.
Si la tranquilidad y la afabilidad han de
tener un nombre; si la bondad, la sonrisa, la luz y el buen diente han de
poseer algún otro mote; si se trata de
la infalible personalidad de un hombre,
ese era precisamente mi tío Sebastián: abundante en carnes y en veintes de
cobre para el 'volo-padrino', para sus
sobrinas y sobrinos que él tiraba al aire del luengo pantalón.
Era nuestro tío, como el domingo: añorado y
divino; luminoso y mágico; de voz de
trueno y dedos gruesos !Cómo añorábamos aquellas manos gordas que daban a
diestra y siniestra domingos y
sonrisas...¡
De tes clara y cabello cano, lo mismo que el eterno y
abultado bigote: sus abotagadas
patillas, y su encarolado y atusado de plata. Su mirada -la del fraile confesor- y su porte y
cachete, en demasía bonachón; allá, lejos el horizonte, en su terruño querido
-Tepehuastitlán- se le veía en mangas de camisa, muy feliz, con un enorme
sombrero de ala ancha y huaraches de correa cruzada, andando sudoroso por las
serranías y caminos de su tierra caliente; acá, en la Ciudad de México aún
alegre -portentoso de contento- y ya con varios años encima, se le miraba de
paso ceremonioso; tan solemne como la
eternidad que hoy le acuna y le asiste; aquí, muy de cerquita en el alma, en mí
pecho, siempre presente como la evocación de sueños y fábulas infantiles,
porque habrá un latido certero en este corazón; un pensamiento risueño, y una
larga y tendida charla para..., !con el tío Batián...!
Gabriel Núñez Palencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario