Toco tu cuerpo aún despierto, y sueño cuando mi tacto siente
tu piel y sabe de cúspides y de cielos luminosos, del temblor de la luna sobre la
llanura líquida de un mar infinito.
Se de tu discurso tan
suave como la harina, y de tu música líquida, de tus suspiros cuando llegas y te
sigo, voy con esa rabia que ni el amor más rabioso conoce.
Tiemblas desnuda entre
mis manos que trabajan, que tejen sueños bajo tu falda, sube y baja una marea de
tacto y le rezo a tu quejido nocturno.
Toco la música de tus
senos, de tu cintura; una orquesta de aves sube a tus piernas que como melodía hacen
canciones que canto moribundo; cuadros no figurativos te pinto a diario.
Te sé de memoria, aún ciego te miro, y de tu cabellera a tus pies ensayo esta muerte
que sabe a vida, y nos trenzamos como serpientes y nos lanzamos a un abismo de cristales escandalosos.
Sabes de nuestras agonías,
de nuestras armonías moribundas, del venenoso aguijón que te mata lentamente.
Porque toco tu cuerpo
y te abres, y me abismo vendado a tu cielo oscuro, a tu mar profundo, a la profundidad
en que me matas y resucito, y me dices,
levántate y anda.
Gabriel Núñez Palencia
2022
No hay comentarios:
Publicar un comentario