Otros pueblos tienen santos; los
griegos
tienen sabios.
F. NIETZSCHE
“La filosofía en la época
trágica de los griegos”
Por
qué la sabiduría es un privilegio, un celo de los dioses; por qué Prometeo hace
injusticia, transgrede un orden divino y hurta el fuego, signo del conocimiento; qué
tipo de saberes obsequia a los simples mortales, acaso es sabiduría lo que
reciben de los dioses; cómo se concibe a
los mortales. Qué encontramos en la obra de Esquilo, cuál era la finalidad de la literatura griega
y cuál es su relación con el tópico que nos ocupa, es el pueblo su
interlocutor, el que recibe el fuego, el obsequio divino. Por qué la sabiduría
no puede ser concebida como conocimiento; es, entonces, la filosofía
conocimiento o, y sabiduría, y se
encuentra esta última en la mitología.
Este texto tiene por objetivo ahondar en el
legado de la antigua Grecia, su sabiduría, y para ello he de recurrir a la
dramática esquiliana, en particular en su obra “Prometeo encadenado”; y los
cuestionamientos líneas arriba han de guiar mi análisis. Asimismo, hemos de
iniciar señalando que la idea de sabiduría se suele ubicar en una época arcaica
anterior a los filósofos físicos o presocráticos; esto significaría que habría
que hacer una distinción entre concepciones históricas del término sabiduría;
según Carlos García Gual (1988): 1) una sabiduría primitiva; 2) luego, una shopía productora de técnica; 3) la
tercera etapa sería la de una sabiduría politiké
o cívica, en su afán civilizador, ético y de marco legal -aquí la filosofía
se vuelve teórica y especula acerca de lo natural; 4) la cuarta etapa es la de los presocráticos
dedicados a la investigación de la naturaleza; y, 5) la etapa de los filósofos,
y con ellos se ha transcender la experiencia inmediata y su reflexión se ha de
elevar a un estadio superior de lo
trascendente e inmutable, en Aristóteles en su metafísica, y luego en el nacimiento de la filosofía
teológica.
Vale la pena decir, que en esta
clasificación hay una idea de progreso humano, una idea civilizadora que se
esboza en el drama esquiliano o mito del Prometeo, “la verdadera historia comprimida de la civilización contada por el
civilizador, que ha legado a los hombres la construcción, las artes de la
madera, la astronomía, la ciencia del número […], el alfabeto, la ganadería, el
transporte, la navegación, la medicina, la adivinación y la minería” (Esquilo,
1986:188).
En otras palabras, Esquilo, partidario de
un espíritu nacionalista, democrático y de odio a la tiranía, había de plasmar esa ideología en su Prometeo
encadenado; el héroe es víctima de la tiranía de Zeus; hay en el drama una
extrapolación de lo político a lo
teológico, y los episodios nos ofrecen materia para la reflexión: sobre el
héroe víctima, sobre su empeño civilizador y su defensa de los humanos, su
dadiva o legado (shopía o shopós), su inmortalidad y su rebeldía.
Hay que hacer notar la distinción entre shopía
o shopós ya que es indispensable
para el tópico que nos ocupa: en el contexto arcaico en que ha de surgir la
filosofía, “el amor por la sabiduría”, se vive un periodo de transición y de
crisis axiológico; hay convulsiones
económico-sociales y surge un nuevo orden que apela a la razón como principio
que se antepone al mito.
En la época arcaica la sabiduría era un
paradigma de la sensatez y se expresaba a través de proverbios, máximas,
aforismos, apotegmas y sentencias; en el estadio de los filósofos: el “conócete a ti
mismo” y el “nada en exceso” (máximas de Delfos), son sólo dos ejemplos. La
idea central es que estas y otras enseñanzas son atemporales y son de fácil
comprensión, tienen certeza. Éstas son consideradas una amalgama de hechos
históricos e innumerables leyendas, como la de Prometeo, y tienen una influencia
popular como el teatro helénico e, incluso llegan a la educación grecolatina, y
más aún, a la actualidad.
Ahora bien, estas enseñanzas se hicieron
famosas y dieron fama a héroes y dioses, a filósofos; pero, la sabiduría del
sentido arcaico ha mudado, y los sabios ciertamente se ubicaban en un pasado arcaico y mitológico, muy alejado de
los holizoistas o filósofos materialistas; es un shopós que se refiere a un tipo de sabiduría diferente, como la que
se observa en la obra esquílea del Prometeo.
Dicho de otra forma, los sabios se
distinguen de los héroes de antaño, pues no son guerreros sino que se empeñan
por construir un orden social, una ciudad que apele a la justicia; y junto a
poetas y dramaturgos, estos sabios postreros rompen con el pasado y ahora les
importa más el respeto a la justicia y el cuidado de la hacienda, la economía
del dinero (Jenofonte), la riqueza (Chrémat’anér).
