A mis pies esta ciudad cae en oquedades faraónicas,
luces de neón parpadean en un imperio de mercenarios,
un reloj se funde entre llamas donde agonizan dos siglos que sigo entre mariposas de tinta eléctrica,
Este ascenso es la destrucción de un punto que hace a mi paso un desierto de sangre,
el desmoronamiento de este espejo lineal se desdibuja extraño bajo mis botas proletarias,
tu escalera se suspende ante tu cielo al que nunca llego, o
es la dantesca oscuridad del abismal destino de una razón bañada en oro líquido que asoma su risa loca.
Nuestra ciudad que duerme y que caminamos algún tiempo paso a paso, se queda muda y sorda,
este reloj que agoniza en nuestros pecho tiene arritmia, y
este espejo en el que no soñamos se hace añicos, nos desconoce, pero,
sé, nos reflejaremos en el lago como vuelo de alas matutinas, y de peldaños no habidos de sueño y caricia mutua.
Gabriel Núñez Palencia, 2025.
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