Desde esta trinchera y asolado por la sombra de tu ser, se desvanece
mi piel, mi vida, y un cristal, un pedazo de cielo queda de tu cuerpo, de tu canto
de alcoba: turbia, tibia y fría. Como fruta te deleitas pura y pulcra como agua,
como humo, te fumo, y pienso en estas calles nuestras en este olvido, en este tinto
lleno de bendiciones encendidas, ve, da el paso ciego, que en mi soledad te sigue
mi sol, y eso que llevas en tu piel, es (tan solo) un poco del veneno que me cura
del olvido.
Gabriel Núñez Palencia
2024
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