía y sus pitillos de Gabriel Núñez Palencia (Capítulos XXXV y XXXVI)



Palabras clave: novela urbana, desarraigo, hombre sin atributos, hombre sin vínculos, metaficción, memoria, marginalidad, Wallerstein, identidad líquida.

Resumen
Los capítulos XXXV y XXXVI de Lía y sus pitillos constituyen uno de los momentos de mayor densidad reflexiva de la novela. A través de la voz de Lía, el lector accede a una caracterización fragmentaria del narrador masculino, figura que aparece como un sujeto errante, escurridizo y difícil de clasificar. Su identidad se construye no por aquello que posee sino por aquello de lo que carece: estabilidad, arraigo, pertenencia y continuidad biográfica. La novela propone así una singular representación del "hombre sin atributos" en sentido musiliano y del "hombre sin vínculos" propio de la modernidad tardía. Paralelamente, el capítulo XXXVI introduce una tensión entre el mundo académico y el universo marginal del semáforo, revelando que ambos espacios forman parte de una misma estructura social. Este ensayo analiza dichas dimensiones desde perspectivas literarias, sociológicas y filosóficas.

Introducción
Desde sus primeras páginas, Lía y sus pitillos se configura como una novela de la periferia urbana donde convergen prostitución, informalidad económica, alcohol, afectos precarios y observación social. Sin embargo, conforme avanza la obra, emerge otro tema fundamental: la imposibilidad contemporánea de construir una identidad estable.
Los capítulos XXXV y XXXVI resultan especialmente significativos porque desplazan momentáneamente el foco desde Lía hacia el narrador. Lo hacen, además, mediante una estrategia metaficcional notable: es Lía quien escribe y reconstruye la biografía de aquel hombre que desaparece constantemente.
La operación recuerda a la realizada por El hombre sin atributos de Robert Musil, donde el protagonista existe más como posibilidad que como realidad concreta. Del mismo modo, el personaje masculino de Lía y sus pitillos parece vivir fuera de las categorías convencionales que organizan la existencia social.

Marco teórico
1. Robert Musil y el hombre sin atributos
Para Musil (1930/2004), el hombre moderno ya no puede definirse mediante categorías fijas. Las identidades se fragmentan y se vuelven provisionales.

2. Zygmunt Bauman y la modernidad líquida
Según Zygmunt Bauman (2003), la sociedad contemporánea produce vínculos efímeros y biografías inestables. La movilidad sustituye al arraigo.

3. Immanuel Wallerstein y el sistema-mundo
Immanuel Wallerstein sostuvo que las relaciones sociales modernas deben comprenderse dentro de una estructura global de poder donde persisten desigualdades que las instituciones políticas no logran resolver.

Desarrollo
I. El retrato de una ausencia
El capítulo XXXV comienza con una descripción que es simultáneamente biográfica y fantasmal:
"Te vas por ahí con una, luego con otra. Te hospedas en cualquier hotel no importa la Ciudad."
Lo primero que aparece no es una presencia sino un desplazamiento.
El personaje no posee residencia fija, ni hábitos permanentes, ni relaciones estables. Su identidad está construida sobre el movimiento.
Resulta significativo que Lía no describa lo que él es, sino aquello que imagina de él. El retrato se forma mediante conjeturas.
La ausencia se convierte en el principal atributo del personaje.

II. El hombre sin atributos
Lía enumera ocupaciones diversas:
"Ayer eras reportero gráfico, fotógrafo de una revista local. Luego periodista."
La secuencia recuerda directamente a Musil.
El personaje no tiene una profesión definitiva.
Es fotógrafo.
Es periodista.
Es profesor.
Es ponente universitario.
Es escritor.
Pero ninguna de esas identidades consigue fijarlo.
La novela presenta así una subjetividad contemporánea caracterizada por la multiplicidad y la dispersión.
La identidad deja de ser esencia para convertirse en tránsito.

III. El hombre sin vínculos
Más radical aún resulta la representación afectiva.
Lía afirma:
"No tienes novia o tienes varias."
La frase es extraordinaria porque ambas posibilidades resultan equivalentes.
La diferencia entre tener una pareja estable y tener múltiples relaciones deja de importar.
El personaje vive fuera de la lógica tradicional de pertenencia emocional.
No aparecen hijos.
No aparecen padres.
No aparecen hermanos.
No aparecen amistades duraderas.
Incluso su familia permanece reducida a una hipótesis:
"Si tienes familia es asunto privado."
El personaje encarna así una forma extrema del individuo contemporáneo: alguien liberado de ataduras pero también privado de refugios.
La libertad absoluta aparece acompañada por una profunda soledad.