Lo importante en
este tiempo es la apreciación de
que la riqueza no es ya la abundancia,
el ploûtos, sino los bienes de uso,
los chrémata, y que por ellos se
define [a] un hombre. No por sus antepasados, ni por su valor para la guerra,
sino por sus chrémata. El valer de un
hombre se cotiza ya mediante un patrón
lejano al de la época heroica y aristocrática en esta sociedad, arcaica, pero progresista
(García, 1988:5)
A lo anterior se puede decir que esta
sabiduría es una sabiduría práctica
abierta a la técnica y a las nuevas ideas económicas de lucro y
progreso; así el sabio domina una técnica y es útil a la economía de las
ciudades, contribuye a aumentar los tesoros (Jenofonte); los sabios son de
provecho a la ciudad y en su mayoría saben de política, otros fueron jueces o
legisladores (Bías, Tales y Solón).
La idea central es que, la civilización
corre de la mano de la shopía y es guiada por ella hacia un
desarrollo civilizador; la sabiduría entonces, es la inventora de lo útil, y en
este sentido Aristóteles acierta en que el sabio, el shopós, se entiende como el arte o, y técnica que es un saber
practico e útil, y el artesano o artista que sobresale en su
labor merece el
calificativo de sabio.
De
[esta] suerte —sigue Aristóteles— que es
evidente que la sabiduría es la
más exacta de las ciencias. Así, pues,
el sabio no solo debe conocer lo
que se sigue de los principios,
sino además poseer la verdad sobre los principios.
De manera que la sabiduría
será intelecto y ciencia, una especie de ciencia capital de los objetos más honorables
(García, 1988:13).
En efecto, poetas, dramaturgos y épicos
son los portadores de una sabiduría solemne y religiosa y tradicional; pero,
también política, y sin embargo la sabiduría cambia y se vuelve abstracta, y
nos dice B. Snell - citado por Carlos García Gual- que:
Los griegos primitivos llamaban al que tenía alguna habilidad, al que tenía la ciencia teórica
y la capacidad práctica para emplear los medios adecuados a la consecución de un fin propuesto, sophós, sabio. Pero también es «sabio» el poeta, al que las musas le otorgan el saber y le dan una lengua elocuente para poder contar bellamente y alegrar el
corazón de los hombres. Los griegos posteriores a Homero crearon un
concepto de la actividad
cognoscitiva enteramente nuevo, que se manifiesta en la manera como evoluciona la idea de sophía, sabiduría. El nuevo conocimiento se desarrolla como una
crítica a esta sabiduría, la cual no es ni
un medio para un fin, ni una
sabiduría revelada como don de la divinidad. Hasta se dejan oír palabras duras contra la sabiduría de Homero. En este aspecto la
posición de los griegos era menos comprometida que la de otros pueblos; su
libro fundamental y básico no insistía particularmente en la idea de que fuera portador de una verdad revelada. Es verdad que los poetas
invocan a las musas y
experimentan su ayuda, pero las mismas musas no hacen su aparición para
explicar algo y garantizar así directamente con su autoridad verdad alguna
(García, 1988:14).
Lo más importante es que, la nueva shopía se apoya en la experiencia
racional y en el logos. La ficción,
la épica, lírica y el teatro quedan atrás y en lo sucesivo los filósofos tiene
el poder –la ficción es expulsada por impía y embaucadora. El logos tiende a la abstracción universal.
Sin embargo, afirma Carlos García Gual que, “cuanto
mayor es la fuerza de la inteligencia, más insegura parece la filosofía” y
por ello afirma que ahora no hay shopía ya
que únicamente nos queda un “amor a la sabiduría”; una philo-shopía ; entonces, como predicaba Pitágoras sólo dios es
sabio, o como sentenciaba ya Heráclito, el pensar con sensatez sería las mayor
virtud (arteté); así, la sabiduría
seria decir la verdad y el actuar de acuerdo a la naturaleza y atenderla. En
este contexto, cordura, templanza y sensatez (sophrosyne) nos hacen sabios; y en suma, la unión de sophrosyne y de sohpía hace a la sabiduría que es ahistórica o, y atemporal.
Acerca del Prometeo, que retomo para su
análisis, el héroe o titán roba el fuego, la llama del shopós y la da a los humanos;
traspasa los límites de la justicia de Zeus y es condenado a montar
guardia encadenado a una roca, siempre de pie, sin doblar las rodillas, sin
dormir y expuesto a los rayos del sol; y que en la sentencia y vos de Fuerza,
se enfatiza: “para que aprenda [y] que a
pesar de ser sabio es más torpe que Zeus.
Sí. Dentro de una caña robé la recóndita fuente del fuego
que se ha revelado como maestro de todas las artes y un gran recurso para los
mortales. Y por esta falta sufro el castigo de estar aherrojado mediante
cadenas a cielo abierto (Esquilo, Prometeo 1986:110).
Hay que tener en cuenta que el héroe, no
sólo hace esta dádiva, sino que había evitado que Zeus destruyera a los
humanos; Prometeo efectivamente como lo afirmo líneas atrás, es un civilizador que
nos da cuenta de su historia de progreso:
Lo que preguntáis, la causa por qué me atormenta
[Zeus], os la aclararé. Tan pronto como él [Zeus] se sentó en el trono que fue de su padre,
inmediatamente distribuyó entre las distintas deidades diferentes fueros, y así
organizó su imperio en categorías, pero no tuvo para nada en cuenta a los
infelices mortales; antes, al contrario, quería aniquilar por completo a esa
raza y crear otra nueva. Nadie se opuso a ese designio, excepto yo. Yo fui el
atrevido que libré a los mortales de ser
aniquilados y bajar al Hades. Por ello, estoy sometido a estos sufrimientos,
dolorosos de padecer, compasibles cuando se ven. Yo, que tuve compasión de hombres,
no fui hallado digno de alcanzarla yo mismo,
sino que sin piedad de este modo soy corregido, un espectáculo que para
Zeus es infamante (Esquilo, Prometeo, 1986:230,235 y 240).
Esto es, da esperanza a la raza humana, y
gracias al fuego aprenderán las artes; les hace ver, oír, y les da lo que los
sabios (shopós) han descubierto como
el número que Pitágoras pone sobre todas las cosas; el lenguaje escrito; es
decir, la humanidad no estaba provista de entendimiento, era como animales,
hormigas que se conducen al azar; los hace seres “dotados de inteligencia, y señores de sus afectos” (Prometeo: 440)
Y, en efecto, les da el remedio, la
medicina; los artificios y la experiencia racional del logos, como lo señalo líneas atrás; empero, el héroe civilizador
hace que la shopía vaya de la mano
del shopos, es parte del proceso
civilizador y el arte y la ciencia es un saber práctico e útil; y en este
contexto los artista y artesanos serán sabios.
Como podemos observar, en el drama esquíleo,
los interlocutores del héroe son dioses;
hay una extrapolación de lo político a lo divino, reitero; y sin embargo, se
nos presenta una visión legendaria y mítica, una idea épica del progreso humano;
es el héroe un pionero de esa ruptura entre el mito y la filosofía; esto es,
ubico al Prometeo, al drama esquíleo, en las categorías 2, 3 y 4 de la evolución
histórica del concepto shopía o y shopós de Carlos García Gual; es decir,
una shopía productora de técnica;
luego, como una sabiduría politiké o
cívica, en su afán civilizador, y ético; para finalmente ser, una la
investigación de la naturaleza de las cosas naturales y practicas útiles para
el progreso.
En suma y para finalizar, la filosofía es
conocimiento, pero desde la línea reflexiva que me ocupa, también es sabiduría,
shopía o, y shopós;
y, en la misma tesitura se le encuentra
en la lírica, épica y drama griego (en el drama esquíleo);y, abrevamos
sabiduría de los sabios arcaicos y sus proverbios, máximas, aforismos,
apotegmas y sentencias; de los
presocráticos que nos abrieron el conocimiento a la naturaleza abrevamos; del
periodo mitológico de Homero y Hesíodo, de las Escuelas monistas, de la jónica y la pitagórica; la de Éfeso, la de
Elea; en el periodo pluralista jónico y atomista; en la sofista, la socrática;
de la Academia y el Liceo abrevamos; y, por último de las escuelas
helenísticas; ya que como lo digo líneas atrás; empero, en la etapa de los
filósofos, únicamente, se ha transcender
la experiencia inmediata y su reflexión se ha de elevar a un estadio
superior de lo trascendente e inmutable.
Fuentes y referencias
Engels, Johannes.
Los Siete Sabios de Grecia. Crítica.
Barcelona, 2010.
Esquilo.
Tragedias. Gredos. España, 1986.
Fernández, Viejo
Salustiano. Historia de la filosofía. http://mimosa.pntic.mec.es/~sferna18/materiales/salus2/HISTORIA_DE_LA_FILOSOFIA.pdf.
Diciembre 2 de 2021.
García, Gual
Carlos. Los siete sabios (y tres más).
Col. Clásicos de Grecia y Roma. Gredos. España 1988.
Riso, Walter.
El
camino de los sabios. Filosofía para la vida. Océano. México 2000.
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