He caminado por riscos y veredas asoladas, y solas,
por pendientes aceleradas y bajo una lluvia que moja mi espalda, mis ojos fijos.
He caminado mucho, volado hasta en sueños que me llevan más allá de mis huesos duros.
Mis brazos son alas que humillan mis pasos terrenales, y como titanes me elevan a un espacio sideral sin eco y aterrador.
Nada aquí es para siempre, nada allá es finito ni es roca,
aparcado en una música sin dueña, en un código postal risueño e indescifrable, en una sustancia que ríe y sufre, voy viviendo, lo que queda, lo que ha de quedar de este saldo no saldado nunca, y lleno de esa sal dulce y amarga de tu boca.
Gabriel Núñez Palencia, 2025
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