I
Aquí la luna es un signo de cada respiro, el movimiento es la
consigna de los pasos. Una flor es un tesoro de la vista, los frutos son suspiros
de nuestro adentro, el agua es pura, la tierra el origen y el fuego el destino de
vivir.
Arriba las estrellas
se amontonan como diges preciados, abajo se mueven las almas como luciérnagas inciertas,
como grumos de arena, sal o azúcar.
Los días son dádivas
que como nubes van y vienen, llueve, truena el cielo y hay sol y hay tranquilidad
de noche.
Todo inicia cuando dos
almas distintas se sienten y caminan una al lado de la otra, luego hay pequeñas,
pequeños, retoños de alma y el mundo es, ha sido, será.
Entonces, brilla el
horizonte y se hacen fábulas y nacen poemas como nace la música y el baile, como
se hacen cuadros y se pinta la vida de color y magia, hay mucha vida, seres diminutos
o invisibles, otros mayores pero ninguno inferior a las montañas y praderas, hay
mucho que respirar y ver, mucho verde en tus ojos, mucho azul infinito.
II
El primer paso es para
la ternura, la pureza toca todo y lo conoce y siente, lo lleva a su boca y a sus
pequeñas manos, el horizonte es vivaz y novedoso, e inicia la novela.
Nace el balbucear de
la poesía, se sienta al fuego una maravillosa composición de tonos, de sonido, de
voz de voces.
Un personaje salta
a escena, nace el drama que se confunde con una realidad ficticia, el calendario
pierde hojas y se renovará con las estaciones y el paso de los días. La Mar recibe
en su lomo tizú el viaje y un velero se hace al horizonte.
III
Las manos son una dadiva
divina, son la creación más acabada, ellas construyen y reconstruyen, o destruyen
a cada paso. El cielo es un testigo de los
tiempos, la tierra un juez, o la fortuna, o un destino como el fuego que deviene
en lluvia eterna.
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