martes, 1 de agosto de 2023

Besando brujas


Yo, a las brujas,ni de chiste o broma. Se beben tu sangre. Te pueden convertir en lo que quieran. A uno que conozco lo convirtió (una de ellas) en gato, es su gato y ahora la sigue devoto, y le lame los pies y sus cositas. A otro lo convirtieron en lagartón por no ser amante de otra bruja. Dicen que se comen a los recién nacidos, y que sacrifican a los hijos propios (¡que hórrido, ni lo creo!), y que ellas se pueden convertir en lo que se les venga en gana. Pero a mí se me hace, que si las brujas son mujeres y las besas con ternura y amor, seguro, segurito que se convierten en hadas o princesas buenas. Por eso yo siempre ando besando brujas, por si acaso, no quiero que me conviertan en sapo, en lagartón, en su perro o gato, ni mucho menos que se beban mi sangre. 

Jehka es una bruja que seguido embruja a los chicos que se le cruzan, sólo por diversión los engatusa, les echa  unos polvitos amarillos  en el hombro izquierdo y ¡plas!, los hace como sonámbulos o sus tarados. Pero ni hace falta que les eche ese  hechizo, porque curiosamente las brujas no son feas como el común del vulgo lo asegura y lo afirma besando la cruz. Las que yo conozco (Jehka o Dehki, por ejemplo) son en extremo hermosas, pero ello ya no es suficiente para atrapar a los chicos hoy en día, en que por todos lados miras bellezas, por eso las brujas recurren a sus hechizos o pócimas mágicas para cazarlos.  

Así las cosas, como la belleza anda suelta por todos lados, uno nunca sabe y en consecuencia, toda mujer bella es una bruja, mientras no se demuestre lo contrario. Por ello o sin ello, yo las ando besuqueando a todas, por si acaso, ¿no?, no vaya ser la de malas, y yo mismo me eche el mal encima, ¿qué no? Mira que  ya estaba a punto, así de nada,  de que Jehka me convirtiera en su burro primaveral, pero no, sigo siendo Gehko y ya.

Conocí a Dehki, ¡ah qué mujer más bella!, ninguna le iguala en ojos, labios, cintura, cabellera, piernas... ¡Ah! que me embruje la de los ojos  azules dije, que Gehko sea gato, perro, burro..., menos lagartón, (sin que se sientan ofendidos los lagartijos, que yo no les he de apedrear nunca, en serio). 

_¡Bebe mi sangre, Dehki!- le dije
_¿Beber tu sangre, Gehko?...
_¡Bueno, realmente lo que pido es un beso de tu parte!
_¿De mi parte, dices...?

Y se fue, se alejó riéndose, doblándose de risa y sin decir más. Ahora cada que veo o me cruzo con Dehki, la de ojos marinos y de cielo, ella me ruge con sus labios de tentación y me lanza besitos con sus finos y largos dedos, llenos de largas uñas negras; no sin antes seguir doblándose de felicidad. Dehki, la muy bruja, trae aprisionadas dos enormes lunas en su pecho que intentan salir risueñas aún de día, liberarse de su prisión  y ser dos encantos redondos de luz.

Clehke fue la bruja que convirtió a Jehcko en su gato. Está por demás hablar de los atributos de Clehke, la de las caderas suaves, pero Jehcko no hace más que servirle, asistirle en todo en la universidad. Le hace sus ensayos, le compra los antojitos, los helados y hasta por la torta de pierna le paga, además de llevarle los libros que lee por ella. 

Rehsia en una profesora de la universidad que convirtió en lagartijón a Yehso, que ahora responde por el nombre de Yehsy. Yehso es muy apuesto pero, se negó a levantarle y llevarle las maletas a Rehsia que le insistió mucho y sin decoro alguno. Todos lo sabían y se dieron cuenta de ello,  menos el susodicho Yehso. Para mí, que a éste se le hace agua la canoa- le dije al gato de Jekcko una tarde. Sí, a mí se me hace que le truena la reversa, dijo el gato.

Jehka trae media docena de tarados oliéndole el perfume y coreándole el talle y los suaves pétalos. Le cantan bonito y a toda hora en el arete,  y le dicen sí, sí, y sí cuando mueve su trasero por la universidad. Ella encantada les hace arrumacos para consolarlos en su soledad y tenerlos en la palma  de su mano como mininos mimados. Jehka es una reina con su media corte que le siguen por doquier, incluso le hacen reverencias  sus guaruras mientras ella en el tocador se retoca sus encantos con ahínco y devoción. Jehka quería burro, pero yo le dije que nones, pero algo me salvó, estuve así de cerquita de que me convirtiera en su burro orejón. Creo que fue porque la besuquié un día suavecito en su oreja. 

_¡Ah, Dehki, dime que eres embrujo y hechízame! 
_¿Acaso soy una  bruja, Gehko?
_¡Sapo resbaloso siempre he sido yo! 
_¡No lo dudo de ti, aún!
_¡Perro de tus huesos, también  soy¡
_!Tampoco lo he de dudar, si de roer mis huesos se trata!
 _Gato de tu alcoba; ¿espero?
_¡Persevera y  alcanzarás, Gehko, alcanzarás!
_¡Prenda de tu talle, y beso de tu hechizo, quiero ser!
_!Lo sé, Gehko,  pero la bruja y  el embrujo eres  tú!
_¿Yo, queeé, un brujo, una bruja, un embrujo yo? ¡Caracoles! 
_¡Sí, embrujaste a Jehka, a mí; a Clehke, a Rehsia, al Yehsy!
_¿Yoooo, cómo diablos puedo hacer eso?...
_¡Te conviertes en tarado, gato, perro, burro; y, cómo chingas y bebes la sangre guey, no manches! ¡Nada más falta que te transformes en un lagartijón, por Dios que no lo dudes, ni así,  y luego respondas al nombre de  Gheiska, y “se te haga agua la canoa y te truene la reversa”, como a la  Yehsy, cabezón!
_¡Noooooooooooooo...!

Dehki desaparece con su belleza encima,  con sus ojos azules de cielo se va volando en su escoba del año, y me ruge a distancia con sus labios de tentación rojos, y me lanza un par de besitos con sus finos y largos dedos de bruja,  llenos de largas uñas negras que lucen brillitos y arañan, y no sin antes seguir doblándose, y llorando de risa y felicidad.Yo le devuelvo el beso con fervor, pero no me doblo de risa, ni lloro, ¡nooooooooooo....! ¡Sigo siendo Gehko y ya!