sábado, 14 de febrero de 2026

El tío Sebastián


 


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Si la tranquilidad y la afabilidad han de tener un nombre; si la bondad, la sonrisa, la luz y el buen diente han de poseer algún otro mote;  si se trata de la infalible  personalidad de un hombre, ese   era precisamente  mi tío Sebastián: abundante en carnes y en veintes de cobre para el 'volo-padrino', para  sus sobrinas y sobrinos que él tiraba al aire del luengo pantalón.

 

Era nuestro tío, como el domingo: añorado y divino;  luminoso y mágico; de voz de trueno y dedos gruesos !Cómo añorábamos aquellas manos gordas que daban a diestra  y siniestra domingos y sonrisas...¡

 

De tes clara y  cabello cano, lo mismo que el eterno y abultado bigote: sus abotagadas  patillas, y su encarolado y atusado de plata. Su  mirada -la del fraile confesor- y su porte y cachete, en demasía bonachón; allá, lejos el horizonte, en su terruño querido -Tepehuastitlán- se le veía en mangas de camisa, muy feliz, con un enorme sombrero de ala ancha y huaraches de correa cruzada, andando sudoroso por las serranías y caminos de su tierra caliente; acá, en la Ciudad de México aún alegre -portentoso de contento- y ya con varios años encima, se le miraba de paso ceremonioso;  tan solemne como la eternidad que hoy le acuna y le asiste; aquí, muy de cerquita en el alma, en mí pecho, siempre presente como la evocación de sueños y fábulas infantiles, porque habrá un latido certero en este corazón; un pensamiento risueño, y una larga   y tendida  charla para..., !con el tío Batián...!


Gabriel Núñez Palencia.

 

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