miércoles, 3 de abril de 2024

Las Arañas


 

Gabriel Núñez Palencia

 

Siempre se mofaban de ellas. Aún no había visto alguna. Cuando vi la primera me dieron ansías, temblé y sudé de pies a cabeza. No era común que alguien te las mostrará así porque sí. Tenías que aventurarte tú y atreverte a tocar una, una que se dejara acariciar.

 

  Me dijeron que te provocan, que te devoran el vientre, que te enredan y dejan idiota. Que era  peligroso intentar domesticarlas. Comentaban que algunas eran viudas o violinistas, pero que todas eran oscuras, aunque las había rubias y pelirrojas. Algunas lucían en todo su colorido, pero, me previnieron, que ello era para deslumbrarme, para llenarme de veneno.

 

Desde entonces me obsesionan las arañas y me enfermo de fiebre cada día. Tengo sueños y pesadillas a toda hora. Cuando aquella araña llegó  a casa y  dejó verse en todo momento con un descuido cínico  y provocativo algo raro me inquietaba y sucedía. Quería probar ese veneno. No me importaba morir envenenado.  La deje pasearse por mi cuarto, por mi cuerpo y cama, y la toque muy lento; primero suavecito y con temor, después la estrujaba con violencia y la besaba, y la olía y respiraba, la embestía con furia.

 

La araña me empezó a visitar con harta frecuencia y en los lugares menos o más indicados: los rincones oscuros, el jardín de la casa, bajo la cama, el baño, debajo de  la mesa, en las sillas, etcétera. Noté que el vigor y empeño que me excita y provoca al principio cuando la tengo  enfrente moría de repente,  se iba y me  dejaba tan débil que empezaba a creer en los efectos efectivos  de ese veneno suyo.

 

Yihe, trajo su hermosa araña a mi lecho y ambos nos mecíamos en su enredo, pero cuando ella se llevó su araña tan presumida  a presumirla en otros sitios, me molesté y le pedí que le  enredara su telaraña a otro, que a mí esos enredos no me gustaban. Luego, llegó una araña muy venosa que casi me mata y que me enseñó nuevos movimientos y me enredé con mucha facilidad en su tela  y juegos.

 

Después no sé cómo sucedía, o cómo se las ingeniaban las arañas para entrar a mi vida. Las encontraba a mi paso. Con frecuencia me las quitaba de los hombros, de los brazos, del pantalón, de la cara... Me dijeron que no hiciera eso que era afortunado, que las arañas  me darían mucha suerte, que eran dinero. Y sí, si lo creo, las arañas me daban  todo, en especial dinero, aunque yo no les pedía nada más que juegos.

 

Es curioso, me siguen obsesionando y causando fiebre y ansias. Me enredan y tengo pesadillas a causa de ellas, pero me encantan, me seducen con  su luz y textura. ¡Vivan las arañas...! ¡Aunque algún día sé, que  terminaré envenenado por una de ellas...!



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