miércoles, 16 de marzo de 2022

Cinco putas de Denver

Cinco putas de Denver

Tenía aún algunos buenos dólares. A esas horas no es problema conseguir putas y whisky en Denver. Había a la entrada del Bar cinco de ellas columpiando sus impúdicos culos de B  y sus sonrisas de C muy cosméticas y rojas. Me rodaron, entonces, un par  de tetas por el  brazo diestro.

_Nos invitas una copa –dijo mientras mascaba una goma y fumaba derramando el humo con su boca de  O ante mi  jeta.
_¡Por supuesto! –dije mientras le palpaba su inquieto culo de B.
_¡He, Abner alcánzanos unas copas! –el mesero en un tris llegó mientras las otras  acomodaban sus complacientes y olorosos culos a diestra y siniestra de la mesa.

Nos bebimos dos botellas y les propuse llevármelas a todas en mi latamotor. Les brillé así  el fajo de dólares y en otro tris dijeron sí, sí, sí a varias voces. Nos cargamos cuatro botellas más  de whisky  y unos porros. Nos enfilamos al Boulevard en dirección a mi cuarto de rentas ya vencidas. 

Me preguntaron mi nombre, yo no pregunte por los suyos, quizá les dije Nick, Harry o John, da lo mismo. Me imagine entrando por donde una vez salí púber. Traía la polla latente,  de  sobremirar -allende al  volante-  tantas tetas m.

_¿Nick, dónde están tus vasos?– les alargue varios cubos.
_Me esperan mi par de chicos para darles de comer –decía la más  pintada con un dejo de borracha nostalgia y locura.
_Desde qué hora te esperan  –preguntó la puta pelirroja.
_¡No lo sé¡
_¡Déjate de tonterías y sirve la otra copa! –le escupió la puta rubia.

Entonces llegó McKelvey  exigiendo el alquiler.

_¡Saca de aquí todos estos culos apestosos, incluyendo el tuyo¡

Le di  un fuerte gancho en su vientre  flojo, aflojándole algo más que el  aire de  un sonoro ventoso. Cayó como plancha,  mientras festejaban histéricas mis cinco tristes  putas.
Me empale con la de pelo oscuro en el retrete, y luego con la de ojos azul profundo. Tenía listas en la nevera, varias cervezas. Nos bebimos varios whiskys con hielo, o agua. Se nos acabó la noche y los porros.  Quizá me le trepe a todas, no lo sé, también  da lo mismo. 

Desperté encima de la más loca, que se quedó varios meses conmigo. Le escribí dos docenas de poemas y bebíamos día y noche. Otro día, se fue de pronto cargando con sus poemas y con todas mis pinturas. 
 
(Gabriel Núñez Palencia)

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