IV. Lía como memoria de quien desaparece
Uno de los aspectos más conmovedores del capítulo es que Lía se transforma en archivo humano.
Mientras el protagonista desaparece, ella conserva su recuerdo.
Mientras él olvida regresar, ella cuenta el tiempo.
Mientras él viaja, ella permanece.
La novela invierte así una tradición literaria donde suele ser el hombre quien narra a la mujer ausente.
Aquí es la mujer marginal quien registra la existencia del hombre errante.
Lía funciona como conciencia narrativa.
Es ella quien impide que el personaje se borre completamente.

V. Academia y semáforo: dos mundos que son uno
El capítulo XXXVI produce un contraste notable.
Por un lado aparece el ámbito universitario:
UAM.
UNAM.
UAQ.
Ponencias.
Congresos.
Debates teóricos.
Por otro lado permanecen:
Lía.
La Chicles.
Los clientes.
El semáforo.
La economía informal.
La estructura narrativa parece oponer ambos universos.
Sin embargo, la novela termina revelando que están profundamente conectados.
El mismo hombre circula entre los dos.
Durante el día discute teorías sobre movimientos sociales.
Por la noche vuelve simbólicamente al mundo de las trabajadoras informales.
No pertenece completamente a ninguno de los espacios.
Su condición es la frontera.

VI. Wallerstein en el semáforo
La intervención académica del protagonista posee una enorme carga simbólica:
"Ningún sufragio, ni estado de bienestar han sido suficientes para domesticar a las clases peligrosas."
La tesis atribuida a Wallerstein adquiere una dimensión irónica dentro de la novela.
Porque quienes representan esas "clases peligrosas" no aparecen como revolucionarios violentos.
Son Lía.
Son la Chicles.
Son los habitantes invisibles de la ciudad.
Son quienes sobreviven fuera de las promesas incumplidas del progreso.
La teoría sociológica desciende del aula al semáforo.
La academia deja de ser abstracción para convertirse en experiencia concreta.

VII. El tiempo como abandono
La frase que cierra el capítulo constituye quizá el momento emocional más intenso:
"Un año, te decimos las dos, un año sin mirarte en el semáforo."
La repetición funciona como una letanía.
Un año no es solamente una medida cronológica.
Es una medida afectiva.
La ausencia se vuelve cuantificable.
Lía y la Chicles no reclaman fidelidad sexual.
No reclaman dinero.
No reclaman promesas.
Reclaman presencia.
La novela sugiere que la verdadera pobreza contemporánea no es económica sino relacional.

Conclusión
Los capítulos XXXV y XXXVI de Lía y sus pitillos ofrecen una de las reflexiones más profundas de toda la novela sobre la identidad contemporánea. Gabriel Núñez Palencia construye un personaje masculino que puede leerse simultáneamente como hombre sin atributos y hombre sin vínculos: un sujeto móvil, fragmentario, profesionalmente múltiple y emocionalmente inasible.
Sin embargo, la obra evita glorificar esa libertad. Detrás de la movilidad aparecen la soledad, el desarraigo y la dificultad para sostener relaciones duraderas. Frente a ello, Lía emerge como la figura que conserva la memoria, la única capaz de otorgar continuidad a una existencia dispersa.
La novela demuestra que incluso en los márgenes urbanos existe una forma de afecto más profunda que muchas relaciones institucionalizadas. Mientras el protagonista recorre ciudades, hoteles, congresos y universidades, son dos mujeres del semáforo quienes recuerdan su existencia.
Y acaso esa sea la paradoja central de estos capítulos: el hombre que parece no pertenecer a ningún lugar pertenece, sin saberlo, a la memoria de quienes lo esperan.

Anexos
Anexo I. Rasgos del hombre sin atributos en los capítulos XXXV y XXXVI
Multiplicidad profesional.
Ausencia de residencia fija.
Falta de identidad estable.
Movilidad constante.
Desapariciones prolongadas.
Imposibilidad de clasificación social.
Fragmentación biográfica.

Anexo II. Rasgos del hombre sin vínculos
Relaciones sentimentales indeterminadas.
Ausencia de núcleo familiar visible.
Escasa integración comunitaria.
Independencia económica.
Soledad estructural.
Errancia geográfica.
Pertenencia afectiva involuntaria a la memoria de Lía y la Chicles.

Anexo III. Analogía central de los capítulos
Espacio académico
Espacio marginal
Ponencia
Semáforo
Wallerstein
Lía
Universidad
Calle
Debate teórico
Supervivencia cotidiana
Producción de conocimiento
Producción de experiencia
Memoria documental
Memoria afectiva

Bibliografía
Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Musil, R. (2004). El hombre sin atributos. Seix Barral. (Obra original publicada en 1930).
Wallerstein, I. (2005). Análisis de sistemas-mundo: una introducción. Siglo XXI Editores.
Núñez Palencia, G. (2026). Lía y sus pitillos. Novela homónima de culto al ocio de tirar letras. Manuscrito inédito.
Lukács, G. (2010). Teoría de la novela. Ediciones Godot.
Sennett, R. (2006). La corrosión del carácter. Anagrama.
Jameson, F. (1991). El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. Paidós.

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