viernes, 14 de enero de 2022

Tiempo

 

                      I

Aquí la luna es un signo de cada respiro, el movimiento es la consigna de los pasos. Una flor es un tesoro de la vista, los frutos son suspiros de nuestro adentro, el agua es pura, la tierra el origen y el fuego el destino de vivir.

   Arriba las estrellas se amontonan como diges preciados, abajo se mueven las almas como luciérnagas inciertas, como grumos de arena, sal o azúcar. 

   Los días son dádivas que como nubes van y vienen, llueve, truena el cielo y hay sol y hay tranquilidad de noche.

   Todo inicia cuando dos almas distintas se sienten y caminan una al lado de la otra, luego hay pequeñas, pequeños, retoños de alma y el mundo es, ha sido, será.

   Entonces, brilla el horizonte y se hacen fábulas y nacen poemas como nace la música y el baile, como se hacen cuadros y se pinta la vida de color y magia, hay mucha vida, seres diminutos o invisibles, otros mayores pero ninguno inferior a las montañas y praderas, hay mucho que respirar y ver, mucho verde en tus ojos, mucho azul infinito.

                      II

   El primer paso es para la ternura, la pureza toca todo y lo conoce y siente, lo lleva a su boca y a sus pequeñas manos, el horizonte es vivaz y novedoso, e inicia la novela.

   Nace el balbucear de la poesía, se sienta al fuego una maravillosa composición de tonos, de sonido, de voz de voces.

   Un personaje salta a escena, nace el drama que se confunde con una realidad ficticia, el calendario pierde hojas y se renovará con las estaciones y el paso de los días. La Mar recibe en su lomo tizú el viaje y un velero se hace al horizonte.

                       III

    Las manos son una dadiva divina, son la creación más acabada, ellas construyen y reconstruyen, o destruyen a cada paso.  El cielo es un testigo de los tiempos, la tierra un juez, o la fortuna, o un destino como el fuego que deviene en lluvia eterna. 


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